Julie Tetart: la pionera del baloncesto francés que desafía expectativas
Julie Tetart tiene otras prioridades ahora mismo. La WNBA hace ruido a su alrededor, pero no ocupa su cabeza.
En 2021 se alejó de las pistas para afrontar una transición vital: dejar de vivir como hombre y hacerlo como mujer. En 2024 regresó convertida en pionera: la primera atleta abiertamente trans de Mónaco. Desde entonces, cada partido suyo es algo más que un simple encuentro de segunda división francesa.
Y también, un espectáculo estadístico.
Con Monaco Basket Association, en la segunda categoría del baloncesto femenino francés, Tetart se ha disparado hasta promediar 21,2 puntos y 20,2 rebotes por partido. Números descomunales para cualquier interior. Esos registros la lanzaron a la viralidad: clips, debates, opiniones cruzadas. De repente, su nombre empezó a aparecer en la misma frase que la WNBA.
Rumores, ruido y una realidad mucho más sobria.
WNBA, ruido de fondo
En redes sociales se multiplicaron las versiones: que ya había enviado la documentación para el draft, que algún equipo la estaba siguiendo de cerca. Nada de eso está verificado. No hay constancia oficial de que haya presentado papeles ni de que una franquicia haya movido ficha.
Tetart, por su parte, no se esconde. Ha admitido que le encantaría jugar en Estados Unidos si surgiera la oportunidad. Lo llama un sueño. Pero al mismo tiempo pisa el suelo con firmeza: sabe que sus opciones reales son mínimas.
Tiene 34 años. Y ella misma subraya el nivel de talento que exige la liga norteamericana como un muro casi infranqueable. Sin interés público por parte de ninguna franquicia y sin una postura clara todavía de la liga sobre el encaje de una jugadora trans, el salto al baloncesto estadounidense se dibuja, hoy, como altamente improbable.
El objetivo inmediato: ascenso y selección
Mientras tanto, el presente es mucho más concreto. Esta temporada, Tetart y sus compañeras pelean por meter a Monaco Basket Association en los playoffs de la segunda división francesa. Cada jornada cuenta. No hay demasiado margen para soñar con aviones a Estados Unidos cuando aún queda por asegurar la clasificación.
En una entrevista reciente en medios franceses, le preguntaron por metas más cercanas: la élite del baloncesto femenino en Francia y una posible llamada de la selección nacional.
Su respuesta fue tan ambiciosa como honesta. Sobre jugar en la máxima categoría, admitió: “Ya sería enorme para mí”. Pero enseguida rebajó la euforia, recordando que hay “muchas más jóvenes, más fuertes que yo”. No es falsa modestia: es la mirada de alguien que conoce el sistema, sabe cómo funciona la pirámide de talento y entiende que su historia, por muy potente que sea, no garantiza un sitio.
Aun así, su impacto es innegable. Se ha convertido en un referente visible, en la primera figura trans del deporte monegasco, y en una jugadora capaz de dominar los tableros semana tras semana.
Entre el mito y la realidad
Mientras las redes discuten sobre premios individuales —como el reciente debate entre las actuaciones de Angel Reese (14 puntos, 3,7 asistencias y 17,7 rebotes) y Caitlin Clark (35,5 puntos, 11 asistencias y 4 rebotes) en la WNBA—, el nombre de Julie Tetart aparece como una especie de puente entre mundos: el baloncesto europeo de segunda línea, la lucha por la visibilidad y el imaginario de la liga más poderosa del planeta.
Pero la historia de Tetart, al menos por ahora, no va de eso. Va de un regreso. De una identidad afirmada. De una jugadora que, tras cambiar su vida fuera de la pista, ha vuelto para competir al máximo nivel que su cuerpo y su contexto le permiten.
El futuro dirá si su camino la acerca a la primera división francesa o incluso a la camiseta de la selección. La WNBA, de momento, sigue siendo un sueño lejano, casi abstracto. El verdadero desafío está hoy en Mónaco, en esos partidos de segunda categoría donde Julie Tetart ya ha demostrado que puede cambiar el juego. Y quizá, con el tiempo, algo más que eso.






