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Joshua Van reafirma su dominio: victoria contundente sobre Alexandre Pantoja en UFC 331

Joshua Van ya no es solo “el campeón más joven” ni “el primero nacido en los 2000”. En Los Ángeles, en UFC 331, el monarca del peso mosca se sacudió cualquier duda pendiente y firmó una defensa de título que pesa. Y mucho.

Ante Alexandre Pantoja, otra vez, pero esta vez sin asteriscos.

El peleador nacido en Myanmar, de 24 años, retuvo su cinturón con una actuación autoritaria frente al brasileño de 36 años, en la revancha del duelo de diciembre de 2025, aquel que terminó apenas a los 26 segundos por una luxación accidental de codo de Pantoja. Aquella noche dejó preguntas. Esta las respondió todas.

“Muchos dijeron que fue una victoria accidental, bueno, ahora sigan dudando”, lanzó Van tras el combate, ya con un registro profesional de 18 victorias y dos derrotas, y con el aura inequívoca del hombre a batir en la división.

Un inicio áspero, sin estudio

Esta vez no hubo ronda de tanteo. Pantoja salió a imponer experiencia y físico. En el primer asalto consiguió el derribo y comenzó a trabajar desde arriba, mezclando control con golpes duros. En el intercambio de pie, el brasileño conectó puños y rodillas que encendieron la pelea temprano.

Van no se encogió. Respondió con una afilada codazo que abrió el camino a lo que vendría: un campeón dispuesto a pelear cada centímetro, cómodo en el caos.

El jab que cambió la pelea

Con el segundo asalto, la pelea cambió de dueño. Van encontró la distancia con el jab de izquierda y empezó a marcar el ritmo. Una y otra vez, ese golpe limpio fue desfigurando el plan de Pantoja, que comenzó a llegar tarde, a fallar entradas y a comer impacto.

En el tercero, el campeón subió una marcha. A los jabs se sumó una combinación fluida de puños que sacudió al brasileño y dejó claro que la balanza técnica y física se inclinaba hacia el joven campeón. Van se movía ligero, confiado, conectando y saliendo, mientras Pantoja empezaba a arrastrar las piernas.

Orgullo de veterano

El excampeón se negó a desaparecer de la pelea. En el cuarto asalto, tiró de orgullo y de oficio. Volvió al recurso que mejor maneja: el control en el suelo. Logró llevar de nuevo a Van a la lona y trabajó desde arriba, buscando ángulos, intentando abrir huecos para una sumisión que nunca llegó.

Van, sin embargo, mostró otra faceta clave de un campeón consolidado: calma bajo presión. Defendió, negó los intentos de finalización y evitó errores. No brilló en ese tramo, pero sobrevivió a un asalto que Pantoja necesitaba con urgencia.

El cierre de un campeón

Quedaba el quinto. Y ahí apareció la diferencia entre un buen campeón y uno que quiere marcar época.

Van salió a cazar. Acortó la distancia, persiguió a Pantoja por el octágono y, cuando encontró el hueco, soltó una derecha por encima que mandó al brasileño al suelo. No hizo falta nocaut para entender el mensaje: el campeón mandaba en cada aspecto de la pelea.

Los jueces no tuvieron dudas. Las tarjetas confirmaron lo que se había visto en la jaula: Van había superado de forma clara al hombre que durante años fue referencia absoluta del peso mosca. Después de haber defendido ya el cinturón ante Tatsuro Taira en mayo, este triunfo le da algo más que otra defensa: le da legitimidad histórica dentro de la división.

A los 24 años, con cinturón, con revancha saldada y con un estilo que combina juventud, precisión y carácter, la pregunta ya no es si Joshua Van es el mejor peso mosca del momento.

La cuestión es cuánto tiempo podrá el resto de la división seguirle el ritmo.

Noche redonda para Casey O’Neill

La velada en Los Ángeles dejó también otra actuación destacada. La escocesa Casey O’Neill se apuntó una victoria importante al someter a Eduarda Moura con una llave de brazo. Un armbar limpio, ejecutado con frialdad, que refuerza su nombre en el panorama femenino y acompaña la noche en la que Joshua Van terminó de coronarse como el dueño del peso mosca.