Jamie Smith y la presión en el Test de Inglaterra contra Pakistán
La mañana en Birmingham amaneció con una noticia inquietante para Inglaterra: el guante de Jamie Smith apareció con una férula en uno de sus dedos, recuerdo inmediato del golpe sufrido en el primer día de este Test. El wicketkeeper jugará con dolor. Se espera que batee en su posición habitual, pero nadie en el vestuario se atreve aún a asegurar que podrá volver a ponerse los guantes en la segunda entrada.
En el marcador, sin embargo, el gesto es menos frágil: Eng 160-4, con Harry Brook en 52 y Dan Lawrence en 9. Ventaja de 27 sobre Pakistán y la sensación de que el partido está en manos de los bateadores ingleses.
Razaullah entra en escena
El día arranca con sol en Birmingham y con una escena que se repite en oficinas y casas: auriculares puestos, la retransmisión en un oído y el móvil escondido bajo el escritorio para seguir cada bola. En el centro del campo, todo listo. Dan Lawrence en guardia. Al otro lado, la novedad que nadie se quiere perder: Razaullah, el rápido de acción “slingy” que agitó el primer día.
Su primera bola es una declaración de intenciones. Una belleza. Lawrence intenta vender que la deja pasar, pero la realidad es que queda completamente batido. Ritmo, ángulo incómodo, brazo látigo. Pakistán encuentra al fin un arma que asusta.
Lawrence, orgulloso, responde en el mismo over. Se ajusta, espera su momento y, cuando Razaullah se pasa ligeramente de línea, gira las muñecas y la manda por el lado de la pierna, clip elegante desde la cadera para los primeros runs y el primer boundary del día. Eng 156-4 en ese instante, con una ventaja de 23. Inglaterra no se esconde, aunque sabe que el margen aún es estrecho.
Desde la cabina de Test Match Special, Ramiz Raja no escatima elogios para el debutante paquistaní: habla de ritmo, de precisión, de un brazo que parece hecho para castigar con la bola vieja. Y, sobre todo, de actitud. De hambre. Para él, Razaullah ha firmado un debut tremendo, de esos que se recuerdan.
Emilio Gay se gana el billete
Entre tanto, otra historia se abre paso en la narrativa inglesa: Emilio Gay. Ayer, con la presión sobre su puesto, respondió como se espera de un abridor que quiere quedarse. Se atrincheró, aguantó, eligió bien y acabó con 60 carreras, su tercer cincuenta en Tests.
Su media este verano, 26,1, no impresiona a primera vista. Pero las cifras, aisladas, no cuentan todo. Sir Alastair Cook, que sabe mejor que nadie lo que significa vivir bajo el microscopio como opener de Inglaterra, ve algo más. En Test Match Special, lo describe como seguro, intenso, con ese punto de terquedad que separa a los que sólo “hacen runs” de los que construyen entradas importantes cuando por fin se asientan en el crease.
Cook va más allá: para él, Gay ha hecho lo suficiente para ganarse un sitio en la gira invernal por Sudáfrica. Considera que allí, con pitches algo más agradecidos para el bateo, puede seguir su progresión y, sobre todo, abrir la entrada. No es un cumplido ligero. Es casi una recomendación formal de uno de los grandes abridores de la historia reciente de Inglaterra.
Poder inglés y una asignatura pendiente
Mientras el sol se mantiene firme sobre Birmingham, la mirada se desplaza inevitablemente hacia el marcador y hacia el dominio del ataque inglés sobre la alineación de bateo de Pakistán. Michael Vaughan lo resume con crudeza en la radio: Inglaterra ha sido demasiado poderosa para este batting line-up. La diferencia ha estado clara.
Pero hay un “pero” que él no suelta. Ningún bateador inglés ha alcanzado todavía el centenar en esta serie. En un contexto de superioridad, esa ausencia pesa. Vaughan mira a Harry Brook. Ve en esta entrada una oportunidad para que alguien, quizá él, marque el partido con un gran score y empuje la ventaja hacia los 200 o incluso 250. Con el control del juego, el listón interno sube: no basta con ganar, hay que hacerlo con autoridad en todas las facetas.
Porque, como recuerda, aunque ahora todo son sonrisas, más adelante llegarán rivales que sí pondrán a prueba cada debilidad.
Calma tras el caos
Sir Alastair Cook también pone el foco en el otro lado del balón. Destaca que este es ya el tercer partido consecutivo en el que el ataque de bolos de Inglaterra rinde a un nivel muy alto. Es honesto: todavía no se sabe con exactitud cuál es el techo real de este grupo, en parte por el nivel de la oposición. Pero había que empezar por algún sitio.
Y el punto de partida no fue sencillo. Tras la etapa de Ben Stokes y Brendon McCullum, el entorno de los Tests de Inglaterra se había convertido en una especie de caos controlado, excitante pero inestable. Había dudas, ruido, incertidumbre sobre la dirección del proyecto.
Ahora, después de dos partidos y medio con resultados sólidos, el ambiente se ha estabilizado. La calma ha vuelto al vestuario. Cook se muestra especialmente satisfecho de que no se haya tocado el once, de que se haya apostado por la continuidad. Los jugadores sienten respaldo, y eso se nota en la forma en la que atacan cada sesión.
Con Smith vendado pero dispuesto, Brook buscando el gran innings que le falta en esta serie, Razaullah cargando de nuevo desde su carrera inclinada y Gay empujando la puerta de la gira a base de resistencia, el Test en Birmingham se mueve en una dirección clara.
La cuestión, ahora, es si Inglaterra sabrá transformar este dominio en algo más que una victoria cómoda: en una declaración de intenciones para el resto del invierno.






