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Isack Hadjar regresa a Red Bull en Bakú tras lesión

Isack Hadjar vuelve donde más le gusta estar: dentro del coche. El piloto de Red Bull regresará a la parrilla en el Gran Premio de Azerbaiyán de Fórmula 1, después de superar la fractura de muñeca que le dejó fuera de combate durante buena parte del verano.

La lesión llegó en el lugar más inesperado para un piloto de élite: el gimnasio. Un mal gesto en una sesión de entrenamiento, justo antes del Gran Premio de los Países Bajos en Zandvoort, le fracturó la muñeca y le dejó sin opción de competir. A partir de ahí, silencio de motor. Nada de Países Bajos, nada de Italia, nada de España. Tres fines de semana viendo los coches por televisión mientras el equipo optaba por no arriesgar ni un milímetro con su recuperación.

Hadjar no lo escondió: lo ha pasado raro. «El último mes ha sido complicado; es la primera vez en mi vida que no he estado corriendo y es una sensación extraña a la que acostumbrarse», admitió. La frase resume bien el vacío de un piloto obligado a parar cuando el campeonato entra en plena ebullición.

Ahora todo cambia. El francés ya tiene el visto bueno médico y mental. Y no vuelve en cualquier escenario. Vuelve en Bakú, un circuito urbano que no perdona distracciones ni manos frías. Lo sabe y lo subraya: es un trazado en el que hay que estar “conectado desde el primer minuto del fin de semana”. De ahí que su mensaje mezcle alivio y hambre: está «muy emocionado por volver a subirse al coche» y convencido de que era vital no precipitar el regreso.

Hadjar también quiso poner en valor la gestión interna del equipo: agradeció la paciencia de Laurent Mekies y de todo Red Bull, insistiendo en que era “importante no precipitar la decisión” y que ahora sí se siente listo para “volver a hacer lo que mejor sé hacer: conducir”.

Lawson aprovecha el escaparate… y vuelve a Racing Bulls

Mientras Hadjar se curaba, otro piloto aprovechaba su oportunidad. Liam Lawson dio un paso al frente para ocupar el asiento del equipo principal y no desentonó. Séptimo en Zandvoort, sexto en España. Dos fines de semana sólidos que le devolvieron foco y crédito.

Su única gran espina, Monza. El templo de la velocidad se le atragantó desde el sábado: penalización de motor, salida desde el fondo de la parrilla y, cuando intentaba remontar, un toque con Nico Hülkenberg que le dañó el alerón delantero y arruinó cualquier opción de puntos. Un fin de semana cuesta arriba de principio a fin.

Pese a todo, Lawson hizo balance con sensaciones positivas. Recordó que logró puntuar en dos de las tres carreras y que el ritmo estuvo ahí, incluso en un fin de semana tan condicionado como el italiano, entre el formato, la sanción y el daño en carrera. Para un piloto que había sido apartado del equipo a principios de 2025 tras solo dos grandes premios, este regreso, aunque temporal, ha tenido sabor a reivindicación.

Con Hadjar de vuelta, el efecto dominó se completa. Lawson regresa a su puesto en Racing Bulls, cerrando su breve etapa en el equipo principal, pero con estadísticas y actuaciones que quedarán anotadas en las libretas de más de un director deportivo.

Tsunoda, de titular improvisado a volver a la sombra

El movimiento no acaba ahí. El hueco que Lawson deja en Racing Bulls lo ocupaba hasta ahora Yuki Tsunoda, que había sido llamado de urgencia para subirse a los nuevos monoplazas de F1 2026. El japonés respondió rápido a las exigencias técnicas y al salto de ritmo, y lo rubricó con un punto en el Gran Premio de Italia.

Ese punto, eso sí, aún no está totalmente blindado: la clasificación de la carrera sigue bajo revisión por una apelación de Audi relacionada con la formación de la parrilla tras una bandera roja temprana. Un detalle reglamentario que puede alterar la hoja de resultados, pero no la impresión general: Tsunoda demostró que sigue preparado para competir cuando le toque.

Ahora, con el rompecabezas resuelto, Tsunoda vuelve a su rol habitual de piloto reserva. Un papel más discreto, menos visible, pero decisivo en un año en el que la fiabilidad, las lesiones y los cambios estratégicos pueden abrir otra vez la puerta del garaje.

En Bakú, todas las miradas se irán inevitablemente hacia Hadjar. Vuelve de una lesión delicada, regresa a un circuito que castiga el más mínimo error y lo hace sabiendo que otros han aprovechado bien su ausencia. El volante es suyo otra vez. La presión, también.