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Iraola y la influencia de Wirtz en el Liverpool

Andoni Iraola no mira la hoja de cálculo, mira el césped. Para él, el valor de Florian Wirtz en este Liverpool remodelado no se mide en goles y asistencias, sino en algo menos tangible y mucho más difícil de reemplazar: la forma en que hace jugar a los demás.

El alemán de 116 millones brilló en la victoria contra Atlético de Madrid el miércoles, otra actuación de Champions que se suma a las mejores que dejó la temporada pasada. Sin embargo, en la Premier League su expediente es frío: una sola asistencia y ningún gol. Demasiadas pérdidas de balón, dicen sus críticos. Demasiada impaciencia con un futbolista que todavía está ajustando su brújula en un ataque prácticamente nuevo, responde su entrenador.

Iraola se agarra a las sensaciones, no a la estadística desnuda. Recuerda al instante el tanto anulado ante Nottingham Forest: “gol” en directo, borrado después por el VAR. Un detalle que cambia el relato. También las jugadas que Wirtz ha servido y que sus compañeros no han sabido rematar. Acciones que no computan en ningún ranking, pero que explican por qué el técnico se niega a juzgarle por números.

Para él la pregunta es otra: ¿ayuda Wirtz a que el Liverpool juegue bien? La respuesta, hoy, es sí. Si el equipo funciona, alguien acabará empujando la pelota dentro, aunque sean los centrocampistas, como ocurrió “el otro día”. Quién firme la estadística es secundario; lo esencial es el engranaje colectivo.

Ante Atlético, el alemán dejó una muestra clara de ese peso invisible: una ocasión magnífica fabricada para Bradley Barcola. Una acción que Iraola cita como ejemplo de lo que está por venir cuando el entendimiento con el francés y con Victor Muñoz, otro recién llegado, termine de cuajar.

El técnico admite que las bandas son la zona con mayor metamorfosis de este Liverpool. Barcola y Muñoz representan “armas nuevas” y, en medio de ese paisaje cambiante, Wirtz es pieza clave. Debe aprender rápido dónde quiere el balón Victor, en qué zonas se siente más cómodo Bradley. Los primeros indicios ya están ahí: en apenas el segundo partido del francés, la conexión con el alemán empezó a asomar con naturalidad.

Iraola, lejos de la ansiedad que rodea al jugador, repite la misma idea: no está preocupado. Confía en que, a medida que se afine esa sociedad en ataque, la influencia de Wirtz crecerá… aunque el marcador no siempre lleve su nombre.