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Ipswich Town busca romper fantasmas ante Liverpool en la Premier League

La Premier League no perdona. Un instante antes del descanso en Old Trafford, Ipswich Town rozó el 0-2 ante Manchester United, un marcador que habría hecho justicia a lo visto. Sesenta minutos después, se marchaba con cinco goles en contra y una sensación amarga: el segundo tanto, polémico y quizá decisivo, cambió la noche.

Gary O'Neil no se escondió. Defendió a su equipo con firmeza: no se encerró atrás, compitió, atacó cuando olió sangre y tuvo tramos de muy buen fútbol. Tenía razón. Pero también la tuvo cuando señaló el gran debe: la disciplina emocional.

Ahí se le fue el partido a Town. Y no es un problema nuevo.

Viejos fantasmas en la élite

En su anterior aventura en la máxima categoría, Ipswich ya sufrió con lo mismo. Dominaba, se adelantaba, mandaba en el juego… y al primer golpe serio se desmoronaba. Demasiadas veces. Demasiadas remontadas encajadas en encuentros que parecían controlados.

El guion en Old Trafford recordó peligrosamente a ese pasado reciente. Un equipo valiente, bien plantado, que se derrumba en cuanto el marcador y las decisiones arbitrales se le ponen en contra. En esta liga, ese tipo de desconexiones se paga a precio de oro.

La temporada apenas ha arrancado, pero el margen para las lamentaciones es nulo. En la élite no hay tiempo para la autocompasión. Los jugadores y el cuerpo técnico de Ipswich deben repetírselo casi como un mantra: el golpe llega, se encaja… y se sigue. El que se queda mirando al suelo, pierde.

Portman Road, los focos y un gigante

El calendario tampoco ofrece consuelo. El siguiente examen llega ya, bajo los focos de Portman Road, con Liverpool como invitado de lujo el viernes por la noche. Un escenario grande, un rival enorme y una afición que puede inclinar la balanza.

El ambiente jugará. Y mucho. Portman Road sabe apretar, sabe contagiar y sabe sostener a un equipo que quiere ser protagonista. Si la grada se enciende y el equipo responde con la misma intensidad que mostró en los primeros 40 minutos en Old Trafford, el partido puede volverse incómodo incluso para un aspirante al título.

La clave estará en el equilibrio. Elegir bien cuándo morder y cuándo replegar. Atacar en bloque, sin partirse, y defender con una concentración casi perfecta ante un frente ofensivo que puede presentar hasta tres futbolistas fichados por cifras de nueve dígitos. Un descuido, un mal gesto tras una decisión dudosa, y el castigo llega.

Refuerzos con gol y carácter

En ese contexto, los fichajes tienen que marcar diferencias. Zian Flemming, llegado sobre la bocina del mercado, se perfila como una pieza importante. Llega con confianza tras un buen inicio de curso en Burnley y con un dato que invita al optimismo: 11 goles en la Premier League el pasado curso. No es una promesa, es producción contrastada.

Con un suministro adecuado, puede crecer todavía más. Y ahí entran en escena otros dos nombres propios: Julio Enciso y Abdul Fatawu. Ambos se han adaptado con rapidez, ofrecen desborde, último pase y la sensación de que algo puede pasar cada vez que tocan el balón. Son los jugadores que convierten un ataque correcto en uno dañino.

El plan es claro: que la calidad de los recién llegados se combine con una estructura más madura, menos vulnerable a los vaivenes emocionales. Que cuando llegue el revés —porque llegará— el equipo no se parta en dos.

Un duelo con sabor argentino y cuentas pendientes

El viernes puede dejar, además, un duelo muy especial en la sala de máquinas. Exequiel Palacios apunta a un posible debut como titular. Campeón del mundo, jerarquía en el centro del campo y un carácter competitivo que encaja con lo que Ipswich necesita en noches grandes. Si finalmente sale de inicio, se reencontrará con dos viejos conocidos: su compatriota Alex Mac Allister y su excompañero en Bayer Leverkusen, Florian Wirtz.

Será un pequeño partido dentro del partido. Un pulso técnico, táctico y emocional en la zona donde se deciden los encuentros grandes.

La historia, sin embargo, no juega a favor de Town. Aunque Ipswich ha saboreado noches felices en Anfield en este siglo, en Portman Road la sequía ante Liverpool es larga: más de 40 años sin derrotarle en casa. Una losa pesada, un dato que recuerda la dimensión del reto.

Pero las rachas, por muy largas que sean, no son eternas. Si Ipswich reproduce esos primeros 40 minutos de Old Trafford, mantiene la valentía, controla sus nervios y se niega a bajar la cabeza al primer golpe, no irá al césped como víctima. Irá como un recién llegado a la élite decidido a demostrar que esta vez no piensa derrumbarse.