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Inglaterra domina a Pakistán en Edgbaston

El viernes es el único día con cartel de “no hay billetes” en este tercer Test. Otra cosa es que Edgbaston llegue realmente a llenarse. Como la propia serie, el duelo parece sentenciado desde hace tiempo, desde aquel derrumbe estrepitoso de Pakistán en la primera jornada y la posterior exhibición de crueldad deportiva de Inglaterra en la segunda.

Sobre el papel, la marcha de los hombres de Joe Root hacia un 3-0 impecable ya roza el trámite. Aun así, el público debería tener todavía un buen bocado de cricket por delante. Inglaterra necesita solo ocho wickets para rematar el trabajo y regalarse un fin de semana de descanso; Pakistán, que reanudará en 52 por dos, sigue a 268 carreras de evitar la humillación de no hacerles ni siquiera batear de nuevo.

Un 453 que pudo ser aún más cruel

La jornada había girado sobre una actuación dominante de Inglaterra con el bate, capaz de transformar un matinal 156 por cuatro en un imponente 453 all out antes del té. Un marcador que habla de autoridad, pero también de oportunidades desperdiciadas.

Tres bateadores se marcharon con la frustración pintada en la cara. Harry Brook se regaló un run out tan innecesario como costoso en 75. Dan Lawrence se vio arrastrado por su propio error, arrastrando la bola a los palos con 65. Jamie Smith, que había aguantado con un dedo aparentemente roto, cayó en 69. Tres entradas sólidas, tres ocasiones claras de centena tiradas por la borda.

Pese a esos tropiezos individuales, el total fue demoledor. Pakistán, ya herido por su propio colapso en el primer día, se encontró de nuevo bajo una avalancha.

Robinson huele sangre desde el primer over

Tras el descanso, la sensación fue que el Test podía no llegar ni al tercer día. Ollie Robinson arrancó su primer over como un hombre con prisa. Y lo demostró en cuatro bolas.

El recién incorporado Saim Ayub, lanzado a la serie a contrarreloj, envió la primera entrega directamente a las manos de Brook en second slip para completar un par que duele tanto en la hoja de estadísticas como en el orgullo. Tres bolas después, Abdullah Shafique rozó la pelota y la dejó servida para Root en slip. Dos wickets, maiden, y Edgbaston rugiendo.

Lo más llamativo: ni siquiera ha sido el arranque más devastador de Robinson este verano. Ya había fulminado a tres bateadores de New Zealand en su primer over en Lord’s en junio. Esta vez, mientras despedía a Shafique con un par de palabras al oído, su lenguaje corporal era el de un ejecutor convencido de que el trabajo iba a ser rápido.

La lluvia frena la cacería

El guion apuntaba a una masacre exprés. Pero apareció un viejo conocido en Inglaterra: la lluvia. Un frente que entró desde el oeste recortó la tarde a solo 12,4 overs. La última imagen del día no fue la celebración desencajada de Robinson, sino las lonas extendidas sobre el outfield.

Antes de que llegaran los covers, Pakistán tuvo un pequeño respiro y también un susto. Shan Masood, en 13, vio cómo Ben Duckett se lanzaba en third slip y dejaba caer una oportunidad que habría hundido aún más a los visitantes. Una vida extra en un contexto casi desesperado.

En el otro extremo del campo, Root había regresado a first slip para atrapar su captura número 220 en Tests, recuperando además el récord de recepciones en el outfield que ostentaba Steve Smith. Puede que el cambio respondiera a los dos drops de Duckett en esa misma posición en el primer día. Puede que Root simplemente sintiera que sus lanzadores ya no necesitan su guía desde mid-off. Dominaron tanto que bastaba con que él estuviera donde más daño podía hacer.

Atkinson, el eslabón que no termina de encajar

No todos los protagonistas de la tarde salieron reforzados. Gus Atkinson, el lanzador que vio escaparse la opción de wicket en ese drop de Duckett, vive una serie ingrata. Mientras los rápidos de Inglaterra devoran a los bateadores rivales como si compitieran en un concurso de velocidad, sus números cuentan otra historia: una sola wicket por 172 carreras.

Lo paradójico es que no ha lanzado mal. Ha tenido ritmo, ha provocado errores, ha puesto la pelota en las zonas correctas. Pero el cricket, a veces, es un deporte cruel con quienes menos lo merecen.

Un resultado cantado, un remate pendiente

El panorama es claro. Inglaterra tiene el partido, y la serie, en sus manos. Pakistán necesita un milagro estadístico y emocional para, al menos, obligar a Root y compañía a volver a empuñar el bate.

La grada del viernes está vendida. Falta saber si la lluvia, y un poco de resistencia pakistaní, serán capaces de alargar el espectáculo o si este Test se cerrará con la misma frialdad con la que empezó: con Inglaterra imponiendo su ley y dejando a su rival buscando respuestas en medio de los restos de una serie que se les ha escapado desde el primer día.