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Inglaterra domina a Pakistán en Edgbaston

La lluvia detuvo el castigo, no el dominio. En Edgbaston, Inglaterra dejó a Pakistán tambaleándose con 52-2, todavía 268 carreras por detrás, antes de que el aguacero adelantara el final de la segunda jornada del tercer Test. El marcador, frío y escueto, esconde una realidad más dura: esto huele a barrida de serie, y de las contundentes.

Robinson, el martillo del verano

El inicio de la respuesta de Pakistán fue una pesadilla comprimida en seis bolas. Ollie Robinson, con la confianza por las nubes y una línea implacable, abrió su primer over con un golpe directo al corazón del orden alto visitante.

Primera bola: Saim Ayub, uno de los cuatro jugadores recién aterrizados en el once tras la purga de siete miembros de la gira, se marcha por un par en el Test. Ni tiempo para asentarse. Ni tiempo para respirar. Edge y camino al pabellón.

Tres entregas más tarde, Abdullah Shafique siguió el mismo sendero, cazado en los slips. El que se quedó con la pelota fue Joe Root, y con ella un pequeño pedazo de historia: se coloca en 220 recepciones en Test cricket como fildeador, una por delante de Steve Smith en su duelo silencioso por el trono de los mejores manos del juego.

En ese momento, con Pakistán en 0-2 y el cielo oscureciéndose sobre Birmingham, el panorama era tan lúgubre como las nubes que se cerraban sobre el estadio.

Robinson cerró el día con 2-10 y una estadística que ya roza lo absurdo: 28 wickets en cuatro Test este verano, a una media de 7,75. En esta serie, aún más brutal: 6,66 por wicket. Números de videojuego, aplicados con una frialdad quirúrgica.

Un respiro para Pakistán… y la lluvia

El derrumbe total, sin embargo, no llegó. El ruido metálico de los wickets que había marcado la primera entrada paquistaní se apagó esta vez. Azan Awais (29*), sólido y sereno, y el capitán Shan Masood (21*), más fluido pero también más expuesto, tejieron una asociación de cincuenta carreras que, al menos, devolvió algo de pulso al equipo.

Masood pudo no haber llegado tan lejos. En 13, Ben Duckett le regaló una vida más con otro fallo en los slips, su tercer error del Test, esta vez a costa del infortunado Gus Atkinson. Inglaterra, dominante, dejó escapar una oportunidad de hundir aún más el cuchillo.

Justo cuando Pakistán empezaba a encontrar una mínima estabilidad, la lluvia se adueñó de la escena. Las lonas cubrieron el wicket, los jugadores desaparecieron del campo y el día se apagó con los visitantes todavía a una distancia abismal, pero no completamente desangrados.

Un 452 que pesa como una losa

Todo este escenario se construyó sobre la base de una primera entrada inglesa que no tuvo una gran estrella, sino una procesión constante de contribuciones importantes. El 452 de Inglaterra fue una suma de golpes repartidos, pero igual de dañinos.

Emilio Gay (60) y Harry Brook (75) habían marcado el tono la primera tarde, imponiendo el ritmo y obligando a Pakistán a perseguir el juego desde el inicio. Hoy, el trabajo lo remataron las manos intermedias y bajas.

Dan Lawrence firmó 65 con autoridad, Jamie Smith añadió 69 de enorme valor y Robinson, por si no bastaba con su dominio con la bola, se apuntó un 50 que subrayó la profundidad del orden inglés. Entre todos, levantaron una ventaja de 320 carreras en la primera entrada que condiciona todo lo que queda de Test.

Pakistán, que ya había sufrido un primer hundimiento en su turno inicial, se ve ahora obligado a escalar una montaña empinada y resbaladiza, con el tiempo, el contexto y un ataque inglés en plena forma en su contra.

Un Test inclinado… y una serie al borde del cierre

Con 52-2 y tantos escalones por subir, el margen de error de Pakistán se ha reducido prácticamente a cero. Azan y Masood tendrán que reanudar mañana con la misión de alargar la resistencia, desgastar a Robinson y compañía y, sobre todo, devolver algo de dignidad a una serie que se les ha escapado entre las manos.

Inglaterra, por su parte, huele sangre. La barrida está al alcance, el ritmo del verano se mantiene y las cifras de su ataque —con Robinson como estandarte— empujan este tercer Test hacia una conclusión que, salvo milagro, parece escrita.

Queda por ver si Pakistán tiene aún una respuesta inesperada guardada en el vestuario o si Edgbaston se convertirá en el escenario de una de las series más aplastantes que se recuerdan en los últimos años.