Inglaterra barre a Pakistán con un 3-0 rotundo
Inglaterra cerró la serie con un marcador contundente, pero el último paso estuvo lejos de ser un paseo. Persiguiendo un objetivo modesto de 130 en Edgbaston, el equipo local se asomó al abismo en los primeros minutos de la jornada antes de que Joe Root y Jordan Cox impusieran jerarquía, calma y calidad para sellar una victoria por ocho wickets y un 3-0 inapelable en la serie.
Un inicio de pesadilla
El día no pudo empezar peor para Inglaterra. Primera bola, primer golpe. Ben Duckett, todavía ajustándose a las condiciones, tocó un envío de Mohammad Abbas y la ligera desviación bastó para que la pelota terminara en las manos del guardameta. Silencio en la grada. Pakistán, de repente, con vida.
La tensión aumentó de inmediato. En ese mismo over, Emilio Gay fue atrapado leg-before-wicket, sin tiempo para asentarse. El marcador mostraba 2/2 y el escenario cambió por completo: de una persecución aparentemente controlable a un posible derrumbe histórico.
Pakistán olía la remontada. Esa reacción había comenzado la tarde del tercer día, cuando el debutante Razaullah, con el bate, había encendido la esperanza visitante y obligado a Inglaterra a trabajar más de lo previsto para cerrar la serie.
Razaullah se desinfla, Root respira
Sin embargo, el héroe de la víspera no encontró la misma magia con la pelota. Razaullah arrancó caro, sin control del ritmo ni de las zonas, y permitió que Inglaterra, pese al tambaleo inicial, respirara. La situación forzó a Pakistán a mover ficha pronto y recurrir a un cambio de bolos.
La decisión pareció tener un impacto inmediato. Mohammad Ali creyó haber producido el momento clave del Test cuando derribó los stumps de Joe Root. Celebración, brazos al cielo, presión máxima sobre Inglaterra. Pero el drama duró poco: la revisión del umpire confirmó que Ali había sobrepasado la línea. No ball. Root, de vuelta a la vida.
El castigo fue inmediato. La siguiente pelota, Root la envió a la frontera. Un golpe, más simbólico que numérico, que cambió el tono de la mañana. En el over siguiente, Cox también encontró su primer límite y comenzó a asentarse. Inglaterra, de pronto, ya no parecía tan frágil.
Ocasiones desperdiciadas, partido perdido
Pakistán aún tuvo otra gran oportunidad. Abbas logró provocar el outside edge del bate de Root, un desvío claro, de esos que suelen acabar en manos de slip sin demasiada historia. Esta vez, sin embargo, ni el primer ni el segundo slip reaccionaron. La pelota pasó entre ambos, como una acusación silenciosa.
Esa fue la última llamada de atención. Superado ese tramo, la persecución se convirtió en un ejercicio de control. Sin una presión real del marcador, Inglaterra pudo dejar que la experiencia de Root y la frescura de Cox marcaran el ritmo.
Root, cada vez más fluido, empezó a encontrar huecos con naturalidad. Los golpes rasantes por el suelo, los toques sutiles al lado contrario, el dominio del tempo: un manual de cómo gestionar una pequeña persecución en condiciones tensas. Cox, al otro extremo, aprovechó la ocasión para consolidarse, sin estridencias, pero con una madurez que no siempre se ve en un jugador menos curtido.
Root firma otro récord, Cox se gana su lugar
El control se convirtió en autoridad. Root alcanzó su medio siglo con otro golpe a la frontera, un límite que no solo empujó a Inglaterra hacia la victoria, sino que le permitió romper el récord de más medias centurias en el formato. Otro hito para un bateador que sigue reescribiendo la historia de su selección con una regularidad casi inquietante.
Cox no se quedó atrás. Con el partido ya encaminado, aseguró también su cincuenta, un premio a su serenidad en medio del caos de los primeros overs. Para un jugador en busca de consolidarse en el escenario internacional, no hay mejor carta de presentación que cerrar una serie con este tipo de entrada, bajo presión y sin margen para el error.
Inglaterra completó el trabajo justo al filo del almuerzo, sin necesidad de alargar el suspense. De un 2/2 tembloroso a un triunfo por ocho wickets y un 3-0 que no admite discusión.
Pakistán se marcha con la sensación amarga de haber tenido el partido en la mano durante ese breve pero decisivo tramo de la mañana. Inglaterra, en cambio, se queda con algo más que una barrida: la confirmación de que, incluso cuando el inicio huele a desastre, todavía tiene jugadores capaces de cambiar una serie con una sola asociación. Y con Root en este nivel, la pregunta no es qué ha conseguido ya, sino hasta dónde puede seguir empujando los límites de su propia leyenda.






