Inglaterra barre 3-0 a Pakistán en Edgbaston
Durante buena parte de la serie, parecía un trámite. En Edgbaston, durante una hora tensa y nerviosa, pareció un naufragio. Al final, Inglaterra salió del apuro con una victoria por ocho wickets en el tercer Test ante Pakistán, cerró el 3-0 y puso punto final a uno de los veranos más convulsos de su historia reciente con algo que necesitaba con urgencia: certezas.
El marcador dirá que fue un triunfo cómodo: 130-2 en la segunda entrada, con Joe Root en 62* y Jordan Cox en 59*, rematando la persecución de 130 justo antes del almuerzo. Lo que no cuenta el frío resultado es el nudo en el estómago del vestuario inglés cuando el tablero marcaba 2-2 en la primera over del día.
Del pánico al control
El contexto importaba. Inglaterra venía de ser sacudida la tarde anterior por el debutante Razaullah, que había desatado el caos con el bate para llevar a Pakistán de un 0-2 a un combativo 449 en su segunda entrada. Sus 81 carreras, sumadas al 95 del capitán Shan Masood, al 76 de Babar Azam y al 59 de Azan Awais, habían transformado un Test que parecía destinado a terminar en dos días.
De repente, la “cacería” de Inglaterra ya no era un paseo. Eran 130 en un cuarto día con presión, con una serie que había cambiado de tono en apenas 24 horas.
Y el drama se desató de inmediato.
Primera bola de Muhammad Abbas: Ben Duckett, fuera. Edge perfecto, atrapado detrás. Golden duck. Un opener que ya vivía bajo escrutinio, hundido aún más en una estadística incómoda: no ha pasado de 20 en cinco entradas ante Pakistán y, desde el inicio de los Ashes, promedia 23.
Cuarta bola del mismo over: Emilio Gay, atrapado plumb lbw, golpeado en la espinilla sin margen de duda. El zurdo, que había firmado tres medias centurias en su primer verano como jugador de Test, veía caer su promedio por debajo de 25. Gesto de rabia, un bat swing hacia los stumps, revisión desperdiciada. Y, sobre todo, la sensación de que su sitio será tema de conversación seria cuando Jacob Bethell vuelva de su lesión.
2-2. Un silencio espeso en un Edgbaston lejos del lleno. Nervios en la grada, tensión en el vestuario. Y un Test, y una serie, que de pronto se abrían a la posibilidad de un giro histórico.
Root se salva, Cox convence
En ese escenario de vértigo, Inglaterra coqueteó con el desastre. Con 23, Root arriesgó de más y arrastró una bola de Mohammad Ali sobre sus propios stumps. El rugido paquistaní se congeló en seco cuando el árbitro pidió revisar la línea de pies: no-ball. Vida extra para el capitán. Un detalle técnico, un centímetro de más, que cambió el relato de la mañana.
Root siguió, pero no con la serenidad habitual. Volvió a flirtear con el abismo al edgear entre unos slips inmóviles, esta vez ante un Abbas furioso, cuando estaba en 34. Pakistán dejó escapar la oportunidad y, con ella, gran parte de su esperanza.
Mientras el capitán sorteaba sobresaltos, Jordan Cox se encargaba de algo más básico: estabilizar el barco. El bateador de Essex, que ya había dejado buenas sensaciones en la serie, firmó un 59* de enorme madurez, con una compostura que contrastó con los titubeos de su compañero más ilustre. Seguro en defensa, selectivo en el golpeo, sin dejar que el momento lo devorara.
Entre ambos construyeron una asociación inquebrantable de 128 carreras. No hubo heroísmo estridente, sino algo igual de valioso para un equipo que venía de tambalearse: control. Cada over que pasaba sin wicket apagaba un poco más la rebelión paquistaní. Cuando Root cruzó el umbral de los 50 y Cox se afianzó en los 40, la persecución dejó de ser una trampa para convertirse en una cuenta atrás.
El cierre, con Root en 62* y Cox en 59*, selló no solo el Test, sino también un retorno exitoso a la capitanía para el bateador de Yorkshire, que retomó el mando tras la retirada de Ben Stokes en junio.
Una serie ganada… y un espejo incómodo
El 3-0 es incontestable. Tres Tests consecutivos ganados tras una racha previa de solo dos victorias en diez. Pero la manera en que se construyó este último triunfo deja lecciones para el invierno.
Durante dos Tests y medio, Pakistán fue un equipo desorientado, superado desde la primera bola de la serie, cuando Ollie Robinson atrapó lbw a Azan Awais en Headingley. Hubo episodios que rozaron el caos: el amago de abandonar el segundo Test por una entrevista televisiva con los hijos de Imran Khan, el despido de Sarfaraz Ahmed como seleccionador tras la derrota en Lord’s, la llegada de Mike Hesson y la decisión drástica de cortar a siete jugadores de la plantilla.
El resultado fue una gira desastrosa, maquillada únicamente por las últimas 48 horas en Birmingham. Ahí, por fin, el top order encontró respuestas ante el ataque inglés, y la irrupción de Razaullah encendió una chispa que había faltado todo el verano. Con la bola, ya había impresionado al eliminar a Root en su primer over en cricket de Test. Con el bate, su asalto al ataque inglés fue tan temerario como memorable. De esta gira amarga, Pakistán al menos se lleva una posible estrella en ciernes.
Inglaterra, por su parte, también queda retratada. Cuando Pakistán estuvo 0-2 en su segunda entrada, el Test apuntaba a resolverse en dos días. En lugar de rematar, el equipo de Root se vio desbordado por el contraataque de Razaullah, desordenado en el campo, sin respuestas tácticas claras. El sábado por la mañana, su top order volvió a tambalearse. Un objetivo 100 carreras más alto habría puesto la serie en un alambre peligroso.
Fleming hereda dudas en la parte alta
El nuevo seleccionador, Stephen Fleming, aterrizará en los próximos días en Reino Unido con un cuaderno lleno de asuntos pendientes. Muy arriba en la lista, los openers.
Duckett, autor del único siglo inglés del verano, no ha logrado encadenar consistencia. Gay, pese a sus tres medias centurias, sale del Test con su futuro inmediato en cuestión. En un verano en el que la bola ha dominado al bate, las cifras de ambos se miran con algo de indulgencia, pero el patrón preocupa.
La actuación de Cox, en cambio, apunta en otra dirección. Su 59* bajo máxima presión alimenta sus opciones de mantenerse en el XI cuando Bethell esté disponible de nuevo, quizá a costa del propio Gay. Para un equipo que encara giras a Sudáfrica, Bangladesh y Australia, encontrar estabilidad en la parte alta del orden será tan importante como cualquier ajuste táctico.
De Edgbaston al siguiente reto
El contexto general no puede olvidarse. Hace menos de dos meses, Inglaterra no tenía ni capitán ni seleccionador. Hoy cierra el verano con un 3-0, un Root reafirmado al mando y una estructura que, al menos en el formato largo, ha recuperado algo de pulso competitivo.
Ahora llega el cambio de chip: del rojo al blanco. El martes, en Southampton, arrancará la serie de white-ball ante Sri Lanka, con Brendon McCullum de vuelta al frente y Kevin Pietersen integrado en el cuerpo técnico. Otro escenario, otras urgencias, otra presión.
Edgbaston dejó un aviso claro: este equipo es capaz de resistir cuando la tormenta arrecia, pero también de meterse en problemas innecesarios. El barrido 3-0 queda para la estadística. Las preguntas de fondo, sobre todo en la parte alta del orden y en la gestión de los momentos de presión, se responderán lejos de casa, en un invierno que no perdona distracciones.






