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India brilla en la Asia Cup con goleada a Tailandia

India abrió su campaña en la Asia Cup 2026 con una victoria contundente y un aviso interno. Aplastó a Tailandia por 94 carreras en Dubái, defendiendo 160 y dejando a su rival en apenas 65. El marcador habla de dominio absoluto. El desarrollo del partido, no tanto.

El protagonismo final fue para Nandni Sharma y Deepti Sharma, que se repartieron tres wickets cada una y desmontaron cualquier atisbo de resistencia tailandesa. Pero el tono del encuentro lo marcó antes otra Sharma: Shafali.

Shafali en modo tormenta, y un colapso inesperado

En cuanto India fue enviada a batear, el plan fue claro: imponer jerarquía desde la primera bola. Shafali Verma salió como si quisiera resolver el partido en el powerplay. Su 64 de solo 36 entregas fue un vendaval. Golpes limpios, agresión constante, cero dudas.

Desde el otro extremo, Smriti Mandhana aportó el contrapunto breve pero dañino. En solo 10 bolas conectó cuatro límites y ayudó a que el marcador se disparara a 38 carreras en apenas tres overs. Tailandia apenas tuvo tiempo de ajustar el campo cuando ya iba a remolque.

Con la entrada de la debutante Pratika Rawal, el ritmo cambió de matiz, no de dirección. Pratika fue más selectiva, eligió bien los golpes, mientras Shafali mantenía la presión. El resultado: 65 carreras en el powerplay, un inicio de torneo soñado para las favoritas.

La asociación entre ambas superó con solvencia la barrera de las 50 carreras. India parecía encaminada a un total monstruoso. Y ahí apareció Suleeporn Laomi para alterar el guion.

Una entrega que se quedó baja tras picar fue suficiente para batir a Rawal y abrir una grieta en el orden indio. Ese wicket no fue uno más: fue el detonante. De 91/1, India se desplomó hasta 137/9 en apenas 50 bolas. Un colapso en toda regla.

Laomi sumó dos wickets más y encabezó la remontada moral de Tailandia con la pelota. De un escenario de posible humillación, las tailandesas pasaron a contener a un gigante que, de repente, dudaba. Solo los golpes finales de Kranti Gaud, en los últimos overs, permitieron rascar 22 carreras vitales y llevar el total hasta 160. Suficiente. Pero lejos de lo que se intuía al inicio.

Una caza sin alma de Tailandia

Si el cierre de la primera entrada dejó alguna pregunta en el aire sobre la solidez india, la respuesta llegó rápido cuando empezó la persecución. Tailandia nunca estuvo cerca del objetivo. Ni en el marcador ni en sensaciones.

El derrumbe comenzó en la primera over. Nattakam Chantam, una de las referencias del equipo, fue limpiada por Kranti Gaud. Un golpe temprano que marcó el tono de la respuesta tailandesa: insegura, sin ritmo, sin asociaciones.

Sree Charani se sumó al festival con dos wickets que terminaron de romper el top-order. A partir de ahí, el partido se jugó casi exclusivamente en una dirección. Nandni Sharma y Deepti Sharma se adueñaron del medio y bajo orden, encadenando tres strikes cada una y cerrando la puerta a cualquier intento de reconstrucción.

Solo una bateadora tailandesa se negó a desaparecer del todo: Nannapat Koncharoenkai. Su 41 de 48 bolas fue, en la práctica, la única resistencia real. Aguantó, eligió bien los golpes y trató de dar algo de estructura a una entrada que se desmoronaba a su alrededor. El dato es demoledor: ninguna de las demás bateadoras alcanzó siquiera las dos cifras. El 6 de Laomi terminó siendo la segunda mejor marca del equipo. Un reflejo perfecto de la brecha entre ambos conjuntos.

Tailandia cayó a 65, muy lejos del objetivo y aún más lejos de incomodar a India en el marcador. El resultado final, 94 carreras de diferencia, coloca al equipo de Harmanpreet Kaur —aunque no aparezca en la hoja de estadísticas de este partido— en el lugar que todos esperaban: en lo alto, mandando desde el primer día.

Victoria clara, mensaje mixto

India salió de Dubái con todo lo que un gran favorito suele exigir en un debut: triunfo amplio, bowlers afinados, una estrella en forma como Shafali y el impacto de una debutante como Pratika en un contexto de alta exigencia. Pero también con una advertencia que el vestuario no puede ignorar: un colapso de 91/1 a 137/9 no encaja con la etiqueta de equipo dominante.

La Asia Cup apenas comienza. Si India corrige esos baches y mantiene esta agresividad con el bate y el balón, el resto del torneo puede convertirse en una larga persecución para sus rivales. La cuestión es simple: ¿será este tropiezo a mitad de la entrada un accidente aislado o la grieta por la que intentarán colarse las demás selecciones?