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Hearts avanza a semifinales de la League Cup tras vencer a Stenhousemuir

Hearts no se dejó sorprender esta vez. En el mismo Ochilview donde Stenhousemuir había tumbado a Motherwell, el equipo de Wouter Vrancken impuso jerarquía, ritmo y pegada para meterse con autoridad en las semifinales de la League Cup. Un 0-3 que sonó a lógica, pero que hubo que trabajar con calma y oficio.

Del susto inicial al control total

El guion pudo arrancar torcido. En un inicio tenso, casi tímido, el líder de Championship rozó el golpe temprano. Primero, Kinlay Bilham desperdició una ocasión clara para adelantar a los locales. Poco después, Sabri Guendouz cabeceó desviado cuando tenía portería y esperanza delante. Dos avisos que recordaron a Hearts que la noche no admitía relajaciones.

Ese pequeño zarandeo despertó al conjunto de Vrancken. Con el paso de los minutos, los visitantes comenzaron a adueñarse de la pelota, a fijar al rival atrás y a encontrar espacios entre líneas. JJ Williams avisó con un cabezazo que Darren Jamieson atrapó sin problemas, pero el mensaje ya estaba lanzado: Hearts había entrado en el partido.

La presión acabó encontrando premio. En su primera titularidad, Williams firmó el primer golpe. Una acción bien trenzada por la izquierda, una maniobra inteligente de Tomas Magnusson en el área y un disparo raso y seco del delantero, que fusiló desde corta distancia. Estreno soñado, ventaja merecida.

El desborde de Rogers Mato rompe el partido

Con el 0-1, el encuentro cambió de tono. Stenhousemuir, part-time, con las piernas cargadas de jornada laboral, empezó a sufrir cada transición. Hearts olió la sangre y aceleró, empujado por un nombre propio: Rogers Mato.

El internacional ugandés fue un tormento constante. Vertical, agresivo, siempre encarando. Su recompensa llegó pronto. Guendouz filtró un pase al espacio, preciso y tenso, y Mato apareció como una flecha. Velocidad pura para ganar la carrera y frialdad absoluta para definir cruzado, suave, firmando el 0-2 con una serenidad impropia de su edad.

Ese segundo gol pesó como una losa en los locales. Marvin Bartley, que antes del partido había desvelado que su plantilla solo se entrena dos veces por semana durante 75 minutos, vio cómo el esfuerzo de sus jugadores chocaba contra un rival más fresco, más fino y con más recursos. Aun así, su equipo no se descompuso. Resistió, se mantuvo ordenado y evitó que el marcador se disparara antes del descanso.

Una segunda parte de oficio… y un tercer golpe

Tras el intermedio, el duelo bajó revoluciones. Hearts manejó los tiempos con madurez, sin precipitarse, sin regalar transiciones. El balón circuló más lento, el ritmo se enfrió y Stenhousemuir, aunque ya sin la chispa inicial, se mantuvo en pie, aferrado a la esperanza de un error rival.

La sentencia llegó en una jugada que resumió la diferencia de categorías. Centro medido al segundo palo, lectura perfecta de JJ Williams para bajar el balón hacia el corazón del área y aparición de Yan Dhanda, que atacó el espacio libre y conectó un derechazo imparable. 0-3 y partido resuelto.

El propio Bartley reconocería después que esa acción les dolió especialmente: toda la defensa pendiente de Williams en el segundo palo, y Dhanda completamente solo en el centro del área. Un detalle, una desconexión mínima, suficiente para que un equipo del nivel de Hearts castigue sin piedad.

Orgullo local, autoridad visitante

El contexto de Stenhousemuir explica buena parte de la historia. Un equipo part-time, jugadores que trabajan durante el día y compiten por la noche, instalado en una dinámica positiva tras proclamarse campeón de League 1 la temporada pasada con Gary Naysmith y dar el salto a Championship sin conocer la derrota hasta este cruce. Eliminar a Motherwell y plantarse en cuartos ya era un hito. Caer ante un Hearts en plena forma no supone una mancha, sino una referencia del nivel al que han llegado.

Bartley lo dejó claro: sus futbolistas “vacían el depósito”. Lo demostraron de nuevo. Corrieron, pelearon, se mantuvieron fieles al plan. Pero se toparon con “el mejor equipo”, como admitió el propio técnico. Y cuando el mejor equipo ejecuta su plan con la seriedad con la que lo hizo Hearts, las sorpresas se reducen al mínimo.

Al otro lado, Vrancken salió del Ochilview satisfecho. Habló de un partido “maduro y profesional”, de un grupo que no se desesperó, que no forzó jugadas y que respetó al rival sin regalarle aire. Subrayó la actuación de JJ Williams, no solo por el gol y la asistencia en el tercer tanto, sino por su trabajo sin balón y su rápida integración en el vestuario.

Hearts cerró el duelo con una serenidad casi rutinaria, manejando la ventaja, evitando sobresaltos y pensando ya en el sorteo de semifinales del domingo. Un paso más en una temporada que empieza a tomar forma… y que ahora se asoma a la posibilidad real de pelear por un título.