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Hawks 2026-27: un equipo con identidad y defensa sólida

Los Hawks llegan a la nueva temporada con una sensación extraña para una franquicia que acaba de traspasar a su jugador franquicia de la última década. Sin Trae Young, pero con más victorias, más equilibrio y, sobre todo, más identidad. El cierre del curso pasado lo dejó claro: este equipo compite mejor ahora que antes del gran movimiento.

El balance de 46-36 y el sexto puesto en el Este terminaron con un sabor amargo tras caer en Primera Ronda, pero esconden un dato demoledor: tras el All-Star, Atlanta fue el equipo que más mejoró en toda la liga en los últimos 27 años. Pasó de un net rating de -1,3 puntos por 100 posesiones (19.º) a un +9,7 (4.º). Una diferencia de 11 puntos por 100 posesiones. Eso no es un ajuste menor, es un giro de proyecto.

Y en el centro de ese giro, un nombre inesperado: CJ McCollum.

McCollum cambia el presente

Los Hawks no sacaron jóvenes ni rondas de futuro por Trae Young. Apostaron por presente. Apostaron por McCollum. El resultado: 27-14 con él en pista y un salto desde la novena hasta la sexta plaza del Este en los dos últimos meses de fase regular.

El veterano base promedió 18,7 puntos y dio algo que Atlanta llevaba años buscando: control. Menos caos, menos dependencia de una sola estrella, más lectura, más oficio. Y al lado de McCollum, la explosión de dos nombres que han cambiado por completo el techo del equipo: Jalen Johnson y Nickeil Alexander-Walker.

Johnson firmó su primera presencia en el All-Star y su primer quinteto All-NBA con unos números de estrella total: 22,5 puntos, 10,3 rebotes, 7,9 asistencias y 1,2 robos. Un generador alto, agresivo, que ataca el aro, rebotea y distribuye. El tipo de jugador sobre el que se construyen sistemas, no solo jugadas.

Alexander-Walker, por su parte, se llevó el premio a Jugador Más Mejorado con 20,8 puntos, 3,7 asistencias, 3,4 rebotes y una eficiencia de élite: 45,9% en tiros de campo, 39,9% en triples, 90,2% en libres. De complemento irregular a anotador fiable de casi 21 puntos por noche. Un salto que cambia cómo te defienden… y cómo defiendes tú.

Una defensa de perímetro para incomodar a cualquiera

Quin Snyder ya tiene el molde que quería: un equipo largo, agresivo y con manos rápidas en el perímetro. Dyson Daniels, Alexander-Walker y el recién llegado Luguentz Dort forman una batería exterior diseñada para castigar cada pase lento, cada bote de más.

El plan es claro: defensa que fuerce pérdidas, campo abierto y lluvia de triples. Snyder quiere a su equipo lanzando cerca de 40 triples por partido. No es un capricho estadístico; es una declaración de estilo. Correr, abrir la pista, obligar a las defensas a elegir su veneno.

En la pintura, Onyeka Okongwu (15,2 puntos, 7,6 rebotes, 3,1 asistencias) se ha consolidado como un pilar silencioso. No acapara focos, pero sostiene sistemas: bloqueos duros, continuidad en el pick and roll, rebote y una lectura cada vez más madura.

Con todo eso, la proyección de un quinteto inicial con McCollum, Alexander-Walker, Daniels, Johnson y Okongwu suena tan lógica como peligrosa para el rival. Y lo más intimidante no es ese cinco. Es lo que viene detrás.

Banquillo largo, decisiones difíciles

Pocas plantillas en el Este pueden presumir de una segunda unidad tan profunda. Si ese es el quinteto titular, Snyder tiene en la recámara a Dort, Aaron Wiggins, Jock Landale, Zuby Ejiofor, Kingston Flemings, Asa Newell, Buddy Hield, Corey Kispert y Ryan Nembhard.

Son muchas piezas. Y muchas combinaciones.

Dort y Wiggins aportan físico y defensa en las alas, con capacidad real para abrir el campo desde la línea de tres. Hield y Kispert son especialistas puros de perímetro, ideales para las alineaciones que quieran llevar al extremo el plan de los 40 triples. Nembhard ofrece control y lectura en la dirección. Landale y los jóvenes interiores dan músculo y energía.

La temporada pasada, el quinteto McCollum–Alexander-Walker–Daniels–Johnson–Okongwu firmó un balance de 20-10 con un net rating de +20,3. Dominio. Pero entonces no estaban Dort ni Wiggins. Ahora, Snyder tendrá que decidir quién arranca y quién asume el rol de revulsivo. No es un problema. Es un lujo… que exige mano firme.

Aaron Wiggins, el candidato a romper el molde

Si hay un nombre señalado como posible gran sorpresa interna, es Aaron Wiggins. En Oklahoma City fue pieza importante en el anillo de 2025 y en las Finales del Oeste de 2026, siempre útil, siempre eficiente, pero sin volumen: nunca superó los 24,2 minutos por partido y solo una vez pasó de los 10 puntos de media (12,0 en 2024-25).

Sus porcentajes, sin embargo, cuentan otra historia. En su carrera, 48,7% en tiros de campo y 38% en triples. Un perfil perfecto para un equipo que quiere correr y lanzar, pero que el año pasado necesitaba más eficiencia desde el perímetro pese a ser ya un buen conjunto triplista.

Atlanta espera que, con más minutos y más tiros, Wiggins pueda elevar su anotación sin perder precisión. Si responde, los Hawks sumarán otro foco ofensivo fiable sin sacrificar defensa ni ritmo.

Un equipo que llega lanzado

La racha tras el All-Star no se explica solo por un calendario amable, aunque lo fue: solo ocho de las 20 victorias post-parón llegaron ante equipos con balance ganador. La diferencia está en cómo compitieron. Más consistencia, menos desconexiones, más victorias de calidad en momentos clave.

En playoffs, los Hawks llegaron a ponerse 2-1 arriba ante los New York Knicks en Primera Ronda. Dos triunfos que, con el paso del tiempo, han ganado peso: fueron más victorias de las que los otros tres rivales de los Knicks lograron juntos en todo el camino hacia el título (solo una). Atlanta acabó cediendo la serie, pero demostró que su techo competitivo no está tan lejos de la élite del Este.

Partidos marcados en rojo

El calendario regular trae varias fechas que medirán la temperatura real del proyecto:

  • 21 de octubre, Hawks vs. Magic: duelo directo en una División Southeast comprimida, con al menos cuatro equipos viéndose en playoffs. El curso pasado, los cuatro primeros quedaron separados por solo tres partidos. Atlanta y Orlando fueron 1.º y 2.º de la división. El contexto habla solo.
  • 29 de noviembre, Hawks vs. Knicks: la revancha emocional. Mismo rival que en la Primera Ronda de 2026, misma herida que cicatrizar. Atlanta llegó a dominar 1-0 y 2-1 una serie en la que nadie veía todavía a los Knicks como futuros campeones. Después, tres derrotas seguidas y solo una caída más de New York en todo el resto de playoffs. Este partido no es un simple recuerdo: es un termómetro.
  • 1 de febrero, Wizards vs. Hawks: el regreso de Trae Young a Atlanta. Primera vez en la ciudad con la camiseta de Washington. Más allá de lo sentimental, será una prueba de madurez para una afición y un vestuario que ya miran hacia otra era.
  • 8 de febrero, Heat vs. Hawks: duelo directo por la cima de la Southeast, justo antes del cierre de mercado del 11 de febrero. Si Atlanta llega bien colocado, este encuentro puede influir tanto en la clasificación como en las decisiones de los despachos.
  • 4 de abril, Hawks vs. 76ers: octavo partido fuera de casa en una serie de 11, ante una Philadelphia cargada de talento, y ya en la recta final de la temporada. Escenario perfecto para saber si los Hawks llegan a playoffs con gasolina de verdad o solo con buenas sensaciones.

Un vestuario en competición interna

El campo de pruebas arranca en la pretemporada. Snyder tiene que resolver dos preguntas: quién entra en el quinteto inicial… y cómo se reparte el resto de minutos en una rotación tan profunda.

Kingston Flemings, elección de lotería, será uno de los focos. Su adaptación al ritmo NBA y el aprendizaje junto a McCollum marcarán cuánto puede aportar desde el primer año. Detrás de Jalen Johnson, el puesto de ala-pívot suplente está abierto: Mouhamed Gueye, Asa Newell y el novato Zuby Ejiofor pelean por un rol que puede ser clave en una temporada larga y exigente.

La estructura está clara: defensa agresiva, transición, triples y un núcleo con tres jugadores rondando los 20 puntos por partido (McCollum, Alexander-Walker, Johnson). La pregunta ya no es si los Hawks serán competitivos. Eso lo demostraron tras el All-Star.

La cuestión es otra, mucho más incómoda para el resto del Este: ¿hasta dónde puede llegar un equipo que ya ha encontrado su identidad… y que todavía no ha tocado techo?