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Hamilton en el Gran Premio de España: Críticas por su reacción tras el accidente

Lewis Hamilton volvió a acaparar titulares en el Gran Premio de España, pero esta vez no por una vuelta mágica ni por una maniobra de genio. Lo que ha encendido las críticas es lo que hizo después de estrellar su Ferrari, no el golpe en sí.

El británico estaba en una vuelta rápida cuando perdió el control en la última curva del Madring y clavó el morro del Ferrari contra las protecciones. Bandera roja inmediata. Hasta ahí, un incidente de libre práctica bastante estándar para un piloto que explora los límites.

Lo distinto vino después.

Hamilton engranó la marcha atrás, sacó el coche del muro y volvió a pista. Por la configuración del circuito, necesitaba completar casi una vuelta entera para regresar a boxes. El problema era el estado del coche: el alerón delantero, destrozado, había quedado encajado bajo el morro. Mientras avanzaba lentamente, el Ferrari iba dejando una estela de chispas, con la pieza arrastrándose por el asfalto y el neumático delantero derecho rozando de forma alarmante con los restos del alerón.

El humo empezó a salir. Luego llegó el pinchazo. El neumático terminó por desinflarse por completo.

En la radio, el mensaje desde el muro fue claro y repetido. Su ingeniero le ordenó: “Para en el lugar más seguro posible”. Hamilton, siete veces campeón del mundo, respondió con determinación: si podía regresar a boxes, lo intentaría, y que, si no, se detendría “de forma segura”.

Ferrari insistió: había un pinchazo en el neumático delantero derecho, debía parar el coche. Hamilton contestó que ya lo veía. Aun así, siguió unos metros más, apurando cualquier opción de llegar al pit lane. Finalmente, se rindió a la evidencia, aparcó el coche a un lado de la pista y se bajó.

Para algunos, había cruzado una línea.

En la cabina de Sky Sports F1, la reacción fue inmediata. David Croft subrayó que, por mucha experiencia que acumule —393 Grandes Premios a sus espaldas—, las normas son claras: no se puede seguir pilotando un coche en condiciones inseguras. Recordó que el equipo le había pedido que parara en dos ocasiones, y que Hamilton había desoído esas instrucciones antes de obedecer.

Croft apuntó que dirección de carrera podría adoptar una postura muy seria, precisamente porque el piloto ignoró de forma reiterada las órdenes del equipo. En el momento en que se cerró la sesión, los comisarios todavía no habían anunciado investigación alguna.

Anthony Davidson, también en Sky Sports F1, fue un paso más allá en el análisis táctico. A su juicio, Ferrari debió ser todavía más explícita con su piloto, explicándole que el alerón delantero estaba metido bajo el coche y que esa situación podía acarrear una sanción por parte del director de carrera.

Davidson, sin embargo, centró su crítica en el mensaje que la escena envía al resto del paddock. Avisó de que cualquier joven piloto que estuviera viendo la sesión debía tomar nota de lo que no se debe hacer. Insistió en que la norma existe por una razón muy concreta: si el alerón hubiera terminado completamente bajo el coche, levantando las ruedas delanteras, y con comisarios en pista, el escenario habría podido ser peligroso.

En el trasfondo de todo late el reglamento deportivo. Las directrices de la FIA para los comisarios contemplan desde una simple reprimenda hasta una penalización en parrilla, en función de la gravedad que atribuyan a las acciones del piloto.

Hamilton, acostumbrado a vivir en el límite deportivo, se enfrenta ahora a una cuestión diferente: dónde está el límite entre la tenacidad por regresar a boxes y la obligación de detenerse cuando el coche se ha convertido en un riesgo. La respuesta, esta vez, no dependerá del cronómetro, sino del criterio de los comisarios.