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Hamilton critica la estrategia de Ferrari en Monza

Lewis Hamilton salió de la clasificación de Monza con un quinto puesto, pero con algo más que tiempo perdido en la recta principal. Salió con la sensación de que Ferrari no está tratando su lucha por el título con la urgencia que exige un déficit de 59 puntos frente al líder del campeonato, Kimi Antonelli.

El británico, que aún tiene 28 puntos de ventaja sobre su compañero Charles Leclerc, ve cómo cada decisión operativa pesa más a medida que se agota el calendario. Y no le gusta lo que está viendo.

Un plan roto en Q2

Hamilton llegó a Monza con prioridad interna en la secuencia de vueltas en clasificación: podía elegir si ir delante o detrás de Leclerc. No dudó. En un circuito donde el rebufo vale décimas de oro, eligió ir detrás del monegasco.

Sobre el papel, el plan en Q2 era claro: “push–cool–cool–push”. Dos intentos fuertes, con margen para preparar neumáticos y encontrar hueco. En la pista, fue otra cosa.

“Se suponía que íbamos a hacer push-cool-cool-push. Pero como todo el mundo estaba esperando y Charles no quería salir primero, tuvimos que esperar-esperar-esperar. Y al final sólo tuvimos una vuelta de ataque. Y sí, eso lo hizo bastante complicado para nosotros”, explicó Hamilton.

Complicado es quedarse a 0,001 segundos de caer en Q2. Exactamente la distancia que le separó de Gabriel Bortoleto, undécimo. Una milésima que encendió todas las alarmas en el box rojo.

Un Q3 sin rebufo y fuera de ritmo

En Q3, Ferrari había trazado otro plan: Hamilton debía salir justo detrás de Leclerc en las dos tandas, aprovechando el rebufo de su compañero. En Monza, eso puede marcar la diferencia entre la primera y la tercera fila.

Nada de eso ocurrió en el primer intento. “No tenía ni las ruedas en el coche básicamente y todo el mundo salió mientras mi motor ya estaba en marcha”, relató. Cuando por fin se incorporó a la pista, rodó solo, sin coche delante, a un tercio de vuelta de la mayoría de la parrilla. Sin rebufo. Sin referencia.

El segundo intento llegó con el ritmo ya tocado. Hamilton lo explicó con precisión de piloto: cuando sigues a otro coche, llegas mucho más rápido a las frenadas, los puntos de referencia cambian; cuando vas solo, pierdes ese arrastre. “Mucho tiempo perdido en los rebufos”, remarcó.

Terminó quinto, justo detrás de Leclerc. El resultado no fue un desastre. Pero el mensaje que leyó Hamilton en la gestión del equipo sí le preocupó.

El trasfondo: un título que se aleja

La tensión no nace en Monza. En Zandvoort, Hamilton ya había dejado caer que Ferrari no había hecho lo suficiente para proteger al piloto mejor posicionado en el campeonato. Puso como espejo a Mercedes, que sí jugó sus cartas pensando en Antonelli frente a George Russell.

En Monza, el discurso se hizo más crudo. “Estamos en un punto del año en el que 59 puntos es un déficit enorme, enorme, del que recuperarse, especialmente cuando Mercedes sigue siendo el referente en velocidad. Así que sí, tenemos que trabajar como equipo”, subrayó.

Luego llegaron las frases a medias, los silencios que dicen más que muchas palabras: “¿Hemos estado…? Si y cuando eso cambie… Lo sabremos, pero todo lo que puedo hacer es llegar e intentar hacer el mejor trabajo posible”.

La palabra clave ya estaba sobre la mesa: prioridad.

Preguntado por si Ferrari debe volcarse con el piloto mejor colocado en el campeonato mientras “aún hay un rastro” de opciones al título, Hamilton fue directo: “Hay luz al final del túnel, pero se está volviendo más tenue cuanto más avanzamos”. Y ahí apretó el acelerador sobre el funcionamiento del equipo en pista.

“En la fábrica el equipo está haciendo un trabajo increíble trayendo mejoras y empujándonos hacia adelante, estoy muy orgulloso de todos… Pero también en el circuito tenemos que venir correctos y actuar en consecuencia para asegurarnos de que logramos el resultado que necesitamos”.

Leclerc, contrato largo y argumentos propios

El problema de Ferrari no es sólo estratégico. Es político. Charles Leclerc acaba de firmar un contrato de larguísimo plazo, es el proyecto de futuro de Maranello y no va a aceptar fácilmente que le pidan sacrificarse cuando, sobre el papel, aún está en la pelea.

Aún quedan 283 puntos en juego esta temporada. Es el dato que sostiene la posición del monegasco: con semejante botín pendiente, puede defender que sus opciones siguen vivas, más aún cuando él y Hamilton han estado prácticamente igualados en el mano a mano de clasificación durante todo el año.

El jueves, Leclerc ya había admitido que Hamilton tendría prioridad en el orden de salida en la quali. Aceptó incluso la idea de darle rebufo, siempre que él también pudiera engancharse al de un rival. Pero fue tajante en un matiz: no esperaba que Ferrari “comprometiera” su propia clasificación por ello.

Ahí, en esa fina línea entre ayudar y sacrificarse, se está jugando una parte del futuro inmediato del equipo.

Miradas al paddock y un ejemplo incómodo

Desde Zandvoort, Hamilton asegura que se han tenido conversaciones internas sobre trabajo en equipo y estrategia. Pero cuando se le pidió concretar qué había cambiado, volvió el silencio prolongado… y una respuesta que se fue por otro camino.

Lo único que quiso destacar fue a otro garaje. “Pierre [Gasly] hizo un gran trabajo… claramente, visto desde la distancia, parecía que ellos [Alpine] trabajaron muy bien como equipo”. Un dardo indirecto, pero fácil de interpretar.

Hamilton insiste en reconocer el esfuerzo de Ferrari, repite que está “orgulloso” de todos, que quiere verles “hambrientos” y con “pasión y fuego”. Pero en la pista pide algo más frío y quirúrgico: decisiones duras, prioridades claras, ejecución sin titubeos.

¿A quién se atreve Ferrari a decirle que ya no?

El dilema es evidente. Si Ferrari se vuelca con Hamilton, tendrá que explicarle a Leclerc, con contrato largo y peso interno, que su lucha por el título pasa a un segundo plano. Si reparte recursos y oportunidades por igual, corre el riesgo de diluir la última opción real de plantar cara a Antonelli.

En Monza, entre milésimas, rebufos perdidos y silencios cargados, quedó claro que Hamilton ya ha tomado partido: el tiempo se agota, la luz se apaga y Ferrari tiene que decidir a quién quiere llevar de la mano hacia ese túnel cada vez más oscuro.