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El futuro de Liam Lawson en la F1: ¿suficiente para Red Bull?

En una parrilla de 2026 que ya tiene 13 contratos firmados y varios asientos prácticamente atados, uno de los nombres que más ruido genera es el de Liam Lawson. El neozelandés se ha convertido, casi sin quererlo, en el epicentro del próximo gran culebrón de mercado.

Y como casi siempre, el foco acaba apuntando a Red Bull.

Un rompecabezas llamado Red Bull

De los cuatro asientos que controla la estructura —los dos de Red Bull y los dos de Racing Bulls— solo hay uno asegurado: Max Verstappen. El resto es un tablero abierto, pero no del todo caótico.

La fotografía que maneja el paddock es clara: el plan interno pasa por mantener el esquema actual. Isack Hadjar como compañero de Verstappen en Red Bull, y Lawson junto a Arvid Lindblad en Racing Bulls. Continuidad, estabilidad, una transición suave entre generaciones.

Pero ahí aparece la gran incógnita: el largo plazo de Lawson.

Porque el piloto de Nueva Zelanda ha tenido que salir al rescate en las tres últimas carreras, sustituyendo al lesionado Hadjar. Ha sumado puntos, ha cumplido, ha evitado el desastre. Y aun así, para algunos no alcanza el listón que exige esta estructura.

Uno de ellos es Nico Rosberg.

Rosberg pone el listón en modo campeón del mundo

El campeón de 2016 no se anduvo con rodeos en Sky F1. Para él, la cuestión no es si Lawson es un buen piloto. Es si es lo que Red Bull persigue desde hace años: otra superestrella.

Según Rosberg, el equipo energético no busca simplemente talento sólido. Busca “el próximo Max Verstappen” y “el próximo Sebastian Vettel”. Cualquier cosa por debajo de ese nivel, en su visión, no basta para la cúpula de Milton Keynes.

Y ahí es donde, de momento, Lawson no le convence. Sus actuaciones recientes —séptimo en Zandvoort, decimocuarto en Monza y sexto en Madrid— muestran regularidad, oficio, capacidad de adaptación. Pero para Rosberg, no son todavía la carta de presentación de un futuro campeón del mundo.

Mientras Lindblad y Hadjar siguen muy presentes en las discusiones internas, Lawson se mueve en una zona gris: útil, fiable, competitivo… pero ¿lo bastante brillante para el estándar Red Bull?

Mekies contraataca: la defensa del jefe

La crítica de Rosberg pesa. Su voz tiene eco en el paddock. Sin embargo, quien toma la decisión final no comparte ese diagnóstico tan severo.

Laurent Mekies, director del equipo y CEO de Red Bull, ofreció una lectura radicalmente distinta del rendimiento de Lawson. Para él, lo que ha hecho el neozelandés en estas tres citas va mucho más allá de un simple “cumplir”.

Mekies subraya el contexto: saltar a un coche distinto, integrarse en otro equipo, adaptarse a un entorno nuevo… y hacerlo sin margen de preparación real. En ese escenario, considera que Lawson ha respondido “muy bien”, incluso por encima de lo que podían esperar.

Los resultados le respaldan. Sexto en Madrid con un puñado de puntos “muy importantes”, séptimo en Zandvoort, y una actuación en Monza que, sin el toque con Nico Hülkenberg y los daños en el alerón delantero, apuntaba a otro botín similar. No son destellos aislados, es una línea de trabajo.

Mekies también recuerda que la versión actual de Lawson no tiene nada que ver con la de sus primeras dos carreras con el equipo en 2025. Hay evolución, madurez, un piloto que aprende rápido. Y en la fábrica, eso se valora.

Un Red Bull distinto… y una puerta entreabierta

Las palabras de Rosberg no se pueden despachar a la ligera. Son las de un campeón que conoce desde dentro la presión de un equipo grande y el nivel que exige luchar por títulos.

Pero este Red Bull ya no es exactamente el de la era Christian Horner y Helmut Marko. La estructura ha cambiado, el tono interno también. La gestión del talento joven parece menos impaciente, menos dispuesta a quemar etapas a golpe de ultimátum.

Ahí es donde Lawson puede encontrar su resquicio.

No está claro si su techo encaja con la obsesión histórica de Red Bull por fabricar campeones del mundo a toda velocidad. Lo que sí está claro es que, en este nuevo contexto, el tiempo para consolidarse como piloto fijo de F1 ya no es un lujo inalcanzable, sino una opción real.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿le bastará con ser muy bueno en un equipo que, por costumbre, solo se conforma con lo excepcional?