Fouzi Lekjaa y la batalla por la Copa Africana de Naciones 2025
Fouzi Lekjaa no se mueve un milímetro. El presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol mantiene el pulso con firmeza en el contencioso por la final de la Copa Africana de Naciones 2025 frente a Senegal, y lo hace con una idea fija: el combate será jurídico, reglamentario y, si hace falta, largo. Muy largo.
Con la vista puesta en la audiencia del 8 de octubre ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS), Lekjaa ha aprovechado una extensa entrevista con la revista Jeune Afrique, cuyos principales pasajes recogió el diario Al-Shorouk, para marcar territorio. Para él, el conflicto no es político, ni diplomático, ni emocional. Es una cuestión de normas.
La final que no termina
Lekjaa insiste: la posición de Marruecos en la crisis de la final no está condicionada por factores externos. Todo, sostiene, se apoya en el reglamento de la competición y en el principio de juego limpio.
Según el dirigente, la federación marroquí considera que la parte senegalesa vulneró las reglas durante el desarrollo de la final cuando jugadores y cuerpo técnico abandonaron el terreno de juego. Ese gesto, a ojos de Rabat, no es un simple episodio de tensión competitiva. Es una infracción que choca de frente con las normas que rigen las competiciones internacionales.
Lekjaa subraya un detalle que, para él, no es menor: posteriormente, la FIFA modificó algunas disposiciones para endurecer las sanciones en casos de este tipo. Ese movimiento, interpreta, refuerza la idea de que el respeto al reglamento no es negociable y de que no se pueden tolerar prácticas que erosionen la credibilidad de los torneos.
Desde esa convicción, el presidente afirma que la Federación Real Marroquí seguirá acudiendo a los órganos competentes para defender sus derechos y reclamar que las mismas reglas se apliquen a todos. Sin excepciones.
8 de octubre: una parada, no la meta
La fecha del 8 de octubre aparece marcada en rojo, pero Lekjaa se encarga de enfriar cualquier lectura precipitada. La vista ante el CAS, explica, es solo una etapa de un proceso que puede alargarse. No es, necesariamente, el día del veredicto final.
El expediente puede requerir nuevas audiencias, nuevas rondas de alegaciones, nuevas interpretaciones. La disputa, por tanto, podría extenderse en el tiempo antes de que una decisión definitiva cierre el caso.
Mientras tanto, Marruecos se aferra a su línea: una defensa estricta de su posición legal y la búsqueda de una resolución que, desde su prisma, consagre el respeto a los reglamentos que ordenan las competiciones continentales e internacionales.
La final, de momento, se sigue jugando fuera del césped.
Marruecos mira al 2030
Desde la batalla judicial por la CAN, Lekjaa salta a otro frente de enorme calado: el Mundial 2030. Marruecos, junto a España y Portugal, será sede de la cita que marcará el centenario del torneo. Y el presidente marroquí no esconde la ambición: quiere la final en suelo marroquí.
Lekjaa recalca que su país está comprometido con cada procedimiento y cada norma fijada por la FIFA: visitas de las comisiones de inspección, criterios técnicos, procesos aprobados para designar ciudades y estadios. Marruecos, asegura, juega el partido dentro de las reglas.
Al mismo tiempo, reivindica el derecho de su federación a defender sus opciones de albergar el partido decisivo como representante del continente africano en este proyecto conjunto. La aspiración, subraya, no choca con el respeto escrupuloso a los cauces oficiales establecidos por la FIFA.
El mensaje es claro: Marruecos acepta el marco, pero no renuncia a soñar en grande dentro de él.
Infantino, la gobernanza y el poder
En la entrevista, Lekjaa también aborda un tema que siempre levanta suspicacias en los despachos del fútbol: su apoyo a Gianni Infantino.
El marroquí explica que su respaldo al presidente de la FIFA se asienta en una convicción de fondo: el fútbol puede unir pueblos y acercar sociedades. No habla de afinidades personales, sino de una visión del papel del deporte en el escenario global.
Eso no significa, matiza, renunciar a la exigencia interna. Lekjaa insiste en que la gobernanza dentro de la institución que rige el fútbol mundial debe seguir mejorando. Reclama más equilibrio, más transparencia, más solidez en los mecanismos de control y en la gestión de intereses a escala planetaria.
Su visión, puntualiza, está menos ligada a nombres propios que a principios y estructuras. Aspira a un sistema robusto, capaz de equilibrar fuerzas, regiones y actores en el tablero del fútbol internacional.
Entre la batalla legal por la CAN 2025 y la pugna por la final del Mundial 2030, Marruecos se mueve en dos planos: el del reglamento y el de la influencia. Lekjaa ha elegido su terreno de juego. La cuestión es hasta dónde está dispuesto a llegar el fútbol africano para que las reglas, y no las inercias de poder, dicten el resultado final.






