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Fórmula 1 en Madrid: un nuevo rugido en la casa del fútbol

En un país que respira fútbol y presume de campeones del mundo, la Fórmula 1 ha decidido meterse en la boca del lobo. Madrid, ciudad de los 15 títulos de Champions de Real Madrid, de las 36 Ligas y de los galácticos de ayer y de hoy —de Zinedine Zidane y Ronaldo a Jude Bellingham y Kylian Mbappé— se prepara para escuchar un rugido distinto al del Bernabéu: el de los monoplazas.

Han pasado más de 40 años desde la última carrera de F1 en la capital y dos décadas desde que España celebró a su último campeón del mundo. El campeonato vive un auge global, pero el calendario europeo está saturado. ¿De verdad necesitaba otro circuito en este rincón del continente? Este fin de semana llega la respuesta.

Una ciudad que ya lo tiene todo… ¿o casi?

En el Bernabéu, convertido en una nave espacial de acero sin perder la brutal verticalidad de sus gradas, 75.000 madridistas empujaron hace apenas unas semanas el voleo majestuoso de Mbappé para el 3-0 ante el Málaga en media hora. El Atlético aprieta en La Liga. El menú futbolístico está servido a diario. ¿Qué más puede pedir una afición así?

A unos metros del nuevo trazado, el estadio del equipo femenino de Real Madrid aporta otra atmósfera, menos lujosa pero igual de intensa. Entre uno y otro, una pregunta flota en el aire: ¿se desviará la mirada del balón al asfalto?

En la calle, la respuesta mezcla orgullo y cautela. “Sí, la carrera es buena para Madrid. Hay orgullo en nuestro deporte, Madrid es una ciudad abierta, con gente y mentes abiertas”, comenta un aficionado. “La carrera puede sacar la identidad de Madrid fuera del fútbol, mostrarnos al mundo en lo mejor. Más que emocionado, estoy curioso. Quiero ver cómo sale”.

Otro hincha lo ve como un viejo deseo cumplido, pero con reservas: “Siempre hemos soñado con tener algo de F1 cerca de casa. Tenerla de vuelta es genial. He estado en Barcelona y en el GP de Bélgica, pero la organización suele ser un caos el primer año. No quiero ser el conejillo de indias. Ojalá ponga a la ciudad más en el foco. Madrid tiene mucho que aprender de la F1 sobre cómo montar un espectáculo global; y la F1 puede aprender la forma verdaderamente española. Barcelona es más internacional, aquí los pilotos y los fans sabrán mejor a qué sabe España”.

Del Prado a Ifema: la apuesta inesperada

Madrid domina el arte clásico en el Museo del Prado, presume de arquitectura palaciega y de un centro de calles rectas y cuadriculadas que no invitaban precisamente a un gran circuito urbano. Los semáforos suenan a trinos de pájaros, los cipreses mexicanos se mecen sobre el tráfico, pero la experiencia de carrera no salía sola del mapa.

La solución ha sido mirar hacia un lugar que muchos madrileños ni siquiera reivindican como propio: la zona de Ifema, ese enorme recinto ferial junto al aeropuerto, gestionado por una entidad de participación pública. Ahí nace Madring.

“Empezó como una broma, una fantasía”, admite Luis García Abad, jefe de Madring y exrepresentante de Fernando Alonso, el único campeón del mundo español. “Un Gran Premio de F1 es como un unicornio: siempre intentas verlo y al final te das cuenta de que a veces es imposible. La cola de ciudades que quieren organizar un GP es enorme. Tienen que elegir bien. Nosotros hemos firmado por 10 años”.

Hace siete u ocho años, la idea apenas era un boceto. Hasta que Ifema llamó a García Abad para preguntarle si era viable. “Después de una mañana aquí, dije: es posible”.

Madrid no es una megápolis inabarcable. Es compacta, con un transporte público eficaz. Esa combinación ha llevado a los organizadores a recortar aparcamientos y pedir a los aficionados que dejen el coche en casa. La imagen de Patrick Dempsey, Rafael Nadal o Mbappé esperando el metro en Avenida de América, eso sí, seguirá siendo una fantasía: ellos tendrán su espacio en la amplia zona VIP del paddock, repartida en seis áreas.

Monumental: la curva que quiere ser leyenda

¿Qué se van a encontrar los aficionados cuando crucen las puertas del circuito? García Abad lo vende como algo más que una carrera: “Es una experiencia real, no solo por estar en Madrid, sino para la F1. Cada parte del trazado tiene su propia personalidad. Monumental, la curva 12, es enorme, increíble. Queríamos un punto icónico. Más de 30.000 personas alrededor de una sola curva”.

Monumental se ha convertido en la palabra de moda en el paddock. Una curva peraltada a 26 grados, más larga que la de Zandvoort, que atraviesa lo que en plena carrera parecerá un pequeño pueblo. En lo alto, una plataforma VIP con capacidad para alojar, si hiciera falta, al propio Rey de España y su familia, como un castillo dominando la colina. Subir ya impone; sentarse allí con 44 grados, directamente, es una quimera.

“Luis quería algo reconocible en nuestro circuito. Algo icónico”, explica Carlos Jiménez, director de operaciones de Ifema. Monumental no ha sido el único quebradero de cabeza. El proyecto presume de sostenibilidad: la energía de la carrera procede de fuentes renovables y se aprovechan edificios ya existentes. Pero levantar el resto de la infraestructura ha exigido 65 millones de euros de inversión, a los que se suman 85 millones solo para el asfalto.

“Hubo muchos desafíos”, reconoce Jiménez. “Empezamos a construir en el invierno más lluvioso en 20 años en España. La lluvia fue torrencial. Sufrimos mucho, tuvimos que estabilizar zonas de arcilla que se comportan muy mal con agua. Hay tres capas de asfalto. Aprendimos de una a otra”.

En 2022, la idea sonaba a locura. Hoy, Madrid cabalga una ola de impulso. “La ciudad está en un gran momento, es muy conocida por el fútbol”, subraya Jiménez. “Como una estación de esquí necesita un buen après-ski, un circuito debe tener un gran entretenimiento después de la carrera. Madrid se va a colocar en primera línea: la oferta gastronómica es increíble, el clima en septiembre es suave y la fiesta es imbatible”.

Un urbano estrecho, duro y sin perdón

Madring es un circuito urbano en toda regla: parte de vías públicas, parte de trazado construido ex profeso. Al pisar el asfalto, la sensación es de encierro. Los muros se cierran a ambos lados, la pista parece angosta, casi hostil. A simple vista, adelantar se antoja una misión casi imposible.

“Desde el punto de vista del piloto es un circuito duro”, avisa un entusiasmado García Abad. “Veintidós curvas, subidas y bajadas, curvas peraltadas… El circuito está adaptado a las nuevas regulaciones de la F1. Hablé con Charles Leclerc y me dijo que era un trazado increíble. En carrera habrá oportunidades de adelantar, pero no serán gratis. Hablamos de gladiadores, de los mejores pilotos del mundo”.

Varios de ellos ya han probado el asfalto madrileño en test de Fórmula 3. Bruno del Pino, piloto local de F3, lo resume con una palabra: filo. “Va a ser muy al límite. Siempre estás en el borde, las curvas son rápidas y los muros están cerca. Es como Jeddah, pero más difícil”, describe. “En Monumental ves tanto ángulo que parece que no se acaba nunca. La primera vez, la ves subir recta y sientes que vas a salir volando fuera del circuito. Para nosotros es plana por la carga aerodinámica, no es realmente una curva, pero la combinación anterior de las curvas 10 y 11 es de alta velocidad y muy cerca del muro. Más de uno lo va a besar”.

El británico Freddie Slater, también en F3, va un paso más allá: “Una vuelta en Madrid es pura adrenalina, es uno de los mejores circuitos del calendario, si no el mejor. Tiene carácter, tiene baches, subidas y bajadas. Es un poco más ‘old school’.”

Madrid quiere más que un Gran Premio

García Abad lo tiene claro: el veredicto no lo dictará el trazado, sino la grada. “No solo Madrid necesita a la F1, quizá la F1 también necesita a Madrid. Estamos invirtiendo dinero para crear una experiencia dentro de una ciudad”, sostiene. “El futuro del campeonato va en esta dirección: hay que cuidar a clientes y espectadores. Ellos son nuestro futuro”.

La F1 llega a la capital de la Champions para disputarle, por unos días, el centro del escenario al balón. El Bernabéu seguirá siendo el templo del gol. Pero a unos kilómetros, en un antiguo recinto ferial convertido en circuito, otro tipo de héroes se preparan para entrar en escena.

La cuestión es sencilla y brutal: ¿se enamorará Madrid del rugido de los motores tanto como del grito de gol?