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Florian Wirtz y su futuro en Liverpool: La presión aumenta

Florian Wirtz llegó a Liverpool para ser el eje del proyecto, la pieza diferente, el futbolista por el que merece la pena romper la hucha. Dos veranos después, el relato es muy distinto: el club no puede esperar eternamente a que encienda la chispa y, según las voces más autorizadas, quizá solo tenga esta segunda temporada para demostrar que su fichaje no fue un error de cálculo.

Didi Hamann, excentrocampista del club y campeón de la Champions con el Liverpool, no disimula su preocupación. En declaraciones a GOAL, el alemán va directo al grano sobre lo que necesita Wirtz en esta campaña y cuándo podrían dispararse los rumores de salida: “Tiene que empezar a jugar bien. Tiene que empezar a influir en el juego”.

El diagnóstico es tan sencillo como incómodo.

Un talento que flota, sin jerarquía en el vestuario

Hamann describe a Wirtz como “un jugador que flota”, un futbolista que todavía no se ha ganado ese respeto interno que permite ciertas licencias en un equipo grande. El tipo de estrella a la que los compañeros le perdonan que defienda menos porque, cuando recibe diez balones, en seis, siete u ocho pasa algo.

Con Wirtz, por ahora, no es así.

En lugar de ser el faro ofensivo, el alemán se ha convertido en un trabajador incansable… hacia atrás. “Ahora está trabajando muy duro yendo hacia atrás. A veces hace demasiado. Quiere ayudar al equipo porque ve que no está influyendo en el juego hacia adelante”, apunta Hamann. El problema, para él, es de equilibrio: el esfuerzo defensivo no compensa la falta de impacto en los metros finales.

Y ahí está el punto clave: Wirtz no fue fichado para recuperar balones. Su misión es otra. “No está ahí para ganar balones, está ahí para dar asistencias y marcar goles”, recuerda el exjugador del Liverpool. La pasada temporada, según su análisis, solo hubo “un puñado de partidos” en los que realmente cumplió con ese papel. Para un fichaje de ese calibre, “simplemente no es suficiente”.

El reloj corre… y la Premier no perdona

La adaptación al fútbol inglés siempre se utiliza como coartada. La liga es más física, más exigente, más rápida. Hamann lo reconoce, pero no lo compra como excusa eterna. Recuerda el caso de Juan Sebastián Verón, que aterrizó como uno de los mejores centrocampistas del mundo y solo aguantó una temporada antes de regresar a Italia. “Algunos simplemente no pueden hacerlo o no quieren hacerlo”, sentencia.

Con Wirtz, Hamann confiesa que al principio fue paciente. Los dos o tres primeros meses pedía calma: “Es demasiado bueno para fracasar”, pensaba. Pero cuando pasó la Navidad y el rendimiento no despegó, su percepción cambió. “Dije: ya no creo que vaya a romperla, porque ha pasado demasiado tiempo. Las expectativas no bajan”.

La nueva temporada no ha empezado mejor. Sustituido de nuevo en el primer partido a la hora de juego, el margen se estrecha. Hamann marca un plazo claro: “Si no empieza a influir en los partidos en las próximas tres o cuatro semanas, para cuando llegue el parón de selecciones, que este año es más largo, tendremos mucho papel, muchos debates sobre si el club debió ficharlo, que obviamente ya es tarde porque está ahí. Y quizá él pensando: ‘bueno, quizá esto no es para mí’”.

La conclusión es contundente: “Algo va a pasar”. Para un jugador de “esa magnitud, de ese estatus” y por el dinero que costó, la producción actual es insuficiente. Si el escenario no cambia, Hamann no descarta que el club tenga que buscar “una solución” incluso en el mercado de invierno.

¿Enganche o falso extremo? El debate que no tapa el problema

El caso Wirtz arrastra, además, una discusión táctica que no se apaga: ¿es un clásico número 10 o rinde mejor partiendo desde la izquierda y entrando hacia dentro? La duda recorre los análisis desde que llegó a Inglaterra.

Hamann, sin embargo, se niega a usar la pizarra como coartada. Recuerda que se habló maravillas de él en los entrenamientos, pero para él hubo un momento en que alguien en el club debió trazar una línea clara. “Después de Navidad, alguien tendría que haberle dicho: ‘Escucha, o lo haces, o en verano, según lo que pase en el Mundial, tenemos que encontrar una solución’. No pueden esperar para siempre”.

El plan inicial era que Wirtz fuera “el hombre” sobre el que girara todo. Un año antes, el propio Hamann ya había comentado que el entrenador lo veía como un número 10. Hoy, su visión es distinta: no es una cuestión de banda o mediapunta, sino de impacto. “No le echaría la culpa a la posición en la izquierda”, subraya.

Si un 10 no genera ocasiones ni marca suficientes goles, la consecuencia es obvia en un grande: otro ocupa su sitio. Más ahora, con la llegada de Bradley Barcola, que aprieta aún más la competencia en los puestos ofensivos. “Es una situación complicada para los jugadores en Inglaterra”, admite Hamann, aludiendo a la presión y a la velocidad con la que cambia el estatus de una estrella.

Un invierno que ya asoma en el horizonte

Liverpool apostó fuerte por Wirtz para que fuera un líder de largo recorrido en Merseyside. Hoy, el relato se ha torcido: el alemán ya no pelea solo por ser el protagonista del proyecto, sino por asegurarse que su etapa en Anfield no se reduzca a un paréntesis de dos años.

El calendario marca semanas decisivas. Si su juego no despega antes del próximo parón internacional, la conversación dejará de girar alrededor de qué posición le viene mejor y pasará a una pregunta mucho más incómoda: ¿es Florian Wirtz realmente el jugador sobre el que se puede construir el futuro del Liverpool, o será uno de esos talentos que la Premier se traga sin mirar atrás?