La FAI protege a los jugadores ante el dilema de Israel
La Federación de Fútbol de Irlanda (FAI) camina sobre una cuerda floja. Por un lado, la presión social y política para boicotear los dos partidos de la UEFA Nations League contra Israel. Por el otro, el miedo a unas sanciones de UEFA que, según su director de fútbol, John Martin, podrían golpear de lleno el futuro del fútbol irlandés.
En medio de ese fuego cruzado, un mensaje claro: no cargar el peso de la decisión sobre los futbolistas.
Partidos que nadie quiere jugar
El calendario no entiende de controversias. La selección de Heimir Hallgrimsson tiene previsto enfrentarse a Israel el 27 de septiembre en Debrecen, Hungría, en condición de “visitante”, y el 4 de octubre en Backa Topola, Serbia, en el duelo que figura como “local”.
En julio, una moción para seguir adelante con esta doble jornada fue aprobada en una asamblea general extraordinaria de la FAI: un 68% de los delegados votó a favor de cumplir con los partidos, frente a un 32% en contra. La decisión institucional quedó tomada, pero el debate no se apagó.
La federación ya confirmó que no habrá entradas para aficionados irlandeses. El encuentro de “casa” se disputará a puerta cerrada, mientras que en el choque de septiembre solo podrán asistir seguidores israelíes. Un escenario frío, casi clínico, para dos partidos rodeados de tensión.
La presión, sin embargo, no va dirigida a la grada. Se dirige a la FAI y, cada vez con más fuerza, a los propios jugadores, a quienes distintos sectores reclaman que se planten y no disputen los encuentros.
“La decisión es nuestra, no de los jugadores”
En declaraciones a RTÉ Sport, John Martin asumió el foco y trató de sacar a los futbolistas del centro del huracán.
“Es muy duro para los jugadores”, admitió, subrayando que en un entorno de rendimiento “siempre recae todo sobre ellos”. Esta vez, insiste, no debería ser así. La elección de jugar o no jugar no nació en el vestuario, sino en los despachos.
Martin remarcó que la decisión corresponde a la asociación, a su junta y a su ejecutiva. Señaló directamente a sí mismo y al CEO de la FAI, David Courell, como responsables del camino elegido. Acepta que las críticas vayan hacia ellos, no hacia quienes saltan al césped.
“Tenemos que proteger a los jugadores y cuidarlos”, recalcó. Su mensaje es nítido: la opinión pública puede cuestionar a los dirigentes, pero no convertir a los internacionales en diana de un conflicto que no han gestionado ni provocado.
El choque entre principios y supervivencia deportiva
Martin no disimula su incomodidad con la situación. Reitera que, en el plano moral y humano, preferiría no disputar los encuentros. La FAI ya ha dejado constancia de que no desea jugar contra Israel en este contexto. Sin embargo, el miedo a las posibles sanciones deportivas y económicas de UEFA pesa como una losa.
Ahí se abre la grieta. Para buena parte de las voces críticas, la única postura coherente es negarse a jugar. Para Martin, el punto de ruptura está precisamente ahí: comparte muchas de las preocupaciones y argumentos de quienes piden el boicot, pero no la conclusión final.
Su lectura es pragmática. No se trata solo de dos partidos, sino del impacto que una incomparecencia podría tener sobre todo el ecosistema del fútbol irlandés: selección absoluta, categorías inferiores, clubes, financiación, imagen internacional. “Es por el fútbol irlandés que jugaremos”, viene a decir.
Elección individual, respaldo colectivo
Dentro de ese marco, la FAI se compromete a respetar la decisión personal de cada jugador. Martin subraya que nadie será forzado a acudir a la convocatoria. Quien no se sienta cómodo, tendrá la puerta abierta para ausentarse.
Ahí entra en juego la figura de Heimir Hallgrimsson. Martin lo define como un “fantástico” seleccionador y gestor de grupo, y confía en que será él quien administre con sensibilidad cada caso, cada conversación, cada duda.
La federación insiste en que el deber de protección hacia el futbolista no empieza ni termina con este conflicto. Recuerda que siempre deben ser conscientes del entorno en el que compiten y del impacto que ese contexto tiene sobre ellos. Sin embargo, también asume que, una vez ruede el balón, la atención volverá a colocarse inevitablemente sobre los que están en el césped.
Martin solo espera que la opinión pública entienda que los jugadores “siguen la línea marcada por la asociación”, en lugar de verlos como protagonistas de una decisión política que no les pertenece.
Bajo lupa por el caso Shamrock Rovers
Mientras la polémica por Israel domina los titulares, otro frente se abre en el despacho de Martin. The Sunday Times ha informado de que la FAI investiga posibles incumplimientos de normas sobre propiedad de terceros relacionados con jugadores de Shamrock Rovers, Michael Noonan y Alex Noonan.
El detalle incómodo: Martin era CEO de Shamrock Rovers cuando se firmaron los acuerdos ahora bajo revisión.
Hoy, ya como alto cargo de la FAI, se encuentra en una posición delicada. La federación ha iniciado una investigación para determinar si se infringieron reglas de la FIFA, pero Martin no forma parte del equipo que lleva el caso. Se trata de evitar cualquier conflicto de interés evidente.
Él, por su parte, niega haber recibido petición alguna para apartarse temporalmente de su cargo mientras dura el proceso. Afirma que está “muy cómodo” con su etapa en Tallaght Stadium y que desea que la revisión concluya cuanto antes.
El origen del caso está en una denuncia presentada a la Federación inglesa por la madre de Michael Noonan, referida a acuerdos con agentes. Shamrock Rovers anunció después que trabaja con la FIFA para revisar dos contratos y negó que el club sea el foco principal del procedimiento. El asunto ha regresado ahora a la FAI, que recaba documentación para esclarecer los hechos.
Martin mantiene un discurso firme: se declara tranquilo, evita entrar en detalles y asegura que no está preocupado. Insiste en que ha sido “digno, profesional y respetuoso” con el club y con el proceso, y que piensa seguir así. No quiere ver a figuras del fútbol irlandés atacándose públicamente, porque eso, a su juicio, erosiona la percepción del juego en el país.
Entre la tormenta política de los partidos contra Israel y la investigación que salpica a su antigua casa en Shamrock Rovers, el director de fútbol de la FAI se mueve en un terreno minado. La próxima vez que Irlanda salte al campo, la pregunta no será solo quién juega o quién se queda fuera de la lista. Será qué coste está dispuesto a asumir el fútbol irlandés por las decisiones que se toman lejos de la línea de banda.






