Estados Unidos aplasta a Hungría y avanza a semifinales de la Copa del Mundo
BERLÍN — La selección de Estados Unidos no solo ganó. Arrolló. Aplastó a Hungría por 108-56 y se metió en las semifinales de la Copa del Mundo femenina de FIBA con una exhibición que rozó la perfección ofensiva y volvió a dejar claro quién manda en el baloncesto mundial.
Ahora espera rival: saldrá del duelo entre España y Australia. En la otra parte del cuadro, Francia se mide a China y Bélgica al país anfitrión, Alemania. Pero la sensación, una vez más, es que todo el mundo juega su torneo… y Estados Unidos el suyo.
Una máquina en marcha desde el salto inicial
El partido quedó prácticamente sentenciado en diez minutos. El equipo estadounidense salió disparado, con un ritmo imposible de igualar para Hungría, y cerró el primer cuarto con un demoledor 36-12. Cada pérdida de las europeas se convertía en una bandeja. Cada desajuste en defensa, en un castigo inmediato cerca del aro.
Napheesa Collier marcó el camino. Anotó 19 puntos y firmó un inicio dominante, con 10 de ellos solo en el primer cuarto, imponiéndose en la pintura y castigando cualquier emparejamiento. A su alrededor, una rotación profunda, generosa con el pase y despiadada con la ventaja.
La estadística lo dice todo: Estados Unidos encestó 20 de sus primeros 26 tiros (un 77% de acierto), con cinco de seis en triples, para abrir un abismo de 50-18 con seis minutos por jugarse aún de la primera mitad. Cuando sonó la bocina del descanso, el marcador ya reflejaba un 59-30 histórico: la mayor anotación en una primera parte de un partido de eliminación directa para el equipo en una Copa del Mundo, según datos de FIBA.
Récords, química y un mensaje claro
No fue solo una paliza. Fue una clase magistral de circulación de balón. Estados Unidos repartió 31 asistencias, la cifra más alta jamás registrada en unos cuartos de final del torneo. Un dato que encaja con la filosofía que describió Kahleah Copper, autora de 10 puntos:
“Cuando el balón se mueve, queremos conseguir el mejor tiro posible. Queremos asegurarnos de que todo el mundo participe. Todas aquí sabemos lo que hacemos en nuestros respectivos equipos de la WNBA. Pero cuando vienes aquí, sacrificas un poco de eso”, explicó.
Ese sacrificio se vio en cada posesión: renunciar a un buen tiro para encontrar uno excelente. La jugada que cerró el primer cuarto lo resumió a la perfección. Caitlin Clark y Angel Reese ejecutaron un pick and roll de manual, culminado justo sobre la bocina, que encendió el banquillo y retrató la química creciente entre dos de las figuras más observadas del torneo.
Clark rozó el doble-doble: 10 puntos y nueve asistencias, a una sola entrega de firmar el segundo de su Mundial. Mandó, aceleró cuando tocaba, frenó cuando el partido lo pedía y se encargó de que el ataque nunca perdiera el compás.
Dominio histórico y una racha que asusta
La victoria no se entiende solo por el marcador. Se enmarca en una racha que ya es legendaria: 34 triunfos consecutivos en la Copa del Mundo, desde aquella derrota ante Rusia en las semifinales de 2006. Desde entonces, nadie ha logrado apartar a Estados Unidos del camino. Y el equipo no falla a una ronda de medallas desde 1983, año en el que se instauró el actual formato.
Cada torneo refuerza la sensación de continuidad. Cambian los nombres, cambian las estrellas, pero la estructura competitiva se mantiene intacta. Este grupo, con Collier, Clark, Reese, Copper y compañía, está escribiendo su propio capítulo dentro de una tradición que no admite relajaciones.
Defensa implacable, susto pasajero
Con semejante despliegue ofensivo, la defensa podría haber pasado a un segundo plano. No fue el caso. Estados Unidos desactivó por completo a la gran referencia húngara, Dorka Juhasz, jugadora de Minnesota Lynx en la WNBA. Llegaba al duelo promediando 15,3 puntos y 11 rebotes en el torneo. Salió de la pista con solo dos puntos, un pobre 1 de 12 en tiros de campo y un gesto de frustración evidente.
Juhasz falló sus siete primeros lanzamientos y no vio su primer balón dentro hasta que quedaban 2:26 para el descanso. Para entonces, el partido ya se había escapado definitivamente de las manos de Hungría.
El único momento de inquietud para Estados Unidos llegó en el tercer cuarto. Sonia Citron tuvo que abandonar la pista tras recibir un golpe accidental en la nariz con la mano de una jugadora húngara. El gesto de dolor encendió las alarmas, pero reapareció al inicio del último periodo, para alivio del cuerpo técnico y del banquillo.
Hungría se despide con su mejor Mundial
El marcador final no cuenta toda la historia de Hungría. El equipo firma su mejor actuación en una Copa del Mundo al alcanzar por primera vez los cuartos de final bajo este formato. En 1957 terminó en quinta posición, pero entonces el torneo se disputaba en liguilla, sin rondas de eliminación directa.
Esta vez, el techo fue Estados Unidos. Un muro demasiado alto, demasiado rápido, demasiado profundo.
El torneo, sin embargo, deja a Hungría un listón renovado y una referencia clara de lo que exige competir al máximo nivel. A Estados Unidos, en cambio, le plantea otra pregunta: ¿quién se atreve a discutirle el trono en estas semifinales que se acercan a toda velocidad?






