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Emma Raducanu y el camino de regreso a la cima con Andre Agassi

Emma Raducanu busca el camino de regreso a la cima con un viejo conocido del tenis como brújula: el libro de Andre Agassi.

Han pasado cinco años desde aquella irrupción salvaje en el US Open, cuando con 18 años se convirtió en la primera jugadora de la era Open que, partiendo de la fase previa, conquistó un Grand Slam. Desde entonces, la británica ha vivido más en carne propia el otro lado del deporte: lesiones, interrupciones, dudas, una caída lenta pero constante en el ranking. Y ahí aparece Agassi.

Un espejo en la caída de Agassi

El estadounidense también fue un prodigio precoz. Ganó el primero de sus ocho grandes en Wimbledon 1992, con 22 años, y parecía destinado a dominarlo todo. Sin embargo, entre sus picos de gloria atravesó un desierto: cuatro años sin títulos de Grand Slam, hundido hasta el puesto 141 del mundo.

Ese tramo es el que ha atrapado a Raducanu en la autobiografía de 2009 del ex número uno.

«Me intrigó especialmente el pasaje en el que sale de su bache a finales de los 90 creando su propio plan de entrenamiento y encontrando el camino de vuelta a la cima», explicó Raducanu a Uniqlo. «Habla en profundidad de sus primeros éxitos y de los bajos a los que llegó, quizá como consecuencia de ellos. Mucho de eso me resultó muy cercano».

Agassi escribió su historia con un objetivo claro: que sirviera a otros que se sintieran perdidos en medio de la vorágine del circuito.

«Es maravilloso escuchar que alguien puede sentirse identificado», dijo Agassi en BBC Breakfast. «Literalmente, la esperanza era que si una persona lo leía y le daba esperanza, algunas herramientas para entender que no está sola, que puede encontrar la manera y llegar a un lugar más sano sin tener que dirigir su frustración contra el tenis, entonces para mí ya era un éxito. Así que escuchar que 17 años después todavía puede impactar a alguien, especialmente en este deporte, me hace sentir bien».

De top 10 a pelear con el cuerpo

Raducanu llegó al número 10 del mundo en julio de 2022. Hoy, con 23 años, figura en el puesto 98. La clasificación cuenta una parte de la historia. Su cuerpo, la otra.

Una fractura por estrés en la parte baja de la pierna derecha la dejó fuera del último US Open. Antes, una lesión en el pie había trastocado toda su pretemporada. Y este mismo año se vio obligada a pasar dos meses y medio alejada de la pista por una enfermedad post-viral.

Cuando por fin encadena semanas sanas, el tenis vuelve a aparecer. En junio, en Queen’s Club, firmó una de las mejores semanas de su carrera desde aquel título en Nueva York: alcanzó su final más importante en cinco años. Una chispa en medio de un trayecto irregular, pero una señal de que el juego sigue ahí.

El consejo de un hombre que tocó fondo

Agassi lo ganó todo: los cuatro Grand Slams y el oro olímpico individual en los Juegos de 1996. También sabe lo que es mirar el abismo desde dentro.

Preguntado por el consejo que le daría a Raducanu, fue directo: «La animaría a centrarse en ser la mejor versión de sí misma cada día, pero sin juzgarlo por los resultados ni pensar que de algún modo tiene que estar al 100%. Tienes que aprender a ser el 100% de lo que sea que tengas ese día y estar cómoda con tu propia identidad dentro de eso, no con lo que diga la gente».

Luego, una reflexión muy de época: «En mis tiempos, podía simplemente dejar el periódico y no leerlo. Ahora parece más difícil para estos chicos evitarlo». La presión ya no se apaga cerrando una página; viaja en el bolsillo, en cada notificación.

El peso de los padres, el miedo y la liberación

Para Agassi, el tenis nunca fue un amor infantil. Fue una imposición. Su padre, obsesionado con convertirlo en el mejor, lo presentaba ante los demás como el futuro número uno del mundo. Ese lastre se transformó en miedo.

Jugaba encogido, atrapado por una expectativa ajena. Solo cuando cayó del número uno al 141 empezó a reconectar con el deporte, con algo parecido al disfrute. En esa etapa creó también una fundación para ofrecer educación a niños desfavorecidos. Desde ese nuevo lugar, afirma, llegó su tenis más libre.

«Tuve más éxito desde ese punto en adelante que cuando jugaba desde el miedo», recuerda. Y deja un mensaje claro a los padres que sueñan por sus hijos: «Lo primero que aconsejaría a un padre es que piense que no es su vida, es la de su hijo. Crías a un niño a su manera y nunca se apartará de ella. Solo tienes que descubrir cuál es esa manera».

Ese tipo de mirada, más amplia que el marcador, es la que ahora persigue Raducanu, atrapada entre el recuerdo de un título precoz y la exigencia de repetirlo.

Un capitán en Londres y una lección para una generación

Agassi estará esta semana en Londres como capitán de Team USA en la Laver Cup, que se disputará en The O2 del 25 al 27 de septiembre. Un torneo de exhibición, sí, pero con un peso simbólico evidente: estrellas que se vacían fuera del circuito oficial porque el evento lo merece.

«El tenis es una especie de rueda de hámster; el hecho de que estos chicos hagan hueco en su calendario para jugar este evento increíble te dice lo grande que es», apuntó. «Obviamente jugamos contra Team Europe, en Europa, así que no sé dónde tendrá el corazón el público. Pero sé una cosa: van a ver tenis espectacular».

Mientras Agassi dirige desde el banquillo y repasa, quizá, las páginas que hoy inspiran a Raducanu, la británica sigue intentando algo mucho más complejo que ganar otro grande: aprender a convivir con su propia historia sin que la devore.