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Elena Rybakina asegura el número uno del mundo tras remontar en Nueva York

Elena Rybakina no solo ganó un partido. Ganó un lugar en la historia. La kazaja, de 27 años, firmó una remontada de carácter ante la campeona olímpica Zheng Qinwen y se garantizó, por primera vez en su carrera, el número uno del ranking mundial.

En el imponente Arthur Ashe Stadium, Rybakina se impuso por 3-6, 6-1, 6-4 en dos horas y 14 minutos, un triunfo trabajado, áspero por momentos, que la catapulta a las semifinales del US Open y la coloca por encima de Aryna Sabalenka en la clasificación de la próxima semana. Será la primera jugadora de Kazajistán en reinar en la WTA. La trigésima número uno de la historia.

“Es solo un número ahora mismo”, explicó después, intentando rebajar el ruido. “Por supuesto que estoy en semifinales. Es un logro increíble, pero durante el partido siento que solo necesito concentrarme en mi juego”. El discurso es prudente, la realidad es enorme.

De la sombra al control

El inicio fue un problema. Y serio. Rybakina, que había disputado todos sus partidos anteriores en Nueva York en sesión nocturna, entró fría al duelo. El sol, las sombras sobre la pista, la hora temprana… todo le jugó en contra. Ella misma lo reconoció: “No empecé bien, estaba demasiado negativa. En mi cabeza me quejaba de la sombra…”.

Zheng lo aprovechó con la determinación de una campeona olímpica que ha pasado por el quirófano y por el vacío del ranking. La china, de 23 años, golpeó primero. Rompió en el octavo juego, se colocó 5-3 y se aferró a su servicio en un noveno juego maratoniano, de 14 minutos, en el que salvó cinco bolas de ‘break’ con un repertorio de recursos: un ace, un revés ganador paralelo, un servicio ganador y varios errores de resto de Rybakina. Cerró el set en su cuarta bola de manga, cuando la kazaja envió largo un resto de derecha.

Rybakina estaba contra la pared. Otra vez. Hasta hoy, cada vez que había perdido el primer set en el US Open, había acabado eliminada: 0-6 en esa situación. La estadística la miraba de frente.

Esta vez no se dejó intimidar.

El giro del partido

La reacción fue inmediata. Rybakina abrió el segundo set con dos aces consecutivos. Un gesto, un aviso. A partir de ahí cambió el tono del duelo. Rompió el servicio de Zheng para el 2-0 con una derecha ganadora y, cuando la china dispuso de una bola de ‘break’ para volver al set, la kazaja la borró también con la derecha, camino del 4-1.

La segunda cabeza de serie había encontrado su rango. Mandó con el saque, castigó con la derecha y acortó los intercambios largos que tanto la habían lastrado en la primera manga. Volvió a romper para el 5-1, otra vez con un derechazo ganador, y aseguró el tercer set con un juego sólido al servicio. El 6-1 fue contundente. El partido ya no era el mismo.

Zheng, que había llegado a Nueva York tras casi ocho meses fuera por una operación de codo y que arrancó el torneo desde la fase previa, empezó a sentir el desgaste de siete victorias consecutivas. Llegó al US Open como número 121 del mundo; saldrá, al menos, dentro del top 60. Su campaña en Flushing Meadows es, objetivamente, un éxito. Pero en la pista central, en ese momento, la inercia había cambiado de lado.

Un tercer set de detalles

El set definitivo se jugó al límite. Cada turno de saque pesaba. Zheng salvó una bola de ‘break’ en el quinto juego. Rybakina hizo lo propio en el octavo. 4-4. Tensión pura.

Ahí, en el noveno juego, llegó el error que marcó la noche para Zheng: una doble falta en el momento más delicado. Entregó el servicio y dejó a Rybakina sirviendo para el partido. La kazaja no titubeó. Cerró el triunfo, aseguró su pase a semifinales y, con él, el número uno del mundo.

“Fue muy duro. No empecé de la mejor manera. Estaba sufriendo un poco. Entramos en peloteos largos y cometí errores. Intentaba ser más agresiva porque sentía que no estaba empujando lo suficiente”, analizó Rybakina. Esta vez, la agresividad correcta llegó a tiempo.

Un número uno con peso de Grand Slam

El ascenso de Rybakina no es un golpe aislado. Es la consecuencia de una trayectoria que ya suma dos títulos de Grand Slam: Wimbledon 2022 y el Open de Australia de este año. En Nueva York persigue el tercero, ya con la certeza de que, pase lo que pase, se convertirá en la nueva reina del circuito.

“Es algo de lo que vas a estar muy orgullosa cuando termines el año”, admitió. “No importa cuánto tiempo te quedes ahí, es un logro y me siento muy orgullosa”.

Su victoria en cuartos también barrió las opciones de número uno de Sabalenka, Coco Gauff y Jessica Pegula. Las cuatro llegaban a esta edición con posibilidades matemáticas de salir de Flushing Meadows en lo más alto. Solo Rybakina lo consiguió. Sabalenka y Pegula se jugarán el otro billete a la final en la segunda semifinal del jueves.

Del lado de Rybakina, el siguiente obstáculo saldrá del duelo entre Gauff, cuarta del mundo y dos veces campeona de Grand Slam, y Mirra Andreeva, la campeona vigente de Roland Garros, número cinco del ranking y apenas 19 años. Un cuadro duro, sin respiro.

El orgullo de Zheng y la huella del torneo

Zheng se quedó a las puertas de sus primeras semifinales en el US Open. Su mejor resultado en un grande sigue siendo la final del Open de Australia 2024, perdida, pero su paso por Nueva York deja señales de reconstrucción.

“Quizá cuando ella sacaba segundo saque podría haber sido más agresiva a veces y cometer un poco menos de errores al resto”, reconoció. “Hoy solo fueron unos pocos puntos los que marcaron la diferencia. Tuve muchas oportunidades en el tercer set, pero no las aproveché. Es una pena perder este partido, pero obviamente puedo sacar cosas positivas de este US Open”.

Su balance frente a Rybakina se inclina aún más del lado de la kazaja: 5-1 en el cara a cara, con tres victorias este año para la futura número uno. La china, eso sí, abandona Nueva York con la certeza de que su tenis sigue ahí, pese a la operación y al largo parón.

Rybakina, por su parte, despeja otra duda: no mostró rastro alguno de la lesión de pie que condicionó su preparación para el torneo. Se movió con soltura, aguantó los intercambios largos y mantuvo la intensidad hasta el último punto.

Ahora, con el número uno ya asegurado y las luces del Arthur Ashe apuntando directamente hacia ella, la pregunta es otra: ¿se conformará con el trono del ranking o convertirá esta semana en Nueva York en el escenario de su tercer Grand Slam?