Elena Rybakina derrota a Aryna Sabalenka en la final del US Open
Elena Rybakina dinamitó el sueño de la triple corona de Aryna Sabalenka en el US Open. En una final cargada de tensión en Flushing Meadows, la kazaja se impuso por 6-4, 5-7 y 6-2 y se llevó un título que cambia el paisaje de la cima del tenis femenino.
No fue una final más. Fueron las dos mejores del mundo, cara a cara, en un duelo que se jugó tanto con la raqueta como con los nervios.
Una campeona desbordada por sus errores
Sabalenka entró a la pista con la aureola de dominadora del torneo, pero pronto empezó a pelear también contra sí misma. El primer set cayó del lado de Rybakina, más limpia, más fría, mientras la bielorrusa acumulaba errores no forzados y miradas de frustración hacia su banquillo.
En el segundo parcial, la tensión se hizo visible. Cada fallo de Sabalenka pesaba el doble. Le costaba encontrar respuestas rápidas para cortar el ritmo de su rival, que se adueñaba de los intercambios largos y manejaba el partido con autoridad. Aun así, la número uno mundial se aferró al encuentro, apretó con el saque y, a base de pura insistencia, logró forzar el tercer set. Un gesto de orgullo, más que de control.
Pero el esfuerzo tuvo un precio. La tercera manga fue un monólogo de Rybakina. Mandó con el primer servicio, castigó cada bola corta y abrió huecos en la pista hasta encaminarse hacia la línea de meta. Sabalenka ya no encontraba ni el tiempo ni la calma para reaccionar.
El ace que lo decidió todo… y la raqueta volando
El desenlace fue tan contundente como simbólico. Rybakina cerró el partido con un ace directo por el centro. Punto de campeonato, título y un cheque de 7,6 millones de dólares australianos. La Arthur Ashe explotó. Ella se giró hacia su equipo, brazos en alto, celebrando un triunfo mayúsculo.
Al otro lado de la red, Sabalenka soltó por fin toda la rabia acumulada: lanzó la raqueta con violencia a través de la pista. El impacto fue suficiente para romperla. Instante crudo, desnudo, que lo decía todo sobre cómo había vivido la final.
“Eso es lo que Aryna Sabalenka pensó de esa actuación. Rota, destrozada”, describió el extenista australiano Todd Woodbridge en la retransmisión de Nine. Y fue más allá: “Es algo que claramente todavía no tiene controlado, las emociones en los grandes partidos. Nunca es fácil perder, no hay duda. Pero le dejó saber a su rival en el segundo set que estaba sintiendo el calor. Los grandes campeones no suelen comportarse así”.
Después del estallido, llegó el abrazo. Sabalenka recogió los restos de la raqueta, caminó hacia la red y se fundió en una breve, correcta, felicitación con Rybakina. El contraste era evidente: una campeona en pleno ascenso, otra luchando por gobernar sus propios demonios.
Lágrimas contenidas y una promesa
La ceremonia de premios dejó una imagen distinta de Sabalenka. Con la voz quebrada y tratando de contener las lágrimas, se dirigió al público como subcampeona.
“Gracias a todos por su apoyo. Fue increíble jugar este torneo con ustedes”, comenzó, con sinceridad pero sin esconder la decepción. “Estoy decepcionada, pero quiero felicitar a Elena por un gran año. Ojalá hubiera podido rendir un poco mejor, pero supongo que siempre quedará el año que viene”.
Un mensaje corto, honesto, que sonó a compromiso con el futuro más que a consuelo inmediato.
Rybakina, una colección de grandes escenarios
Mientras Sabalenka procesaba el golpe, Rybakina añadía otra pieza de peso a un palmarés que ya empieza a intimidar. Este US Open es su tercer título de Grand Slam. En enero levantó el trofeo del Australian Open. En 2022 conquistó Wimbledon. Solo le falta Roland Garros para completar el círculo.
“Es difícil encontrar palabras ahora mismo, no esperaba nada de esto al venir a este torneo”, admitió tras recibir el trofeo. Recordó que había llegado a Nueva York lidiando con una lesión en el tendón de Aquiles. Aun así, todo se alineó.
“Aryna, eres una gran campeona, me empujas a límites enormes”, le dedicó a su rival, reconociendo el nivel del pulso que acababan de protagonizar.
Rybakina también se rindió al escenario: “Es increíble, me estoy enamorando de Nueva York cada vez más. Esta atmósfera es simplemente increíble y ahora mismo no se siente real”.
No lo parecía. Pero el trofeo en sus manos y la mirada perdida de Sabalenka al fondo de la pista confirmaban la nueva realidad del circuito.
El US Open femenino ya tiene nueva reina. Y mientras el torneo se prepara para la final masculina entre Ben Shelton y Alexander Zverev, la pregunta queda flotando en el aire: ¿quién va a frenar ahora el impulso de Elena Rybakina en los grandes?






