Duleep Trophy: East Zone toma el control en la final
En Chennai, el primer día de la final de la Duleep Trophy terminó con una sola certeza: East Zone ha tomado el control del partido. Y lo ha hecho con la autoridad de un equipo que sabe que este puede ser su torneo.
Marcador al cierre: 385/4 en 79 overs.
Pero los números, por sí solos, no cuentan la historia completa de cómo South Zone fue empujada contra las cuerdas, primero por sus propios errores de longitud y luego por la brutal claridad de propósito de Ishan Kishan.
Un capitán en modo statement
Kishan, que empezó la jornada tomando una decisión valiente en el sorteo —batear primero, con algo de humedad aún en el terreno— la cerró con una actuación que encaja perfectamente con la responsabilidad del brazalete. Se fue a los vestuarios invicto en 111 de 135 bolas, su décimo siglo en First Class, alcanzado con un golpe que resumió toda su tarde: un límite para cerrar la cuenta, agresivo, limpio, sin titubeos.
No fue un ascenso lineal. Kishan entró cuando el partido pedía cabeza fría. East Zone, que había arrancado con un vendaval, se había frenado tras perder a los dos abridores y luego a su número tres. Del 98/0 al 88/3 hay un mundo en una final. Él se encargó de cerrarlo.
Primero se asentó, sobrevivió a un breve parón para recibir asistencia del fisio cuando se acercaba al centenar, y luego desató su repertorio contra el plan de bolas cortas de South Zone. Golpeó con especial dureza ese recurso, castigando cualquier error de dirección, y convirtió un buen inicio en una posición de dominio.
Al llegar a 4.000 carreras en First Class con un delicado desvío de piernas ante Mohammed Siraj, el contexto quedó claro: no era solo una buena entrada de un día; era un bateador consolidado marcando territorio en una final.
El contraataque de Kushagra
Si Kishan fue la columna vertebral, Kumar Kushagra fue la corriente eléctrica que mantuvo vivo el tablero. Entró en un momento delicado, con South Zone intentando apretar tras el té, y acabó firmando 63 muy valiosos, cambiando el tono del día.
Su medio siglo llegó con agresividad y sin complejos. En los overs 69 y 70, la asociación con Kishan sumó 26 carreras: cuatro y seis para Kushagra, otro límite para el capitán, y de repente la sensación de partido equilibrado se evaporó. South Zone dejó de contener; pasó a resistir.
Kushagra no solo acompañó. Impuso ritmo. Cuando los lanzadores intentaron recurrir a variaciones y a la táctica de la bouncer, él respondió adelantando el golpe, buscando la zona profunda y obligando al capitán Tilak Varma a reordenar el campo una y otra vez. Cada ajuste parecía llegar un over tarde.
El inicio: fuego, hielo y un adolescente sin miedo
Nada de esto habría sido posible sin la plataforma inicial. East Zone salió a jugar la final como si fuera un T20 largo. Vaibhav Sooryavanshi, 15 años, vicecapitán, y Abhimanyu Easwaran, el capitán de Bengal, encarnaron el contraste perfecto.
La combinación de “fuego y hielo”, como se les describe, no tardó en justificar el apodo. Easwaran, sereno, compacto, leyendo pronto el swing de Siraj. Vaibhav, después de unos overs cautelosos, se soltó: cortes tardíos, avances por el aire sobre mid-off, golpes por cobertura. En 10 overs, el marcador ya marcaba 70/0; ambos bateadores por encima del 100 de strike rate.
Siraj, llamado a marcar diferencias con la nueva bola, se vio desbordado. Tras una serie tibia en la gira a Sri Lanka, el rápido de India volvió a sufrir: fue “llevado a la lavandería”, especialmente por Easwaran, que le conectó límites consecutivos por el lado de pierna. La pareja sumó 61 en 54 bolas y obligó a Tilak Varma a recurrir a la rotación temprana.
Tripurana Vijay entró en el octavo over, diseñado para atacar a los zurdos. No funcionó. Easwaran se adelantó y le mandó un seis enorme por long-on, hasta el punto de que el juego se detuvo cinco minutos para encontrar la pelota. En 13 overs, 91/0. En 14, el primer hito: Easwaran alcanzó su medio siglo, el primero de la final, por delante incluso del joven que estaba robándose los titulares.
Vaibhav se quedó en 44, víctima del primer golpe de South Zone: un corto de CV Milind, el zurdo se adelantó buscando el seis, la conexión no fue limpia y el sustituto Thyagarajan capturó en el fondo. 107/1 en 16 overs, pero el mensaje ya estaba enviado: East Zone no iba a jugar pequeño.
El giro del primer acto: Easwaran y la extraña corrida
South Zone necesitaba algo, lo que fuera, para meterse en el partido. Lo encontró en la forma más básica: un error de comunicación.
Con el marcador en 133/2, Abhimanyu Easwaran, en 72, tocó suave hacia el lado off y salió disparado en busca de un single. S. Mohan, en el otro extremo, respondió… y luego se frenó. Easwaran, a mitad de pista, no tuvo opción. Corrido afuera. Un regalo, pero un regalo que South Zone no podía permitirse desaprovechar.
Ese wicket, sumado al de Vaibhav, salvó la mañana para el equipo de Tilak Varma. La sensación, al descanso, era de partido abierto.
Mohan, paciencia rota en el momento justo
El relevo lo tomó Shikhar Mohan. Entró con el partido en una encrucijada y lo fue inclinando, primero con calma, luego con violencia controlada. Su medio siglo llegó de forma sobria, con un simple sencillo a punto, su cuarto fifty en First Class. Pero la entrada cambió de tono cuando decidió que ya había sido suficiente contención.
Frente a Tripurana Vijay, activó el modo ataque: un golpe por encima de la cabeza del lanzador, dos límites más en el mismo over. De 33 a 48 en un suspiro. Poco después, alcanzó su cincuenta y, ya en 48 overs, desató dos seis consecutivos contra Shreyas Gopal, uno por wide long-on, otro por long-off. De golpe, East Zone volvió a acelerar.
Mohan terminó con 85 de 120, con nueve fours y tres sixes. Su wicket, bowleado por CV Milind con el marcador en 241/4, fue el respiro que South Zone llevaba rato buscando. Pero para entonces, la reconstrucción ya estaba hecha.
El bloqueo de la tarde… y cómo Kishan lo rompió
Tras la caída de Mohan, South Zone logró, por fin, algo de control. Gopal y Vijay apretaron las tuercas, redujeron el ritmo de anotación, obligaron a Kishan y Kushagra a esperar. Hubo un tramo en el que apenas cayeron tres carreras en dos overs. El público en Chennai, que había respondido con una buena entrada pese a tratarse de un torneo doméstico, bajó el murmullo.
En 54 overs, el té llegó con 246/4. Kishan en 33, Kushagra en 4. South Zone podía, con cierto fundamento, pensar que había contenido el daño.
Esa ilusión duró poco.
Al reanudarse el juego, Kishan salió como si el descanso hubiera servido de combustible. Dos límites a Siraj, respuesta firme a la lluvia de bolas cortas, y el marcador se disparó por encima de 260. Con 277/4, un toque fino a pierna le dio los 4.000 runs en First Class. Poco después, un tirón a deep mid-wicket ante Gopal le dio el medio siglo, 50 de 72, el tercer bateador del día en alcanzar la marca.
South Zone recibió incluso una advertencia oficial por demoras entre overs. No era solo desgaste físico; era mental. East Zone ya se había instalado.
Del fifty al dominio absoluto
A partir de ahí, la entrada de Kishan cambió de registro. Con 300/4 en 67 overs, el capitán se veía cada vez más seguro. El tablero decía “plataforma”; él decidió convertirlo en “ventaja”.
En 71 overs, 331/4, con él en 72 de 98 y Kushagra en 48 de 64, la pareja se adueñó de la final. En los overs 69 y 70, esos 26 runs combinados rompieron cualquier plan de contención. South Zone, sin respuestas claras, oscilaba entre la bouncer y la espera de un error que nunca llegó.
Kishan se acercó al centenar con la misma mezcla de agresión y cálculo que había mostrado desde el principio. Un tirón perfecto a Shreyas Gopal lo llevó a 96 de 114. Hubo un pequeño susto cuando llamó al fisio, pero no hubo concesiones. Volvió a su postura, leyó el campo, esperó la bola adecuada.
En 77 overs, con 370/4 en el marcador, llegó el momento: en 99, encontró la valla con un golpe limpio. Tres cifras, su décimo siglo en First Class, sellado “en estilo”, como exige el cliché, pero esta vez con total justicia.
Cuando cayó el último over del día, el tablero marcaba 385/4. Kishan seguía allí, 111*; Kushagra, 63*, sin haber cedido el control en la fase final. East Zone había pasado de 88/3 a un dominio casi total.
Siraj, Tilak y la presión de la ocasión
Para South Zone, el día dejó más preguntas que respuestas. Mohammed Siraj, referencia del ataque, no encontró ni la longitud ni la consistencia. En la primera hora, ni él ni MD Nidheesh lograron clavar una zona incómoda para los abridores. Los cambios de longitud no surtieron efecto; el ritmo se diluyó en la falta de plan sostenido.
Tilak Varma, tan influyente con el bate en la semifinal ante North Zone, vivió una mañana incómoda como capitán. Sus decisiones de rotación llegaron tarde, sus planes contra los zurdos no cuajaron, y cuando intentó recurrir al juego mental, con ese “Kya re vice-captain?” dirigido a Vaibhav, el adolescente respondió con un cameo de 44 que incluyó un over de 4, 6, 4 a Siraj. El intercambio, eso sí, terminó con sonrisas y charla entre ambos, prueba de que la tensión no cruzó líneas.
Los spinners, Gopal y Vijay, sí ofrecieron algo de control en la fase media, pero no bastó para evitar que East Zone construyera una entrada de final.
Chennai, el escenario y lo que viene
La final vuelve a Chennai por primera vez desde 2012-13, cuando East Zone se llevó el título por ventaja en primera entrada ante Central Zone. Esta vez, todo apunta a un resultado pleno, con el spin llamado a dominar en los días cuatro y cinco. Pero antes de que la superficie se rompa, East Zone ya ha hecho el trabajo que pedía el guion: correr fuerte en el primer acto.
Con nombres como Mohammed Shami aún por aparecer con la bola y una ventaja ya sustancial en el marcador, la ecuación es clara. South Zone necesitará una respuesta monumental de su top order, con Devdutt Padikkal y el propio Tilak Varma obligados a liderar desde el primer over.
East Zone, por su parte, se ha ganado el derecho a soñar con algo más que una simple “ventaja en primera entrada”. Después de un día así, la pregunta ya no es si están en el partido.
La cuestión es si alguien, en estas condiciones, puede sacarles el control de las manos.






