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Djokovic sorprendentemente eliminado en el US Open: ¿Fin de su reinado?

La noche en Flushing Meadows dejó una imagen que nadie esperaba ver tan pronto: Novak Djokovic despidiéndose del US Open en la primera ronda, derrotado por Mariano Navone, número 48 del mundo. No fue solo una sorpresa. Fue un terremoto deportivo.

Durante semanas, el torneo se había envuelto en un relato casi épico: la que podía ser la última gran oportunidad del serbio, con 39 años, para conquistar su 25º grande. En lugar de eso, Navone lo echó del torneo a las primeras de cambio y rompió una de las rachas más imponentes de la historia reciente del tenis.

Djokovic no caía en primera ronda de un Grand Slam desde 2006. Llevaba 77 estrenos consecutivos en majors saldados con victoria. Esa secuencia, que parecía de hierro, se hizo añicos en una tarde de agosto en Nueva York.

Con esta derrota, Djokovic sale del top 10 de la ATP por primera vez desde 2018 y cae al puesto 12 del mundo.

El dato es aún más simbólico: por primera vez desde 2002, ninguno de los tres tótems de una era —Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal— figura en el top 10. Un cambio de guardia que, esta vez sí, ya no se puede maquillar.

Un rey en apuros en la carrera a las ATP Finals

La eliminación temprana en el US Open no solo hiere el orgullo. Complica seriamente el camino hacia el torneo que Djokovic ha convertido en su jardín privado: las ATP Finals.

En la clasificación general ocupa el puesto 12, pero en la Race, la carrera anual hacia Turín, la situación es aún más delicada: marcha 15º. Desde que debutó en el torneo de fin de año en 2007, solo se ha quedado fuera una vez, en 2017. Ese es el listón de exigencia que él mismo se ha impuesto.

Hoy, ese récord está en riesgo real.

Djokovic suma 2.330 puntos “live”, cimentados sobre todo en su final del Australian Open y sus semifinales en Wimbledon. No basta. Solo ocho jugadores acceden a las ATP Finals, y el octavo, Daniil Medvedev, ya se mueve en los 2.780 puntos. La brecha es clara. Y el calendario, corto.

El serbio ya no depende únicamente de su raqueta. Necesita un cierre de temporada casi perfecto… y algún tropiezo ajeno.

Shanghai, París, Pekín: las últimas balas

El margen de maniobra es estrecho, pero todavía existe. Quedan dos citas mayúsculas que pueden cambiar el guion de aquí a final de curso: el Shanghai Masters y el Paris Masters. Dos torneos, dos coronas posibles, 1000 puntos cada una para el campeón.

Ahí se juega Djokovic buena parte de su destino.

En la gira asiática también figura el China Open, donde el título reparte 500 puntos. No es un Masters, pero en el contexto actual se convierte en un botín valioso. Tres torneos grandes, tres oportunidades de pegar un puñetazo en la mesa y meterse de lleno en la pelea por Turín.

El escenario es claro: Djokovic necesita sumar fuerte y rápido. Y que algunos de los jugadores que hoy le aventajan en la Race fallen en los momentos clave. Un terreno que conoce bien, pero al que llega con menos margen que nunca.

El recuerdo del último reinado

El contraste con su última aparición en las ATP Finals no puede ser más crudo. Djokovic no ha disputado el torneo en los dos últimos años, fruto de un calendario recortado en la recta final de su carrera. Cuando se presentó por última vez, en 2023, lo hizo para arrasar.

Aquel año coronó una de sus mejores temporadas en el circuito. En Turín derrotó a Carlos Alcaraz y Jannik Sinner camino de su séptimo título en las ATP Finals, un récord absoluto. Lo hizo, además, encadenando su segundo trofeo consecutivo tras vencer a Casper Ruud en la final del año anterior.

Su relación con el torneo va más allá de los números. Djokovic es el único jugador que ha ganado las ATP Finals cuatro veces seguidas, de 2012 a 2015. Durante una década larga, el evento de fin de año fue casi sinónimo de su nombre.

Hoy, ese mismo escenario se presenta como un objetivo en duda. No por falta de talento, sino por la implacable lógica del tiempo, del ranking y de una generación que empuja con fuerza.

Djokovic aún tiene tres grandes estaciones para cambiar el rumbo: Shanghai, Pekín y París. Si no lo logra, Turín verá algo que durante casi dos décadas parecía impensable: un torneo de maestros sin su rey más dominante. Y entonces la pregunta dejará de ser si puede sumar el 25º grande, para convertirse en otra mucho más cruda: cuántas puertas de la élite se le empiezan a cerrar definitivamente.