División Suroeste: el futuro y la urgencia del ahora
La División Suroeste entra en la 2026-27 con dos caminos muy claros. Dallas y Memphis se entregan sin complejos al futuro, con sus elecciones altas de Draft como faro. Houston y San Antonio, candidatos declarados, se blindan con experiencia para ganar ya. New Orleans, en medio, espera que la salud y un cambio en el banquillo hagan por fin clic.
Nada de transición tibia. Aquí todos han elegido un bando.
Dallas Mavericks: la era Cooper Flagg, segunda parte
La llegada de Cooper Flagg devolvió pulso a la franquicia. Parecía el inicio de algo grande. El número 1 del Draft estuvo a la altura de las expectativas, pero la realidad fue mucho más cruel: lesiones en cadena, un 26-56 demoledor y otro año sin Playoffs.
La reacción llegó arriba del todo. La dirección entregó el proyecto a Masai Ujiri, el arquitecto del anillo en Toronto. Su primera gran decisión fue mirar al baloncesto universitario para encontrar entrenador. Dusty May aterriza en Dallas con un título nacional bajo el brazo, después de coronarse en Michigan. No es casualidad: plantilla joven, técnico acostumbrado a moldear talento en formación.
El núcleo se refuerza por delante. Morez Johnson sigue a su entrenador desde Michigan y se suma a Zaccharie Risacher, número 1 del Draft hace dos años, para darle cuerpo a un frontcourt que necesitaba músculo y lectura. A su alrededor, una batería de incorporaciones: Santi Aldama, Tarik Biberović, Sergio de Larrea, Tobi Lawal, Marcus Sasser. Dallas cambia piezas, rejuvenece, se alarga.
Se van Marvin Bagley III, Khris Middleton, Ryan Nembhard, Dwight Powell, Klay Thompson y Brandon Williams. Nombres con peso pasado, pero no con peso futuro en Texas.
La gran incógnita, sin embargo, sigue siendo la misma: salud y techo de sus estrellas. Kyrie Irving regresará tras lesión y su talento sigue siendo diferencial. Pero el verdadero salto competitivo pasa por otra parte. Si Flagg da ese giro definitivo hacia nivel All-Star, el proyecto deja de ser promesa para convertirse en amenaza real en el Oeste. Ese es el escenario que Dallas necesita, y lo sabe.
Houston Rockets: continuidad, colmillo y un ojo en mayo
En Houston no hay revolución. Hay convicción. El equipo firmó un 52-20 en un Oeste de élite, con Kevin Durant promediando 25 puntos, Amen Thompson creciendo a ojos vista y Alperen Sengun dando un paso firme hacia el estrellato. El premio fue amargo: eliminación en primera ronda.
La respuesta del club fue clara: tocar lo justo. Mantener el bloque y ajustar las piezas finas. Llegan Bogdan Bogdanović, Marcus Smart y Bruce Thornton. Salen JD Davison, Dorian Finney-Smith, Jeff Green, Aaron Holiday y Josh Okogie.
La apuesta es transparente: este grupo ya ha demostrado que puede coquetear con las 50 victorias. El objetivo ahora es sostener ese nivel y romper el techo de cristal en Playoffs. Para eso, hay tres condiciones innegociables.
La primera, el regreso de Fred VanVleet, ausente toda la temporada pasada por lesión. Su vuelta devuelve orden, liderazgo y control del ritmo. Smart aparece como seguro adicional, otro base veterano con colmillo defensivo y carácter de vestuario.
La segunda, el tiempo. El tiempo que Durant sigue negando. Se acerca a los 38, pero continúa siendo un anotador temido, capaz de obligar a las defensas a doblar esfuerzos. Para liberar espacio y castigar ayudas, Bogdanović se suma como tirador fiable desde fuera, uno de los más eficientes desde el perímetro en la liga.
La tercera, la evolución. Sengun y Thompson deben subir otro escalón. No solo prometer, dominar. Houston ya tiene el equilibrio entre juventud y experiencia. Lo que le falta es una primavera larga. Y esa exigencia, esta vez, no admite excusas.
Memphis Grizzlies: fin de una era, inicio de otra
En Memphis, la temporada pasada fue un rompecabezas sin solución. Un traspaso mayúsculo con Jaren Jackson en pleno curso, las lesiones de Ja Morant y un equipo que nunca encontró tracción. El resultado: 25-57 y fuera de Playoffs.
La franquicia ha decidido cerrar un capítulo. Morant, uno de los jugadores más eléctricos de la NBA, ya no está. Su traspaso a Portland pone punto final a una era y abre la puerta a una reconstrucción con identidad distinta.
La nueva cara del proyecto tiene nombre propio: Cameron Boozer. Uno de los grandes talentos del baloncesto universitario, llega con el perfil perfecto para convertirse en rostro de franquicia. Carácter, físico, recursos ofensivos y margen de mejora. Memphis quiere crecer a su ritmo.
El verano ha sido intenso. A Boozer se suman Jerami Grant, AJ Johnson, Karim López, Kris Murray, Quinten Post, D’Angelo Russell, Richie Saunders e Isaiah Stewart. Se marchan Santi Aldama, Kentavious Caldwell-Pope y, sobre todo, Morant.
El plan es claro: construir alrededor de un grupo joven y alto, con Boozer, Zach Edey, Cedric Coward y Grant —pieza clave en el traspaso de Morant— como pilares iniciales. No es un proyecto de resultados inmediatos, pero sí de personalidad marcada. Memphis cambia vértigo por estructura. Ahora falta comprobar cuántas victorias acompasan ese cambio de piel.
New Orleans Pelicans: la paciencia tiene fecha de caducidad
En New Orleans, la noticia positiva fue tan simple como contundente: Zion Williamson jugó 62 partidos. Para un ex número 1 castigado por las lesiones, ya es un cambio de ritmo notable. Lo negativo: ni así bastó. El equipo cerró con 26-56 y otra vez fuera de la postemporada.
El verano, lejos de ser un terremoto, fue un susurro. Apenas dos incorporaciones —Jaron Pierre Jr. y Trendon Watford— y la salida de Kevon Looney. El verdadero movimiento se produjo en el banquillo: Jamahl Mosley toma el mando tras su etapa en Orlando.
Su misión no le resultará extraña. De nuevo, un núcleo joven al que pulir, con Derik Queen y Jeremiah Fears como apuestas principales de futuro. Desarrollo, paciencia, estructura. El guion se repite.
Pero la franquicia se aproxima a una encrucijada. Más pronto que tarde deberá decidir si Dejounte Murray, Jordan Poole y Trey Murphy encajan en la foto del mañana o pertenecen al pasado reciente. Esa decisión, salvo sorpresa, se aplaza hasta febrero, cuando se acerque el cierre de mercado.
Mientras tanto, el deseo es obvio: necesitan una estrella que se imponga sobre el ruido. ¿Puede ser Zion, por fin, ese jugador durante una temporada completa? La respuesta puede redefinir no solo el techo del equipo, sino también el rumbo de la franquicia.
San Antonio Spurs: del aprendizaje en las Finales al siguiente asalto
San Antonio volvió a sentirse San Antonio. Impulsados por una campaña de nivel MVP de Victor Wembanyama, los Spurs firmaron un espectacular 62-20 y regresaron a las Finales de la NBA tras una larga espera.
El sueño se rompió contra los Knicks, entre ventajas desperdiciadas y oportunidades mal cerradas. Doloroso, sí. Pero también revelador. Todo indica que este grupo no ha hecho más que empezar.
La plantilla combina juventud en crecimiento constante con la figura central de Wembanyama, que sale de esas Finales sin anillo, pero con una motivación evidente. El fracaso en el último escalón no lo encoge; lo empuja.
El verano fue productivo. Llegan Maliq Brown, Ja’Kobi Gillespie, Tobias Harris, Jayden Quaintance y Tarris Reed Jr. Se despiden Bismack Biyombo, Kelly Olynyk, Mason Plumlee y Lindy Waters III. De nuevo, una mezcla calculada: jóvenes interiores como Reed y Quaintance para el programa de desarrollo, y un veterano listo para aportar desde ya.
Harris llega tras una etapa sólida en Detroit, donde reforzó su reputación y se ganó una oportunidad en un aspirante real al título. Su tiro de media distancia y su capacidad para anotar en sistemas estructurados encajan de lleno en el plan de los Spurs. Es el tipo de pieza que no acapara focos, pero sostiene ataques y resuelve posesiones difíciles.
San Antonio no se esconde. Ya sabe lo que es volver a las Finales. Ahora la pregunta es otra: ¿cuánto tardará en aprender a cerrarlas?






