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Dinusha lleva a Sri Lanka al empate contra India en Colombo

En un Colombo bañado por el sol y, a ratos, por la frustración india, Sri Lanka se aferró al Test con uñas, dientes… y el bate de Sonal Dinusha. El quinto día de la segunda prueba terminó convertido en un pulso de resistencia, más que en una persecución de resultado. Y el joven zurdo fue, otra vez, el punto de apoyo de todo un vestuario.

India había hecho lo que marcan los manuales: 290 a Sri Lanka en la primera entrada, seguir con ventaja amplia y, cuando Saransh Jain cerró el último wicket, imponer el follow-on sin pestañear. Con el tiempo amenazado por la lluvia y las cubiertas entrando y saliendo el día anterior, Shubman Gill decidió que no era momento de especular. Había que atacar.

El follow-on y el primer contragolpe

Prasidh Krishna abrió de nuevo con la bola nueva. Desde el otro extremo, Mohammed Siraj. Nada de spin de entrada. El mensaje era claro: presión rápida, golpes al cuerpo, aprovechar cualquier humedad de la mañana.

Siraj fue el primero en acertar. Un corto a Lahiru Udara, sin control, top edge y Saransh Jain esperando en el cuadrado. 10/1 y la sensación de que el guion se repetía para un Sri Lanka que en toda la serie había sufrido con sus aperturas.

Kamil Mishara y Pasindu Sooriyabandara intentaron cambiar el tono. Agresivos, buscando golpes fuertes, incluso arriesgados. Mishara cayó barriendo mal ante Ravindra Jadeja, atrapado por esa línea implacable, siempre a los stumps. El DRS confirmó lo que el ojo ya intuía: umpire’s call en los palos, y Sri Lanka 67/2, todavía muy por detrás.

Pero Pasindu y Kamindu Mendis empezaron a torcer la historia.

El gran partnership que encendió el Test

Kamindu, que ya había dejado destellos en la serie, se soltó. Medio siglo con un seis por square-leg, golpeando a los spinners sin complejo. Pasindu, más ortodoxo pero igual de decidido, acompañaba con barridos, slog-sweeps y rotación constante del strike. El marcador empezó a correr, el déficit se desinfló y, por primera vez en la tarde, India pareció respirar hondo.

El partnership superó las tres cifras. Los cambios de Gill no encontraban respuesta. Manav Suthar, brillante en otros tramos, se vio atacado y sin demasiadas soluciones; fue su primer examen serio en Test cricket con los bateadores al mando. El plomo del follow-on empezaba a sentirse en las piernas de los lanzadores.

La ruptura llegó por insistencia, no por magia. Prasidh tendió la trampa: campo preparado para el pull, Kamindu mordió, buscó el seis, y Shubman Gill, corriendo hacia atrás, firmó una gran captura. 179/3. India, de nuevo, con una rendija.

Dhananjaya de Silva entró con elegancia, golpes limpios, pero sin convertir el inicio en algo grande. Ese ha sido su talón de Aquiles. La superficie, mientras tanto, se dormía. Algo de giro, sí, pero nunca el “monstruo” del quinto día que persiguen los spinners. Los bateadores, como se vio toda la prueba, podían confiar en su defensa.

Saransh y Suthar se ganan el día

El cuarto día avanzó con Sri Lanka comiéndose la ventaja india, golpe a golpe. Pasindu, ya en los 90, se erigió en símbolo de la resistencia local. Pero India no soltó la cuerda.

Suthar atrapó a Dhananjaya con una acción casi inocente: intento de trabajar a la pierna, inside edge, golpe en la pierna y la pelota viajó dócilmente a gully, donde Devdutt Padikkal no perdonó. Poco después, el propio Suthar vio cómo Pasindu, que había coqueteado con el riesgo con slog-sweeps y golpes aéreos, se regalaba. Salida de pista, lanzamiento ancho del zurdo, y Rishabh Pant completó el trabajo con los guantes. De un cuadro sólido a un 212/4 que devolvía a India el control.

Saransh Jain se sumó a la fiesta: primero con una mañana sólida, luego con wickets cruciales. Niroshan Dickwella, que revisó en vano un lbw con todos los parámetros en rojo, y antes Lahiru Udara, víctima de una gran captura suya en la frontera. El debutante, sin la sobre-spin clásica, pero con drift y velocidad constante entre 80 y 85 km/h, empezó a justificar la fe del cuerpo técnico.

Mohammed Siraj, por su parte, mostró otra vez por qué el staff lo considera un pilar. Con la velocidad algo reducida en estas condiciones, pero con una agresividad intacta, atacó costillas y pechos, especialmente a un Sonal Dinusha que ya había mostrado cierta incomodidad con el corto al cuerpo.

La sesión final del cuarto día fue de India: wickets de Kamindu, Dhananjaya y Dickwella, runs secos, Sri Lanka atrapada en 221/6 y las nubes cerrándose sobre Colombo. La lluvia detuvo todo en 228/6. El cálculo era simple: si el cielo respetaba, India tenía el Test en el bolsillo.

Día 5: la resistencia de un solo hombre

El último día amaneció despejado, húmedo, sin rastro de nubarrones. Perfecto para India. Cuatro wickets, un montón de overs, un ataque variado y un Sonal Dinusha aún en el medio, sí, pero con trabajo por delante.

Sri Lanka arrancó en 242/6 following on. Jadeja y Saransh, a escena. El zurdo, siempre preciso, buscando el rough fuera del off de los izquierdos; el off-spinner, alternando ritmos. Gill, con la nueva bola disponible, dudó. Aplazó su uso unos overs más, apostando por el spin.

Cuando finalmente recurrió al cuero nuevo, en 257/6, entraron Siraj y Prasidh a todo gas. El plan era claro: un par de golpes rápidos, exponer a la cola, cerrar la historia. Pero Sonal Dinusha tenía otros planes.

El zurdo se asentó en su golpe más dañino: el sweep. Un látigo, casi automático. Cada dos bolas, un barrido por el suelo para un sencillo o un cuatro. La imagen recordaba a lo que ya habían sufrido con Ben Duckett o Tom Latham: spinners indios obligados a ajustar, pero sin terminar de encontrar respuesta. Keshara Nuwantha, en el otro extremo, hizo justo lo que pedía el contexto: sobrevivir. Bloqueó dentro de la línea, ignoró casi todo lo que salía de los stumps, y dejó que el tiempo hiciera el resto.

India cambió y cambió. Suthar de over a around, Jadeja de un extremo al otro, Saransh probando variaciones. El balón giraba más que en la mañana anterior, pero no lo suficiente como para sembrar el pánico. La defensa de Sri Lanka, paciente, se afianzó.

El giro físico: cansancio e imprevistos

El esfuerzo acumulado del follow-on empezó a pasar factura. India había lanzado casi 90 overs en la primera entrada. En la segunda, el contador seguía sumando. En pleno asedio, Jadeja pidió asistencia y se marchó con molestias en el talón. El mejor lanzador del día, fuera del campo. Golpe duro.

Gill miró alrededor y sólo encontró imaginación como recurso. Dio vueltas a los campos, jugó con la ausencia de slip para Siraj y Prasidh, apostó por el short ball, pero a menudo sin el caza en la cuerda para el borde. Incluso se planteó –y el propio relato lo sugería– tirar de part-timers como Yashasvi Jaiswal o Devdutt Padikkal, buscando esa bola traviesa que a veces aparece de donde nadie la espera.

En el medio, Lahiru Kumara, que ya había resistido 52 bolas en la primera entrada, volvió a convertirse en un muro inesperado. Entró con Sri Lanka 355/8 y el partido aún vivo para India. Si repetía su hazaña, el empate se acercaba a toda velocidad.

Dinusha, otra vez centurión… y algo más

Antes de que Kumara se pusiera el casco de obrero, hubo otra historia que escribir. La de Sonal Dinusha, otra vez. El zurdo llegó al té anclado en 98, Sri Lanka 383/8 y una serie entera sobre sus hombros. Había sido, de principio a fin, la diferencia entre un 2-0 humillante y un resultado con algo de orgullo para los locales.

De regreso en la sesión final, completó su tercer siglo de la serie. Tres. En una confrontación en la que Sri Lanka ha ido a remolque casi siempre, Dinusha se ha comportado como un veterano curtido. Esta vez, además, lo hizo cojeando, con visibles problemas de espalda, cediendo el strike a Kumara pronto en los overs y confiando en que su compañero aguantara el tipo.

Lo hizo. Kumara, al principio algo nervioso, se asentó. Bloqueó, dejó, tragó bouncers. Cada over que sobrevivía era un ladrillo más en el muro del empate. India, mientras tanto, veía cómo el reloj devoraba cualquier posibilidad real de victoria. A falta de unos 40 minutos, ya se hablaba casi abiertamente de acuerdo entre capitanes.

El marcador lo decía todo: 395/8 following on, 140.3 overs, una ventaja de 170. No era un total que asustara a un batting line-up como el indio en condiciones normales. Pero ya no quedaba tiempo para “condiciones normales”. Sólo para cerrar los libros y repartir puntos.

Un Test que deja lecciones

India se marcha de Colombo con una sensación agridulce. Dominó largos tramos, leyó bien el clima con el follow-on, vio a Prasidh Krishna consolidarse como lanzador de impacto –y de “trabajo sucio”, como lo definió Morne Morkel–, disfrutó del carácter de Saransh Jain en su debut y del oficio eterno de Jadeja. Pero no pudo cerrar.

La superficie, más noble de lo esperado en el quinto día, no entregó el colapso que el visitante necesitaba. La carga de overs pesó. Las decisiones de campo, como la ausencia de slip en ciertos momentos clave, quedarán para la revisión interna. Y el cuerpo técnico tomará nota de lo que significa imponer un follow-on en un calendario cada vez más exigente.

Para Sri Lanka, en cambio, el empate sabe a rescate. Pasindu Sooriyabandara y Kamindu Mendis recordaron que hay talento en la línea media. Keshara Nuwantha y Prabath Jayasuriya mostraron que la cola puede ser algo más que un trámite. Y, por encima de todos, Sonal Dinusha se consolidó como la gran aparición de la serie: runs bajo presión, capacidad para manejar el tail, y la sensación de que el equipo ha encontrado una pieza alrededor de la cual construir.

El Test se fue apagando hacia un resultado inevitable. No hubo declaración audaz tras el siglo de Dinusha en la segunda entrada, no hubo “zanahoria” para tentar a India con una persecución final. Sri Lanka eligió el empate. India, agotada y sin tiempo, tuvo que aceptarlo.

Queda una pregunta flotando sobre Colombo: ¿es este sólo un tropiezo en el camino de un equipo indio en reconstrucción bajo Shubman Gill, o el aviso de que, en la próxima gran serie en casa, rivales como Australia encontrarán un grupo aún en busca de su instinto más despiadado?