Dimarco se corona Jugador del Año en la Gala del Calcio
La noche del Gran Gala del Calcio tuvo un color muy definido. Azul y negro. Inter salió del teatro con el premio a Club del Año en la Serie A y con la sensación de que el campeonato italiano, al menos en esta edición de los galardones, tuvo dueño claro.
En el centro del escenario, un protagonista: Federico Dimarco. El carrilero, símbolo del crecimiento del equipo, fue elegido por sus propios colegas como Jugador del Año de la Serie A. No es un detalle menor: en un vestuario y en una liga llena de estrellas, el voto de los futbolistas cayó sobre él.
“Recibir un premio así es algo único”, dijo Dimarco, todavía con la emoción a flor de piel. El reconocimiento llega tras una temporada en la que batió el récord de asistencias y se consolidó como uno de los motores ofensivos del Inter. Y no se conforma: “El año pasado hice el récord de asistencias y esta temporada quiero mejorar aún más”.
Un once con mucho acento nerazzurro
La foto del Equipo de la Temporada confirmó lo que se vio sobre el césped durante el curso: la estructura de Inter dominó también en los premios. En el once ideal aparecieron nombres de todo el campeonato, pero la presencia nerazzurra fue masiva.
La alineación elegida reunió a Mile Svilar bajo palos; Marco Palestra, Alessandro Bastoni y Manuel Akanji en la línea defensiva; Scott McTominay, Luka Modric, Hakan Calhanoglu y Nico Paz en la sala de máquinas; y un tridente ofensivo con Lautaro Martinez, Donyell Malen y el propio Dimarco como referencia creativa desde el carril.
La mezcla habla de una Serie A competitiva, con figuras repartidas, pero con un bloque que se impone por encima del resto. Ese bloque viste de nerazzurro.
Lautaro, la voz del vestuario
El capitán, Lautaro Martinez, también subió al escenario para recoger sus reconocimientos personales. El argentino, faro del ataque y líder emocional del grupo, no escondió el valor que le da al voto de quienes comparten profesión.
“Siempre es un honor recibir votos de los colegas”, subrayó el delantero. “Tenemos un gran grupo e hicimos una temporada fantástica”. No hubo necesidad de adornar más el discurso: los trofeos y la campaña hablan por sí solos.
La herida de París que cambió una carrera
Entre los focos y las sonrisas, Dimarco dejó una confesión que explica buena parte de su transformación. Señaló un punto de inflexión claro: la final de Champions perdida contra Paris Saint-Germain.
“¿Mi explosión? Todo empezó después de la final de Champions perdida contra PSG, que nos empujó a dar nuestro máximo absoluto”, explicó. De una noche de dolor surgió un futbolista distinto: más agresivo, más decisivo, más maduro. Esa derrota, que pudo haber hundido a más de uno, se convirtió en combustible para su carrera.
El contraste es evidente: del recuerdo amargo en Europa a la consagración en la liga. Dimarco ha pasado de promesa irregular a referencia total en su banda, con impacto en las dos áreas.
La espina del contrato
Entre los aplausos, apareció también la nota discordante de la noche. El lateral no esquivó la pregunta sobre su futuro y admitió que, pese a su peso en el equipo y al premio recibido, todavía no hay movimientos para renovar su contrato con el club.
“¿Renovación? Por desgracia, no hemos hablado de eso”, reconoció. “Esperaba que sucediera después del rendimiento de la temporada pasada”. Sus palabras dejan un poso de decepción. El jugador más votado por sus compañeros en toda la Serie A sigue sin noticias concretas de la directiva sobre un nuevo acuerdo.
No hay ultimátum, no hay tono de ruptura, pero sí un mensaje claro. Dimarco siente que su rendimiento merecía, al menos, una conversación. De momento, esa charla no ha llegado.
Napoli en el horizonte
Pese a todo, el carrilero no quiso desviar la mirada de lo inmediato. La fiesta de los premios se acaba rápido; el calendario no perdona. “Ahora quiero seguir concentrado en el partido contra Napoli”, remarcó. Y dejó un dato que pesa en el vestuario: “Hace demasiado que no logramos ganarles”.
Entre trofeos y reconocimientos, Inter sale reforzado en imagen y prestigio. Pero el propio Dimarco marca el siguiente desafío: transformar esta superioridad simbólica en victorias concretas. La próxima prueba se llama Napoli. Y ahí no votan los colegas; ahí solo cuentan los puntos.






