DeMar DeRozan se une a los Denver Nuggets como sexto hombre
Los Denver Nuggets han perdido piezas importantes este verano. Tim Hardaway Jr. se ha marchado, Peyton Watson también, rumbo a Cleveland Cavaliers. La rotación se ha resentido. Pero en medio de esas salidas, una firma ha cambiado el tono del relato: DeMar DeRozan, seis veces All-Star, aterriza en Colorado para liderar una segunda unidad que pedía ayuda a gritos.
Tiene 37 años. Llega con dudas sobre su encaje, sobre todo atrás y en el tiro exterior. Aun así, su fichaje respira lógica competitiva: exactamente el tipo de creador que el banquillo de Denver no tenía tras la salida de Watson. La pregunta ya no es si va a mejorar la segunda unidad. La pregunta es otra: ¿le dará para pelear seriamente por el premio de Sixth Man of the Year?
DeRozan, sexto hombre… por primera vez desde que era un novato
La apuesta de la organización es clara: DeRozan sale desde el banquillo. Algo que no ocurre desde su temporada rookie, 2009-10, con Toronto Raptors. Desde entonces, 1.199 partidos consecutivos como titular en temporada regular. Una racha que define a una estrella de largo recorrido… y que ahora se rompe en Denver.
El cambio de rol podría parecer un golpe al ego. También puede convertirse en una liberación. Menos carga física, más libertad con balón, enfrentándose muchas veces a segundas unidades rivales. Un escenario hecho a medida para un anotador que vive del ritmo, del control del tempo y de castigar cualquier emparejamiento débil.
En Sacramento Kings, la temporada pasada, sus números fueron todo menos residuales: 18,4 puntos, 2,9 rebotes y 4,1 asistencias en 31,2 minutos por noche. Producción de titular consolidado. Ahora, con los Nuggets, el volumen de minutos bajará. Todo apunta a una franja de 26-28 minutos, quizá incluso algo menos si el cuerpo técnico decide protegerle en temporada regular. Pero el impacto no se mide solo en tiempo en pista, sino en lo que ocurre cuando pisa el parqué.
Históricamente, los ganadores del Sixth Man of the Year se mueven entre 23 y 32 minutos por partido. DeRozan encaja en esa ventana. El margen es real.
Las apuestas ya le ven en la pelea
FanDuel Sportsbook ha colocado a DeRozan en el quinto lugar de sus candidatos al premio para la temporada 2026-27, con cuota +1800 (18/1). Por delante figuran Ajay Mitchell (OKC Thunder, +500), Dylan Harper (San Antonio Spurs, +700), Anfernee Simons (Philadelphia 76ers, +1500) y Ayo Dosunmu (Minnesota Timberwolves, +1500).
No es el favorito. Ni falta que hace a estas alturas de su carrera. Lo relevante es que, antes de jugar un solo minuto con el nuevo rol, las casas de apuestas ya le sitúan en el grupo principal de aspirantes. El mercado percibe algo: volumen ofensivo garantizado, un contexto ganador y un papel muy definido.
Si se lleva el galardón, hará historia. Superaría a Jamal Crawford, que lo ganó con 36 años en la temporada 2015-16, y se convertiría en el sexto hombre más veterano en levantar el premio. Denver no le ha traído para coleccionar trofeos individuales, pero la narrativa está servida.
El plan de Denver: darle las llaves del banquillo
Los Nuggets saben exactamente qué compran. DeRozan no es un especialista defensivo ni un tirador de tres puntos. No es ese perfil. Lo que sí es, todavía hoy, es uno de los mejores anotadores de media distancia de la liga. Un jugador que domina sus espacios, que llega a sus posiciones favoritas casi por inercia, que vive de la lectura y del oficio.
Su papel será nítido: principal generador con la segunda unidad y referencia ofensiva cuando Nikola Jokic y Jamal Murray descansen. El balón será suyo. El ataque, también.
Habrá noches en las que su impacto vaya más allá del rol de sexto hombre. Si Denver necesita puntos en tramos calientes, DeRozan cerrará partidos. Ya lo ha demostrado en los últimos años: terminó entre los tres primeros en la votación de Clutch Player of the Year en dos de las últimas cuatro temporadas. No se esconde cuando el reloj aprieta.
En lugar de diluirse como tercera o cuarta opción en el quinteto inicial, se convierte en el faro de la segunda unidad. Un veterano con galones, pero con margen todavía para castigar defensas rivales desde el uno contra uno, desde el poste medio, desde esa media distancia que muchos dan por muerta pero que él sigue usando como bisturí.
¿Último gran papel individual de su carrera?
Hay incógnitas, claro. Su defensa será un punto de ataque para los rivales. Su falta de amenaza consistente desde el triple puede encorsetar algunos quintetos. Pero Denver no le pide que sea un especialista en nada de eso. Le pide que haga lo que lleva más de una década haciendo: anotar, crear y sostener ataques cuando el juego se atasca.
Si el cuerpo técnico le da el control total de la ofensiva de la segunda unidad, su candidatura al Sixth Man of the Year se sostendrá por sí sola. Tendrá balón, tendrá tiros, tendrá responsabilidad. Estará en un equipo que, salvo catástrofe, peleará por las primeras plazas del Oeste. El escaparate será inmejorable.
No parte como favorito. No necesita ese cartel. Lo que sí tiene es un rol hecho a medida, un contexto ganador y la posibilidad de cerrar su carrera con un premio que nunca ha tenido.
La cuestión ya no es si puede adaptarse a salir desde el banquillo. La cuestión es otra: ¿está la NBA preparada para que, a los 37 años, DeMar DeRozan vuelva a dominar una conversación individual desde la segunda fila?






