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Decisión Impactante en el Clásico Escocés: Sin Aficionados Visitantes

La herida del último curso en Ibrox aún supura. Aquellas escenas feas tras el duelo de Scottish Cup entre Celtic y Rangers han dejado una huella que ahora condiciona todo el paisaje del fútbol escocés de élite.

Con otro choque a la vista, esta vez por la Premier Sports Cup el próximo fin de semana en Ibrox, el clima ya venía enrarecido. Rangers había propuesto una reducción del cupo de aficionados visitantes. Una concesión mínima, una especie de punto intermedio para rebajar tensiones en las gradas. Celtic dijo no.

A partir de ahí, el balón pasó a los despachos. Tras las conversaciones con la SPFL, el veredicto llegó con la frialdad de un comunicado, pero con un impacto enorme en el corazón del derbi más intenso del país: no habrá hinchas visitantes en los partidos de liga entre Celtic y Rangers durante el resto de la temporada. Cero. Ni un solo asiento para el eterno rival.

La decisión golpea de lleno en el ADN del clásico. El Old Firm sin el rugido del sector visitante pierde color, pierde contraste, pierde parte de su esencia. Y esa sensación de pérdida se notó de inmediato en el entorno del fútbol escocés.

Derek McInnes, técnico que conoce bien la temperatura emocional de estos encuentros, se enteró casi como cualquier aficionado: mirando una pantalla.

«Vi la noticia en la cinta de Sky», explicó en su rueda de prensa del viernes. La reacción le salió del tirón: «La primera reacción es que es decepcionante que se haya tomado esta decisión».

McInnes, eso sí, midió sus palabras. No quiso ir más allá de lo que considera su perímetro de responsabilidad. «Sin comentar demasiado porque no conozco la postura del club en este momento, creo que es más apropiado que sea el club quien hable de ello», matizó.

Luego fue directo al punto que todo el mundo piensa cuando se imagina un derbi descafeinado en las gradas: «Siempre es mejor cuando a los aficionados del equipo rival se les permite entrar en un partido de derbi».

La frase resume años de tradición. El sector visitante celebrando un gol en territorio hostil, el intercambio de cánticos, la tensión que sube y baja según el marcador. Todo eso queda ahora en suspenso, al menos en la liga.

McInnes también dejó claro que el problema no es sencillo ni se arregla solo con nostalgia. «Pero para que eso pueda ser… todavía tienen que cumplirse ciertos comportamientos y, obviamente, la decisión ya se ha tomado», apuntó, señalando el fondo del conflicto: la conducta en la grada y la seguridad.

El entrenador insistió en que, por ahora, habla desde la distancia institucional: «No lo sé, no he hablado con nadie en el club sobre esto, así que no puedo comentar mucho más».

Mientras los técnicos calibran sus palabras y los dirigentes blindan posiciones, el fútbol escocés se encamina a una temporada de clásicos sin el color del enemigo en la esquina del estadio. El césped seguirá ardiendo. Las gradas, en cambio, estarán un poco más silenciosas donde antes tronaba la rivalidad. Y ahí queda la gran incógnita: ¿cuánto puede soportar un derbi de este calibre sin la presencia del otro lado?