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La dura decisión de Suryakumar y el impacto de Sanju Samson en el Mundial

En cada campaña campeona hay un giro silencioso, una conversación lejos de los focos que termina marcando un torneo. Para India, en el T20 World Cup 2026, ese momento llegó en un autobús, antes de que Sanju Samson se convirtiera en el rostro inesperado del título.

Suryakumar Yadav, capitán durante la campaña, lo confesó sin rodeos: dejar fuera a Samson del XI inicial fue una de las decisiones más difíciles de su carrera. Más aún porque, en ese instante, nada hacía pensar que el wicketkeeper-batter acabaría el torneo como Player of the Tournament.

De suplente olvidado a eje del título

Samson llegó al Mundial con dudas, sin ritmo, sin runs recientes que lo blindaran. En los planes iniciales, ni siquiera aparecía como prioridad. Ishan Kishan venía de brillar en la parte alta del orden en la serie contra New Zealand y se ganó el puesto. Samson tuvo que esperar. Y mirar desde fuera.

India arrancó el torneo con el freno de mano puesto. El equipo no terminaba de despegar, Abhishek Sharma no estaba al cien por cien físicamente y los problemas ante el off-spin se hacían evidentes. De repente, el nombre de Samson volvió a la mesa. Ya no como recurso lejano, sino como solución necesaria.

Cuando por fin recibió la oportunidad, no la soltó. No solo respondió: cambió la narrativa de su propio Mundial. En los cruces, cuando el margen de error se reduce a nada, encadenó actuaciones decisivas que empujaron a India hacia el título. Terminó el torneo con 321 carreras en cinco entradas, a un promedio de 80,25 y un estratosférico strike rate de 199,38. Números de estrella absoluta. Impacto de jugador que define copas.

El premio al mejor jugador del torneo solo confirmó lo que el campo ya había contado.

“Haz lo que haga falta para ganar el Mundial”

Lo que ocurrió antes de esa explosión dice tanto de Samson como sus estadísticas. Suryakumar recordó en el canal de YouTube de Aakash Chopra la charla clave tras comunicarle que no entraría en el XI.

Nada de reproches. Nada de mala cara.

Según contó el capitán, fueron apenas unas frases, pero cargadas de peso. Samson le dijo que siguiera tomando las decisiones que creyera correctas para que India ganara el World Cup. Que él estaría listo cuando lo llamaran. Que se prepararía cada día como si fuera a jugar.

Esa actitud, en un contexto tan competitivo, no es habitual. Suryakumar lo admitió: esas palabras le dieron confianza. Le recordaron que en un vestuario también se construye un título con quienes aceptan el rol incómodo, sin ruido, esperando su momento.

El recuerdo de Sri Lanka y una promesa arriesgada

La dificultad de la decisión no venía solo del presente. Había historia detrás. Suryakumar tiró de memoria y se fue al tour de 2024 en Sri Lanka. Allí, Samson no había logrado sumar grandes scores. Salió tocado. Buscó respuestas.

En Anantapur, durante la Duleep Trophy, se acercó a su capitán. Le preguntó qué debía hacer, cómo salir de ese bache. La respuesta fue una mezcla de confianza y apuesta fuerte. Suryakumar le aseguró que creía en él, que el cuerpo técnico también. Le prometió algo poco habitual a ese nivel: una racha larga de partidos, incluso si los números no acompañaban.

Según relató, le dijo que jugaría los siguientes siete encuentros y que, aunque hiciera siete ducks seguidos, seguiría en el octavo. Un mensaje claro: estás respaldado, ahora compite sin miedo.

Esa fe, puesta a prueba en el Mundial, terminó pareciendo más que justificada. Samson pasó de estar fuera del XI al inicio del torneo a convertirse en uno de los nombres imprescindibles en los momentos más pesados del campeonato. Del margen a la portada.

Del pico mundialista a un futuro en el aire

La historia, sin embargo, no se detiene en la vuelta olímpica. Tras el T20 World Cup, llegó la IPL. Y Samson mantuvo el tono alto: 477 carreras en 13 entradas, promedio de 47,7. Producción sólida, de jugador que no vive solo de un gran torneo.

Pero el tránsito del brillo de la IPL al estatus fijo en la selección T20I no ha sido lineal. Tres fallos en la gira por Ireland y England bastaron para que lo sacaran del XI. Después, ni siquiera apareció en la lista para el tour a Zimbabwe. Solo tuvo una ventana: el quinto y último T20I contra England.

El contraste es brutal. Hace unos meses, levantaba un trofeo mundial y un premio individual que lo colocaban en la élite del formato. Hoy, su lugar en la estructura T20 de India sigue sin estar asegurado.

Hay, eso sí, una nueva puerta entreabierta: su inclusión en la convocatoria para los próximos Asian Games. Otra plataforma, otro examen, otra oportunidad para un jugador que ya demostró que puede pasar de la sombra al centro del escenario cuando el escenario es más grande.

La pregunta, ahora, no es si tiene el talento. Eso ya quedó contestado en el Mundial. La cuestión es distinta: ¿cuántas veces más tendrá que volver a ganarse, desde cero, un sitio que ya conquistó en la noche más importante?