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El debate del reloj de saque tras el US Open: Zverev y Shelton alzan la voz

Alexander Zverev levantó su segundo título de Grand Slam consecutivo en Nueva York, pero el trofeo no fue lo único que dejó la final masculina del US Open. El alemán derrotó a Ben Shelton por 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2, y mientras cerraba una gira perfecta, encendía a la vez una discusión que ya no se puede esquivar: el uso —y los vacíos— del reloj de saque.

La victoria fue clara. La paciencia de todos, no tanto.

Un reglamento con grietas

El reglamento es sencillo sobre el papel: 25 segundos desde el final del punto para iniciar el siguiente. Si el jugador no empieza el movimiento de saque a tiempo, llega la advertencia, y después la penalización.

Pero hay una puerta trasera. El reloj solo rige para el primer saque. Si el primer intento es falta, el segundo queda en manos del criterio del juez de silla, que debe decidir si el jugador sirve “sin demora”. Esa expresión, tan ambigua, fue el refugio de Zverev durante todo el torneo.

En la semifinal y en la final acumuló varias advertencias por tiempo, mientras hacía desesperar a aficionados y comentaristas con interminables botes de pelota antes de servir. Cada punto parecía alargarse antes de empezar. Y, con el reglamento actual, los árbitros apenas podían ir más allá de levantar el brazo y marcar la infracción puntual.

Ben Shelton alza la voz

Shelton, finalista en Flushing Meadows, no se mordió la lengua en la sala de prensa. El estadounidense fue directo al corazón del problema: quiere un reloj específico entre primer y segundo saque.

“Para el primer saque deberías poder hacer lo que quieras y usar los 25 segundos completos cada vez”, explicó. “Debería haber algún tipo de regla que limite el tiempo en los segundos saques. No debería haber tiempo ilimitado. Es duro estar ahí sentado tanto rato esperando a que pase algo”.

No habló de sensaciones. Habló de ritmo, de espectáculo, de un deporte que se juega también en la cabeza y que se resiente cuando el vacío entre puntos se convierte en rutina.

Shelton no está solo.

Andy Roddick pide un cambio claro

Andy Roddick ya había puesto el tema sobre la mesa antes de la final. Desde su pódcast “Served”, el campeón del US Open de 2003 fue igual de tajante.

“Las reglas deberían cambiar”, afirmó. “Mientras lo haga dentro de los 25 segundos del reloj de saque, sí, ¿qué vas a decir? Tiene que haber un reloj para el segundo saque”.

Roddick fue al detalle que tantos vieron por televisión: “No puedes botar la pelota veintitantas veces entre el primero y el segundo saque. Y luego sorprenderte cuando terminamos a las 3 de la mañana. Simplemente no podemos seguir así”.

El mensaje es claro: el reloj actual ya no basta para proteger el ritmo del juego ni los horarios de los torneos.

Los McEnroe, cada uno con su propuesta

En la cabina de ESPN, John McEnroe observaba a Zverev repetir rutina tras rutina. El ex número uno, icono de otra época pero con el mismo olfato competitivo, apuntó a un matiz distinto: el lanzamiento de la pelota.

“Esto debería entrar en el reloj de saque. Quedaban dos segundos cuando lanzó la bola. Debería ser falta”, dijo durante la retransmisión, molesto por la cantidad de veces que el alemán abortaba el saque tras lanzar la pelota al aire.

Su idea es simple: si el jugador lanza la bola con el reloj casi agotado y luego decide no golpear, el tiempo no debería resetearse mentalmente. Si se acaba el conteo, falta. Sin matices, sin zona gris.

Su hermano Patrick McEnroe, también en los micrófonos, miró la escena desde la otra mitad de la pista, la del restador. “Como restador, cuando un tipo hace esto (botar tanto la pelota), deberías poder apartarte justo antes de que sirva”, apuntó. Una especie de defensa legítima ante un ritual que, desde el otro lado de la red, puede convertirse en un arma psicológica.

Khachanov, resignación dentro del vestuario

La incomodidad no se queda en la grada ni en la cabina de comentaristas. Karen Khachanov, derrotado por Zverev en semifinales, reconoció que el interminable boteo del alemán no solo le molesta a él.

“Su boteo molesta, no solo a mí sino a otros jugadores del circuito”, admitió el ruso. “Tarda muchísimo tiempo”.

Pero sus palabras destapan el núcleo del problema: “Al final del día, si está dentro de las reglas del tiempo entre puntos, no puedo decir nada en contra. Si se pasa del tiempo, entonces recibe una violación por tiempo, es así de simple”.

Es la resignación del vestuario: el gesto irrita, el ritmo se rompe, el partido se estira… pero mientras el jugador se mantenga dentro de la norma escrita, el rival solo puede soportarlo.

¿Hasta dónde puede estirarse el tenis?

La final del US Open dejó a Zverev como campeón y a Shelton como nuevo rostro de la élite. Dejó también una imagen incómoda: un deporte que presume de modernizarse con tecnología y relojes visibles en pista, atrapado en una frase difusa del reglamento, “sin demora”, que cada uno interpreta a su manera.

Shelton pide un reloj específico para el segundo saque. Roddick exige lo mismo. John McEnroe quiere que un mal lanzamiento con el tiempo casi agotado cueste caro. Patrick McEnroe reclama más margen para el restador. Khachanov asume la situación porque no tiene otra opción.

La pelota, esta vez, no está en la línea de fondo. Está en el tejado de los reguladores.

La pregunta ya no es si el reloj de saque debe cambiar. Es cuánto tiempo más puede esperar el tenis para hacerlo.