Dart logra victoria crucial en el US Open
En una pista secundaria de Flushing Meadows, lejos del ruido principal pero con un murmullo muy propio, Harriet Dart rompió una espera de 19 meses que pesaba como plomo. Victoria en tres sets ante la estadounidense Peyton Stearns y billete para la segunda ronda del US Open. No es solo un triunfo. Es un respiro, casi una reconciliación con los Grand Slams.
La británica, de 30 años, no ganaba un partido de cuadro principal en un grande desde la segunda ronda del Australian Open 2025. Desde entonces, un desierto: cuatro grandes sin superar la fase previa, dos invitaciones a Wimbledon desperdiciadas a la primera de cambio, dudas, frustración y un ranking que se deslizaba hacia abajo hasta el puesto 131 del mundo.
En Nueva York, todo eso viajó con ella a la pista. Pero esta vez no estaba sola.
Una grada familiar y una remontada trabajada
En las gradas, sus padres, su tío y un buen puñado de primos. Algunos viven en la ciudad, otro ha volado desde Reino Unido. “Casa lejos de casa”, como la define ella. Y se notó. Cada punto peleado, cada bola profunda, cada error de Stearns, llevaba la firma de una grada que rugía como si se tratara de la Arthur Ashe.
El comienzo, sin embargo, fue cruel. Dart dispuso de cuatro bolas de ‘break’ en el primer juego del partido y no convirtió ninguna. Oportunidad desperdiciada, aviso de lo que se venía. Stearns cerró la puerta y a partir de ahí mandó en el set inicial: presión constante al saque de la británica, ruptura en el octavo juego y 6-3 para la estadounidense, número 75 del mundo por encima en el ranking.
La cuesta se empinó aún más con un nuevo ‘break’ de Stearns en el primer juego del segundo set. Pero el partido empezó a torcerse del lado local. La estadounidense, agresiva de inicio, se volvió errática. Terminó con 40 golpes ganadores, sí, pero también con 47 errores no forzados. Dart olió la grieta y se metió por ahí.
Primero recuperó el ‘break’, luego se asentó con el servicio y, empujada por los suyos, se adueñó del ritmo. Dos rupturas a favor, 6-3 para ella y el duelo se fue a un tercer set que olía a batalla larga.
El sello Bartoli y un tercer set de carácter
No es casualidad que este giro llegue en un año clave para Dart. Desde enero trabaja con Marion Bartoli, campeona de Wimbledon 2013, una voz que sabe exactamente lo que significa sobrevivir en la élite, gestionar días buenos, malos y partidos que se alargan en la cabeza antes que en el marcador.
El trabajo conjunto ya había dejado señales: cuartos de final en el Challenger de Vancouver en julio, clasificación para el Cincinnati Open en agosto. Ahora, una victoria de peso en el US Open, saliendo de la previa y levantando un partido duro ante una rival mejor situada en la clasificación.
En el tercer set, la tensión se hizo notar. Tres rupturas consecutivas, nervios a flor de piel y la sensación de que un solo juego podía decidirlo todo. Dart sostuvo el pulso en el sexto juego, uno de los más importantes del partido. Ese servicio, que cortó la racha de ‘breaks’, valió casi tanto como una ruptura. A partir de ahí, mandó ella.
Se adueñó del fondo de pista, manejó mejor los intercambios largos y obligó a Stearns a seguir arriesgando. Cada error de la estadounidense sonaba a liberación en la grada británica improvisada en Nueva York. Con 5-2, Dart dispuso de varias bolas de partido. Necesitó cuatro para cerrarlo, en algo menos de dos horas y media, pero lo hizo: 3-6, 6-3, 6-2 y una celebración directa hacia su equipo, como si hubiera ganado algo más que un simple encuentro de primera ronda.
Nueva York, comunidad y segunda oportunidad
Dart habló de aprendizaje, de absorber cada detalle de la experiencia de Bartoli, de sentir que mejora y de encontrar motivación en ese progreso. Pero sobre todo habló de gente. De su tío y sus primos neoyorquinos. De la prima que ha viajado desde Reino Unido. De su madre, instalada en la ciudad desde la fase previa. De su padre, que llegó la noche anterior al partido.
Para una jugadora que ha tenido que pasar por las rondas de clasificación, que ha sufrido derrotas tempranas en los grandes escenarios y que ha visto cómo su ranking se alejaba de la zona de confort, esa “comunidad” no es un adorno. Es combustible.
Nueva York, dice, le parece un hogar. Y en esta primera ronda lo pareció: un entorno propio en territorio ajeno, un lugar donde, al menos por un día, las dudas se quedaron fuera de la pista.
Ahora la espera la cabeza de serie número 25, Marie Bouzkova, en la segunda ronda. Un examen serio, de esos que marcan si una victoria aislada se convierte en racha o se queda en recuerdo. Dart llega con confianza, con minutos de pista en las piernas y con la sensación, por fin, de ir en la dirección correcta.
Ya se ha ganado algo más que seguir en el torneo. Se ha ganado el derecho a preguntarse hasta dónde puede llevarla esta versión de sí misma. Y en un US Open que siempre le ha sonado a casa, esa pregunta, por primera vez en mucho tiempo, vuelve a tener sentido.






