Danny Green analiza el caso Tszyu–Mahoney: Ganó Nikita
Danny Green no se quedó tranquilo con el ruido que dejó la pelea. Una semana después del polémico empate dividido entre Nikita Tszyu y Ben Mahoney en la eliminatoria IBF superwélter, el excampeón australiano se sentó en su casa en Australia Occidental, apagó el sonido de la retransmisión y volvió a puntuar los 12 asaltos. Su veredicto: ganó “The Butcher”.
Su tarjeta final: 116-114 para Nikita Tszyu. Dos puntos. Un combate ajustado, sí, pero no un robo.
Cómo vio Green la pelea
En la noche caótica de la Gold Coast, los jueces no se pusieron de acuerdo:
- Phillip Holliday dio 117-111 para Tszyu,
- Sabrina Kerr vio 115-113 para Mahoney
- y Carl Zappia firmó un 114-114 que encendió la polémica.
En medio de ese desorden, el propio Tszyu, entrevistado en el ring por Ben Damon, alimentó el caos al decir que sentía que había perdido. Más tarde, ya en la rueda de prensa, rectificó: habló de frustración por no haber podido terminar a su rival.
Green, que ya en la transmisión en vivo se inclinó por Nikita, quiso revisar todo en frío. Sin comentaristas, sin ambiente, solo boxeo.
Su lectura fue clara:
- Asaltos 1 y 2 para Mahoney.
- Asaltos 4, 5, 7, 8, 10 y 11 para Tszyu.
- Asaltos 6 y 12 también para Mahoney.
- Rounds 3 y 9, demasiado cerrados para separarlos.
Resultado: 116-114 para el hombre de Sídney.
“Fue una pelea apretada”, explicó Green. “Pero después de volver a ver los 12 asaltos sin comentarios, la sigo puntuando a favor de Nikita Tszyu. Por dos rounds”.
Para el exmonarca mundial, la clave estuvo en el impacto, no en el volumen. Mahoney trabajó con un jab constante, tiró mucho, se mantuvo vivo con su actividad. Pero Green vio a Tszyu conectando los golpes que marcan la diferencia.
“Mahoney lanzaba muchas manos, su jab lo mantuvo en la pelea”, analizó. “Pero era Nikita quien aterrizaba los golpes más duros y pesados”.
El australiano también señaló lo que en el argot llaman “shoe shining”: ráfagas rápidas, mucho ruido, poco daño. “Había momentos de ‘bap, bap, bap’, golpes de brazo. Yo no les doy demasiado valor”, dijo, aunque reconoció que Mahoney también metió manos sólidas a lo largo de la noche.
La diferencia, para Green, fue el zurdazo de Tszyu. “Sus izquierdas retumbaban. Y fue al cuerpo una y otra vez. Esos golpes hay que puntuarlos”.
Tszyu, ganador… pero aún en construcción
Que Green vea ganador a Nikita no significa que lo considere listo para el techo de la división. Al contrario. El excampeón fue tajante: todavía no es momento de tirarlo a los leones del peso superwélter.
Nombres como Josh Kelly, Sebastian Fundora o Jaron “Boots” Ennis aparecen ya en el horizonte, pero Green pide calma.
“Me hubiese gustado ver a Nikita usar más su gancho de derecha”, apuntó. “Tiene un gancho precioso, pero no lo soltó tanto como podría. También es cierto que Mahoney mantuvo las manos muy altas y no le dio muchas ventanas”.
Para Green, la clave ahora no es la prisa, sino la madurez. “Nikita necesita más experiencia antes de subir al nivel de título mundial. Y sé que él será lo suficientemente humilde como para reconocerlo. Eso es lo ideal: un peleador joven que diga ‘necesito más tiempo antes de enfrentar a los grandes perros, todavía no estoy ahí’”.
El recordatorio de Green no es menor: esta fue apenas la pelea número 14 de Nikita Tszyu como profesional, contando aquella noche con Michael Zerafa que prácticamente no fue combate. “Es muy temprano en su carrera para ir contra campeones del mundo. Sería prematuro”, sentenció.
¿Rematch o América?
Con una pelea tan cerrada y un resultado tan discutido, la palabra “revancha” aparece sola. Green entiende a quienes la piden. Pero no la ve como una obligación inmediata.
Admite que muchos asaltos fueron difíciles de puntuar, que Mahoney superó las expectativas —él mismo había pronosticado que no pasaría del octavo round— y que el público salió con la sensación de que algo quedó inconcluso.
Aun así, el excampeón no se opone a otro camino: que Nikita cruce el Pacífico ya mismo.
Para diciembre se perfila un debut en Estados Unidos, probablemente en la cartelera de la estrella David Benavidez. Green lo aprueba sin titubeos.
“No veo por qué no”, afirmó. “Mientras Nikita siga mejorando, siga poniéndose a prueba y creciendo, no hay ningún lado negativo en eso”.
La idea es simple: consolidar la racha, pulir errores, sumar escenario internacional… sin precipitar el salto a los campeones.
Tim Tszyu y el “rival perfecto”
El análisis de Green no se quedó en Nikita. También se metió en el futuro de Tim Tszyu, flamante vencedor del estadounidense Errol Spence Jr. y ya consolidado como una de las grandes figuras del boxeo australiano.
Para Tim, Green ve un camino claro: buscar un segundo título mundial en una categoría distinta. Y tiene un nombre marcado en rojo: Erislandy Lara, actual monarca WBA del peso medio.
“Creo que Erislandy Lara podría ser el oponente perfecto para Tim”, lanzó. El razonamiento mezcla oportunidad y estilos. El cubano, ya veterano, está en la recta final de su carrera. Y Green confía en que el estilo de Tszyu se ajusta para derrotarlo.
“Si Tim hubiera pisado el acelerador contra Spence, realmente creo que podría haberlo terminado”, opinó. Para él, esa actuación le da a Tszyu la confianza necesaria para aspirar a algo más grande que una simple revancha de nombre.
Ahí entra Jermell Charlo en la conversación. Un nombre enorme, un pasado de campeón indiscutido, pero, para Green, una opción menos atractiva en este momento.
“¿Qué te da Jermell Charlo? ¿Qué te aporta?”, se preguntó. Un combate con Lara, en cambio, significaría la posibilidad de convertirse en campeón del mundo en dos divisiones. Ese es el tipo de legado que Green le recomienda perseguir.
“Yo iría a por otro título mundial”, remató. “Después de la victoria sobre Spence, Tim tiene razones de sobra para sentirse seguro. Quizá podría haber apretado más y cerrado el show, pero una victoria es una victoria. Y fue una gran victoria”.
Una noche mágica, un veredicto incómodo
Green, como muchos, disfrutó del combate entre Nikita Tszyu y Ben Mahoney. Lo describió como “mágico”. Dos australianos, un eliminatorio IBF en juego, un ambiente eléctrico en la Gold Coast y una pelea que superó los pronósticos.
Mahoney aguantó, respondió, complicó, llevó a Nikita a un terreno incómodo. Tszyu tardó en arrancar, pero cuando encontró su ritmo en los asaltos 4 y 5, empezó a “chugging”, como describió Green: a empujar, a imponer su cadencia, a castigar abajo y arriba con esa izquierda pesada que terminó marcando el tono del tramo medio de la pelea.
Para el exmonarca, el cierre fue de Nikita: dominó los asaltos 7, 8, 9, 10 y 11 en intensidad y contundencia, aunque el 9 lo dejó como round imposible de separar. Mahoney, fiel a su estilo, nunca dejó de trabajar, y se quedó con el 12 en la tarjeta de Green, mostrando orgullo y resistencia hasta el final.
El problema no fue el espectáculo. Fue el desenlace. “No es agradable cuando termina de forma controvertida”, admitió Green. Por eso volvió a verla. Por eso sacó la calculadora de juez en su salón de casa. Y por eso, después de repasarla asalto por asalto, se reafirmó: Nikita Tszyu ganó la pelea.
Con esa convicción, el mensaje de Green es doble. Para Nikita: seguir creciendo, aceptar que todavía no es tiempo de Kelly, Fundora o “Boots” Ennis, pero sí de probarse en Estados Unidos. Para Tim: apuntar más alto, buscar otro cinturón, elegir al rival que sume historia y no solo ruido.
La familia Tszyu ya está en la mesa grande. La cuestión, ahora, es hasta dónde quieren —y se atreven— a llegar.






