Dane Sweeny se despide de Nueva York tras la mejor semana de su carrera
Dane Sweeny llegó al cuadro principal del US Open por la puerta de atrás y salió por la grande. El australiano, número 123 del mundo, cayó en tercera ronda ante el italiano Luciano Darderi, 21º cabeza de serie, por 4-6, 3-6 y 3-6, pero dejó en Flushing Meadows la actuación más importante de su carrera.
Era el último representante australiano que seguía con vida en los cuadros individuales. Y, aun así, su torneo empezó casi de rebote: dos bajas de última hora abrieron un hueco y Tennis Australia decidió entregarle a Sweeny la invitación recíproca que inicialmente estaba destinada a Alexei Popyrin. Un cambio de planes que le cambió la temporada. Quizá algo más.
En la pista, sin embargo, el cuerpo le pasó factura. Ante Darderi, Sweeny se quejó de molestias en la cadera y nunca encontró el ritmo. Lo reconoció después: le faltó su habitual sensación de velocidad y sincronía, cometió demasiados errores no forzados y el partido se le escapó sin poder agarrarse al marcador. El italiano, sólido y sin concesiones, no le ofreció segundas oportunidades.
La semana, pese a todo, fue enorme. A sus 25 años, Sweeny alcanzó por primera vez en su vida los octavos de final de un Grand Slam, un salto mayúsculo para un jugador acostumbrado a pelear en la zona media del ranking. El premio económico también refleja el impacto: 402.500 dólares en premios y un impulso en la clasificación que, según los cálculos preliminares, lo llevará hasta el puesto 109 del mundo, su mejor registro.
El siguiente objetivo está claro: irrumpir en el top 100 antes de que termine la temporada. Si lo consigue, tendrá acceso directo al cuadro principal del Australian Open por primera vez, sin depender de invitaciones ni carambolas de última hora. Después de lo vivido en Nueva York, ya no parece un sueño lejano.
Tropiezos de peso para el tenis estadounidense
Mientras Sweeny se despedía, el torneo también se quedaba sin varios nombres ilustres del tenis estadounidense, todos eliminados en tercera ronda.
Taylor Fritz, noveno cabeza de serie y finalista en 2024, sufrió una derrota que duele y sorprende. Ganaba dos sets a cero, pero el argentino Francisco Cerúndolo dio la vuelta al partido con una reacción monumental: 3-6, 4-6, 6-3, 6-4 y 6-4. Para Fritz, es la salida más temprana en el US Open en los últimos cuatro años. Para Cerúndolo, la recompensa es histórica: su primera clasificación a la cuarta ronda en Nueva York.
El golpe más dramático del día, sin embargo, lo protagonizó Madison Keys. La estadounidense dominaba con claridad a Zheng Qinwen: se llevó el primer set por 6-1 y llegó a mandar 5-0 en el tercero. Tenía el partido en la mano. Pero se le escapó. Zheng resistió, encadenó juego tras juego, forzó el desempate en el segundo set y terminó imponiéndose por 1-6, 7-6 (7-3) y 7-5, en una de esas remontadas que marcan torneos.
El premio para la china no es menor: en la siguiente ronda le espera Iga Swiatek, que superó a Marie Bouzkova en dos desempates muy apretados y mantiene su paso firme en el cemento neoyorquino.
La jornada dejó más malas noticias para el público local. Amanda Anisimova, décima cabeza de serie, cayó con claridad ante Anastasia Potapova por 2-6 y 5-7, sin encontrar la forma de frenar el juego agresivo de la rusa. En el lado positivo para Estados Unidos, Coco Gauff sostuvo la bandera con una victoria solvente ante la española Cristina Bucsa, 6-3 y 6-4, sin sobresaltos y con la autoridad que se espera de una campeona del torneo.
Entre irrupciones como la de Sweeny, remontadas imposibles como la de Zheng y salidas prematuras de favoritos locales, el US Open vuelve a recordar que en Nueva York nada está garantizado. Y que una buena semana puede cambiar el rumbo de toda una carrera.






