Dana White quería que Ciryl Gane venciera a Francis Ngannou en UFC 270
Dana White no suele esconder lo que piensa. Esta vez, tampoco lo hizo. El presidente de UFC reconoció abiertamente que, en enero de 2022, la noche de UFC 270, estaba deseando que Francis Ngannou perdiera su cinturón de peso pesado ante Ciryl Gane.
Aquel combate en Anaheim no solo enfrentaba a dos de los pesos pesados más temidos del planeta. También ponía sobre la mesa una relación rota entre promotor y campeón, una tensión que llevaba meses creciendo tras bambalinas.
La noche en la que White quería que perdiera su propio campeón
Ngannou y Gane se midieron en el evento estelar de UFC 270 con el título absoluto de los pesos pesados en juego. El camerunés llegaba como campeón, el francés como campeón interino, con el relato perfecto: antiguo compañero de equipo contra antiguo compañero de equipo, maestro contra alumno.
Pero mientras el mundo miraba el octágono, White miraba otra cosa: el futuro de su empresa sin Ngannou como cara de la división.
En una charla con Big Boy, al ser preguntado por la última vez que había querido que un peleador de UFC perdiera, White no dudó:
«Un tipo al que quería que le ganaran… tendría que ser Francis Ngannou», admitió. «Claro que quería que Ngannou perdiera».
El plan, al menos en su cabeza, estaba claro: una victoria de Gane le abría un camino mucho más sencillo a UFC para manejar el cinturón pesado sin las constantes fricciones contractuales con Ngannou. Pero el guion no siguió los deseos del presidente.
Ngannou, lesionado y lejos de su versión más explosiva, tiró de recursos, se apoyó en la lucha y se llevó una decisión unánime. El campeón conservó el título. White perdió la batalla que estaba librando en silencio.
Un divorcio abierto y sin maquillaje
Lo que White siente por Ngannou ya no es un secreto. No es solo que no se lleven bien: el dirigente ha dejado claro que detesta trabajar con él.
Esta misma semana, fue todavía más lejos. Volvió a cargar contra el ex campeón, lo etiquetó como «mal tipo» y celebró públicamente haberse “lavado las manos” de él.
«Ngannou está en mi lista de Oscar De La Hoya. Mira la historia de Francis Ngannou y las otras compañías con las que ha estado. Es un mal tipo. Es un mal tipo, y estoy en un punto de mi vida en el que simplemente no quiero hacer negocios con tipos malos, ¿sabes lo que quiero decir? Simplemente no quiero», afirmó White.
El mensaje es directo: para el presidente de UFC, el problema no era solo el dinero ni las cláusulas. Era la persona.
Ngannou, por ahora, ha optado por la vía alta. No ha respondido con la misma agresividad, al menos de momento. Pero la confesión de White —reconociendo que quería verlo perder mientras aún era su campeón— abre la puerta a una réplica más dura en cualquier momento.
Ngannou ya no está. ¿Por qué White sigue hablando de él?
Hoy Ngannou ya no forma parte de UFC. Su historia con la compañía está cerrada en lo contractual, pero no en el discurso. Cada vez que White lo menciona, reaviva un conflicto que ya no cambia nada dentro del octágono.
La realidad es simple: Ngannou se fue, el cinturón cambió de manos y la división siguió adelante. Lo que no ha avanzado al mismo ritmo es el relato de su antiguo jefe, que sigue utilizándolo como ejemplo de lo que, según él, no quiere volver a vivir en los negocios.
Mientras tanto, el peso pesado de UFC tiene sus propios problemas. El campeón actual, Tom Aspinall, lleva cerca de un año sin pisar el octágono. La categoría, históricamente una de las joyas de la promotora, necesita movimiento, grandes carteles, nuevas narrativas.
Y ahí está el contraste: el hombre que dirige la mayor liga de artes marciales mixtas del mundo sigue invirtiendo energía en un ex campeón que ya no pelea bajo su bandera, mientras su división reina espera un nuevo capítulo.
Ngannou ya eligió su camino. La pregunta ahora es si White está dispuesto a dejar de pelear con su sombra y centrarse en el presente de los pesos pesados.






