Croke Park: Un final surrealista en 82 segundos
El Croke Park vivió una de esas noches en las que el boxeo recuerda, de golpe, lo frágil que puede ser el límite entre el espectáculo y el caos. Lo que debía ser un sólido coestelar antes del triunfo de Katie Taylor sobre Flora Pili terminó convertido en un no contest de apenas 1 minuto y 22 segundos, con Thomas Carty cayendo de cabeza fuera del ring y una tormenta de acusaciones sobre “golpes ilegales” y “cuerdas flojas”.
Un final surrealista en 82 segundos
La pelea entre el irlandés Thomas Carty, de 30 años, y el inglés David Allen arrancó con la tensión habitual de dos pesos pesados buscando imponerse desde el primer cruce. Duró poco. Demasiado poco.
Según el comunicado emitido por el equipo de Carty, el combate se torció a los 90 segundos del primer asalto: el irlandés habría recibido “dos golpes ilegales en la parte posterior de la cabeza”. El segundo, siempre de acuerdo con esa versión, le provocó un “lapsus momentáneo” que le obligó a buscar apoyo en las cuerdas para no caer.
Ahí todo se desmoronó.
Las cuerdas, descritas como “flojas” por el entorno del púgil local, cedieron. Carty salió despedido de cabeza hacia el exterior del cuadrilátero y se golpeó contra una mesa a pie de ring. El impacto le dejó con una sospecha de conmoción cerebral y el médico de ringside ordenó el final inmediato del combate. No hubo cuenta. No hubo decisión. No hubo ganador.
El veredicto oficial: no contest en el primer asalto.
Carty, fuera de peligro tras el susto
El irlandés fue trasladado al hospital para someterse a un escáner cerebral. La preocupación inicial fue evidente: un peso pesado cayendo de cabeza fuera del ring no es una imagen que el boxeo pueda tomarse a la ligera.
Horas después llegó el parte tranquilizador. El comunicado confirmó que Carty ya se encuentra en casa, “sano” tras las pruebas médicas. No hay daños graves, solo el recuerdo de una noche que debía impulsar su carrera y terminó envuelta en polémica y dudas sobre la seguridad del montaje.
La versión de Allen: “Fui demasiado fuerte y duro para él”
Del otro lado, David Allen ofreció su propia lectura en su canal de YouTube. El inglés, de 34 años, no se vio como protagonista de una acción ilegal, sino como un boxeador imponiendo su físico ante un rival superado.
Allen aseguró que probablemente hablará con la junta de boxeo para pedir que el resultado se modifique a victoria a su favor. En su opinión, la pelea se encaminaba claramente hacia un triunfo suyo.
“Fui un poco demasiado fuerte y duro para Carty”, explicó, insistiendo en que el golpe que desencadenó el caos no fue intencional a la nuca, sino dirigido a la zona de la oreja, un recurso habitual en su repertorio. Según su relato, Carty giró la cabeza en el momento del impacto y el puño terminó yendo a la parte posterior.
“Cuando estoy pesado y en forma, él no iba a hacerme daño en un millón de años”, afirmó Allen. Aseguró que incluso llegó a sonreírle en el ring y que Carty “no lo encajó bien”.
Allen relató que, tras ver a su rival atravesar las cuerdas, se giró hacia el árbitro pidiendo la cuenta, convencido de que, si la acción se hubiera producido en el centro del ring, habría logrado una detención a su favor. En caliente, no escondió su frustración: según contó, llegó a gritar que Carty “se había tirado fuera del maldito ring”, todavía incrédulo por lo que acababa de suceder.
Un caso para el reglamento… y para los organizadores
Más allá del cruce de versiones, el episodio abre varias cuestiones incómodas. El equipo de Carty pone el foco en dos elementos: la ilegalidad de los golpes y el estado de las cuerdas. Si se confirma que el impacto fue claramente a la parte posterior de la cabeza, la decisión de no contest protege al boxeador lesionado. Si además las cuerdas no ofrecían la tensión adecuada, la responsabilidad se extiende al montaje del evento.
Allen, por su parte, se ampara en la dinámica de la acción: un golpe lanzado a la oreja, un giro de cabeza del rival y una caída que, en cualquier otra zona del ring, probablemente habría terminado con una cuenta de diez.
Entre ambas narrativas se mueve ahora el caso, pendiente de lo que determinen las autoridades. El resultado oficial ya está registrado, pero la intención de Allen de pedir que se revise el veredicto añade un nuevo capítulo a una noche ya de por sí extraña.
En un Croke Park que esperaba guerra sobre el ring y acabó viendo a un peso pesado volar por encima de las cuerdas, la pregunta es inevitable: ¿quedará esto como un simple accidente grotesco o como una señal de alarma para el boxeo que viene?






