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Croke Park se ilumina antes del adiós de Katie Taylor

La noche en Croke Park no espera a nadie. Antes de que Katie Taylor se despida para siempre, el estadio ya vibra con una cartelera que mezcla futuro, castigo y emoción pura. Más de 80.000 personas han venido a ver a una leyenda, pero los que abren el telón se han empeñado en que nadie olvide sus nombres.

Mientras el público se acomoda y aguarda también una actuación especial de Westlife, el cuadrilátero no da respiro.

Brennan, demasiado corazón para tanto castigo

El primero en encender la velada principal es Emmet Brennan, el hombre que creció a la vuelta de la esquina de Croke Park y que llega invicto (6-0) y exolímpico, empujado por una grada que lo siente como suyo. Enfrente, el muy bien considerado Taylor Bevan, 9-0, viene dispuesto a demostrar por qué tantos hablan de él.

Desde los primeros compases queda claro quién manda. Tras dos asaltos, el inglés ya ha encontrado un objetivo fijo: las costillas de Brennan, que empiezan a mostrar un enrojecimiento preocupante. Aun así, el dublinés responde con algún gancho de izquierda a la cabeza que arranca murmullos de esperanza.

En el tercer asalto, la realidad golpea con crudeza. Un gancho de izquierda de Bevan manda a la lona a Brennan con dureza. Intenta abrazar, cerrar la distancia, apagar el fuego. No lo consigue. Otro impacto y vuelve a caer. La campana suena como salvavidas, pero la sensación es clara: sobrevivir al cuarto parece una quimera.

Contra todo pronóstico, Brennan no solo sobrevive al cuarto, sino que firma un par de momentos dignos de aplauso. Orgullo, resistencia, una terquedad casi irracional. El problema es que enfrente hay un pegador frío, metódico, que no se deja contagiar por la épica.

El quinto asalto desnuda el desequilibrio. Un precioso gancho de izquierda al cuerpo derriba por tercera vez al irlandés al final del round. Se levanta, se sienta en el taburete, mira al frente. Sabe lo que viene, pero se niega a renunciar.

En el inicio del sexto, los médicos lo revisan durante un buen rato. Da la sensación de que la pelea podría terminar ahí. No sucede. El combate se reanuda y, casi de inmediato, otro golpe al cuerpo lo dobla de nuevo. El árbitro permite que continúe. Bevan no perdona: un zurdazo demoledor a la cabeza lo aplana. Esta vez no hay margen para el heroísmo.

Taylor Bevan se impone a Emmet Brennan por detención en el sexto asalto. Victoria contundente del inglés y una sensación amarga en el aire: esa pelea debió haberse detenido antes de ese último golpe. Brennan abandona el ring por su propio pie, ovacionado, mientras los médicos lo examinan con atención. Bevan, respetuoso, contiene cualquier celebración desmedida. La valentía del local se reconoce con un aplauso largo, sentido.

Donovan firma una actuación de nivel mundial

El tono de la noche cambia con la aparición de Paddy Donovan. El excampeón mundial del peso medio Andy Lee lo guía desde la esquina; el rival es Tyrone McKenna, de Belfast, un boxeador con oficio, pero ya algunos años por detrás de su mejor versión.

En el segundo asalto, McKenna visita la lona. Donovan, paciente, no se precipita. No huele la sangre, la administra. Controla la distancia, mide los tiempos, impone su jab y su derecha adelantada como si estuviera en una sesión de exhibición, no en una batalla en Croke Park.

En el tercero, la voz de Andy Lee retumba en la esquina: “sensacional”. No exagera. El movimiento de cabeza de Donovan roza lo impecable. Esquiva golpe tras golpe, hace fallar a McKenna por centímetros y responde con precisión quirúrgica. Con la mano derecha adelantada le basta para ir ganando asalto tras asalto, como si estuviera dictando una clase magistral.

La superioridad se vuelve evidente. McKenna intenta resistir, pero su rostro empieza a contar una historia distinta. Y entonces, en el cuarto, la noche se tiñe de rojo. Un corte terrible en el ojo de McKenna comienza a escupir sangre, literalmente, sobre las mesas de prensa a pie de ring. La imagen es brutal. El médico sube, observa una vez, otra, y no duda: combate detenido.

Paddy Donovan derrota a Tyrone McKenna por detención en el quinto asalto, decretada por el médico debido a ese corte espantoso. Más allá del desenlace, queda la sensación de haber visto la mejor actuación de la carrera de Donovan: paciente, frío, afilado.

La base irlandesa responde

Antes de que los focos apunten a Katie Taylor, la cartelera ya ha dejado un rastro de promesas. Bobbi Flood y Adam Olaniyan cumplen y convencen en sus compromisos iniciales. El público apenas ha terminado de encontrar su asiento cuando empiezan a caer victorias.

Olaniyan resuelve por la vía rápida, imponiéndose a Matej Hudak por detención en el primer asalto. Flood, por su parte, se lleva una decisión unánime ante Jack Swallow, mostrando oficio y control.

En el duelo entre Liverpool y Coleraine, Joe McGrail se impone a Matthew Boreland por detención en el quinto asalto, otro aviso de que el nivel de los jóvenes en esta cartelera no es casualidad. Katie Taylor también tiene representación familiar: su prima Molly McCann suma su quinta victoria profesional con una decisión unánime sobre Sylwia Doligala, seria y sin sobresaltos.

Completa el repaso Paul Ryan, que se lleva una decisión unánime ante Paddy Gallagher, reafirmando la sensación de que la nueva hornada irlandesa ha entendido el mensaje: esta noche no es solo de despedida, también de presentación.

Resultados hasta el momento:

  • Paul Ryan derrota a Paddy Gallagher por decisión unánime.
  • Adam Olaniyan derrota a Matej Hudak por detención en el primer asalto.
  • Bobbi Flood derrota a Jack Swallow por decisión unánime.
  • Joe McGrail derrota a Matthew Boreland por detención en el quinto asalto.
  • Molly McCann derrota a Sylwia Doligala por decisión unánime.
  • Taylor Bevan derrota a Emmet Brennan por detención en el sexto asalto.
  • Paddy Donovan derrota a Tyrone McKenna por detención en el quinto asalto (corte médico).

La noche que pertenece a Katie

Todo esto sucede antes de que la protagonista principal siquiera haya lanzado un jab. Katie Taylor se prepara para su última caminata hacia el ring, para su combate final, ante la invicta francesa Flora Pili, con el título indiscutido del peso superligero en juego.

Croke Park ruge, pero también contiene la respiración. La carrera de Taylor se ha contado mil veces como una sucesión de imposibles hechos realidad: desde sus días como amateur, cuando el boxeo femenino apenas existía en los grandes escenarios, hasta el dominio absoluto que la ha llevado a este último capítulo.

Esta noche, mientras las luces se enfocan en la entrada del túnel y la música sube, la cartelera ya ha dejado sangre, nocauts y promesas. La leyenda está a punto de aparecer. La pregunta es otra: ¿quién de los que han brillado en este preludio recogerá el testigo cuando Katie Taylor abandone definitivamente el ring?