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Crisis en Manchester United: Decisiones Desconcertantes de Carrick

Los abucheos cayeron como una lluvia fría sobre Old Trafford cuando Kobbie Mainoo fue sustituido en el minuto 90 ante Fulham. No era solo por el cambio. Era el sonido de un estadio que ha perdido la paciencia. Treinta días de temporada, y el regreso de Michael Carrick al banquillo de Manchester United ya se parece más a una pesadilla que a una nueva era.

El dato es demoledor: el equipo ya ha dejado escapar tantos puntos como en toda la campaña pasada. Dos victorias en siete partidos. Un arranque que desnuda errores de gestión, decisiones tácticas incomprensibles y una sensación de derrumbe que, según “The Sun”, deja a Carrick al borde del despido.

Alineaciones sin identidad: un ataque desfigurado

El primer golpe a la lógica llegó con Ayden Heaven. Titular con 19 años, sin haber salido de inicio en la Premier League desde el 22 de agosto, y lanzado al once contra Hull City casi por descarte: es el único zurdo disponible en ausencia de Lisandro Martínez. Carrick lo colocó frente a un delantero de choque como Oli McBurnie, ignorando a Noussair Mazraoui y Diogo Dalot.

El experimento duró 45 minutos. Demasiado tiempo para un “catálogo de riesgos” en defensa, muy poco para justificar semejante apuesta.

La elección en la banda izquierda fue igual de desconcertante. Con tres extremos zurdos disponibles, el técnico se decantó por Patrick Dorgu, el más débil de ellos, pese a haber tenido toda la pretemporada para perfilar jerarquías. No aguantó ni un tiempo.

Ese movimiento desarmó todo el frente de ataque. Matheus Cunha, brillante y goleador la temporada pasada partiendo desde la izquierda con Carrick, fue desplazado al centro del ataque… y perdió filo. Bryan Mbeumo, que venía marcando en todos sus partidos como nueve, fue enviado a la banda derecha. Dos piezas fuera de sitio, dos amenazas rebajadas.

Contra Ipswich, Everton y Fulham —una victoria, un empate y una derrota— Carrick insistió con el mismo once. El problema mayor estaba atrás: la zaga formada por Dalot, Harry Maguire, Lisandro Martínez y Luke Shaw es exactamente la misma que encajó el 4-0 ante Brentford en agosto de 2022, la noche más negra del United en la historia de la Premier League. Hoy, ese cuarteto ya ha recibido cinco goles en cuatro partidos.

Gestión de partidos grandes: decisiones que se pagan caro

Ante Everton, United ganaba 1-0 cuando Marcus Rashford pidió el cambio porque “sentía algo”. Carrick respondió sacándolo y dando entrada a Dorgu. El mensaje fue de fragilidad. Sean Dyche leyó la señal, Everton se estiró y dio entrada a Jack Grealish. El desenlace fue cruel: Grealish empató.

Luke Shaw, uno de los pocos que aún aportan soluciones, sirvió el gol de Benjamin Sesko en el minuto 88. Con el 2-1 en la mano, Carrick decidió entonces retirar a sus laterales, Shaw y Dalot, para meter a Leny Yoro y Mazraoui. El castillo se vino abajo en segundos.

Yoro cerró demasiado hacia dentro y abrió una autopista para Grealish. Mazraoui dudó en el cruce. Ainsley Maitland-Niles apareció y firmó el 2-2 en el 95. Dos cambios defensivos en el tramo final, dos errores, dos puntos que se escapan.

Contra City, la oportunidad fue aún más clara. Phil Foden vio la roja en el minuto 23. Veintidós minutos con superioridad numérica antes del descanso, tiempo suficiente para redibujar el plan. Sesko calentaba en la banda, el Stretford End coreaba su nombre, pero el delantero no pisó el césped hasta el minuto 64. Para entonces, Erling Haaland ya había marcado el gol de la victoria.

La entrada de Sesko terminó de desordenar el equipo. Cunha se retrasó unos metros, Bruno Fernandes cayó todavía más atrás para reforzar el medio. El jugador más creativo, el cerebro cerca del área rival, alejado del lugar donde hace daño mientras el United iba por detrás en el marcador. Resultado: ni una ocasión clara hasta el minuto 95.

Apuestas por nombres gastados

La Copa ofrecía un respiro, al menos sobre el papel. Pero Brighton, que ya ha ganado en Old Trafford cuatro temporadas seguidas, no era precisamente el rival ideal para improvisar. Carrick eligió ese partido para hacer ocho cambios y sentar a un chico de 15 años en el banquillo. Una noche de rotaciones masivas ante un rival que conoce el estadio y no se intimida.

El técnico alineó a Yoro y Heaven por delante de Karl Darlow, que disputaba su primer partido en la portería del United. La combinación fue un billete directo al desastre. Los tres participaron en los goles encajados, y Brighton se convirtió en el primer equipo que remonta un 0-2 y gana en Old Trafford desde aquel Tottenham de 1976.

En ataque, la fe de Carrick en Joshua Zirkzee se ha convertido en otro símbolo del bloqueo. El delantero firmó un doblete en la primera victoria de Rúben Amorim en diciembre de 2024. Desde entonces, solo dos goles de liga. El club estuvo dispuesto a venderlo en verano tras el interés de Everton.

Aun así, Zirkzee apareció en tres derrotas consecutivas del United sin dejar huella. Ni un giro, ni una chispa, ni una variante. Justo cuando el equipo necesitaba imaginación, Carrick se aferró a un jugador que el propio club ya estaba dispuesto a dejar marchar.

Old Trafford ha visto épocas turbulentas, entrenadores discutidos y plantillas desequilibradas. Lo que vive ahora es distinto: un equipo que repite viejos errores con los mismos protagonistas, y un técnico que, en apenas un mes, ha quemado casi todo su crédito.

La pregunta ya no es cuánto tiempo tiene Carrick. La verdadera cuestión es si este Manchester United reconoce todavía el escudo que lleva en el pecho.