Crisis en el cricket: Pakistán despide a siete jugadores y cambia de entrenador
Lo que parecía una mala racha se ha convertido en una auténtica crisis. Con la serie ya 0-2 en contra en Inglaterra y el equipo hundido en la tabla del WTC, la dirección de Pakistán ha ejecutado una purga masiva: siete jugadores fuera del plantel de Test y un giro radical en el cuerpo técnico, todo en mitad de la gira.
Entre los señalados figura un nombre pesado: Salman Agha, ex capitán de white-ball. Junto a él, también han sido liberados Mohammad Rizwan, Imam-ul-Haq, Ali Usman, Aamir Jamal, Muhammad Awais Zafar y Khurram Shahzad. No es un simple ajuste de lista; es un mensaje. Y suena a ultimátum.
Un equipo roto y números que condenan
El contexto explica la dureza del movimiento. Pakistán ha perdido cinco de sus últimos seis Tests, con una única victoria reciente ante West Indies. Está fuera de la pelea por la final del WTC y se ha convertido en el peor equipo con el bate en el ciclo actual: promedio colectivo de 23,92 desde enero de 2025, el más bajo entre todos los conjuntos del campeonato.
Los líderes del vestuario tampoco se salvan. Rizwan, uno de los referentes, suma 283 carreras en 11 entradas a 25,72 de promedio, con solo dos cincuentenas. Agha, llamado a ser pilar en el medio orden, apenas ha aportado 221 carreras a 24,55. Imam, teórico ancla en la parte alta, se queda en 178 carreras a 22,25 en ocho innings. Para una alineación que ya vive al límite, esos registros son un lastre.
El desplome no es solo sensación. Desde 2018, Pakistán no gana un Test en países SENA (Sudáfrica, Inglaterra, Nueva Zelanda y Australia). Dieciocho partidos sin victoria: 16 derrotas y apenas dos empates. La última alegría en esas condiciones data de mayo de 2018, en Lord’s. El mismo escenario donde el domingo sufrieron otra caída dolorosa: décima derrota en sus últimos 11 Tests fuera de casa y, como golpe simbólico, su ratio histórico de victorias-derrotas en Test bajó de 1 por primera vez desde 1987. El balance ahora: 153 triunfos y 154 derrotas en 473 encuentros, para un 0,993 que retrata el declive.
Siete adiós, siete oportunidades
La reacción de la dirección deportiva no se ha hecho esperar. Para el tercer Test, que arranca el 9 de septiembre en Birmingham, se han cursado siete nuevas convocatorias. Tres de los llamados ya saben lo que es vestir la camiseta de Pakistán: Saim Ayub, Abdullah Fazal y Arafat Minhas. A su alrededor, cuatro debutantes potenciales: Mohammad Imran Jnr, Saad Baig, Mohammad Imran (Imran Randhawa) y Razaullah.
Es una apuesta agresiva. Un corte generacional forzado por la urgencia. El mensaje es claro: nadie tiene el puesto garantizado, ni siquiera los nombres consolidados que hasta hace poco parecían intocables.
Golpe al banquillo: Hesson toma el control
El temblor no se detiene en el vestuario. El cuerpo técnico también salta por los aires. Mike Hesson, hasta ahora responsable del equipo de white-ball, ha sido designado para tomar las riendas del conjunto de Test, trabajando junto a Ashley Noffke. El técnico neozelandés ya se encuentra en Inglaterra y se unirá al grupo de inmediato.
Hesson dirigirá al equipo de red ball en lo que resta del ciclo del WTC: dos Tests en Sri Lanka en noviembre y otros dos en Nueva Zelanda a comienzos del próximo año. En paralelo, el actual entrenador de Test, Sarfaraz Ahmed, y el entrenador de bolos, Umar Gul, han sido liberados de sus funciones.
No es la primera vez que una selección visitante reconfigura su staff en Inglaterra, pero el momento elegido sí rompe moldes. La BCCI ya lo hizo en 2014, cuando incorporó a Ravi Shastri y a su equipo —Bharat Arun, R Sridhar y Sanjay Bangar— durante la gira, desplazando al cuerpo técnico de Duncan Fletcher. Sin embargo, aquel movimiento llegó tras la serie de Test (derrota 1-3) y antes de los partidos de white-ball. Pakistán, en cambio, ha detonado su revolución en plena serie de Test.
Un punto de no retorno
Lo que vive Pakistán en Inglaterra no es solo una mala serie. Es un choque frontal con su realidad actual. Un equipo que durante décadas se alimentó de talento natural, genialidad imprevisible y noches épicas, hoy mira el marcador global y descubre que pierde más de lo que gana.
El tercer Test en Birmingham ya no es solo un trámite con la serie prácticamente sentenciada. Se ha convertido en el primer examen de un proyecto improvisado sobre la marcha, con un vestuario sacudido y un nuevo mando en el banquillo.
La pregunta es directa: ¿será este el inicio de una reconstrucción seria o simplemente otro parche en una caída que ya dura demasiado?






