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Conor Benn se prepara para su asalto al título mundial contra Ryan Garcia

Conor Benn llega a Las Vegas con el cuerpo al límite y la mente encendida. A sus 29 años, el británico afronta el sábado en el T-Mobile Arena el primer combate por un título mundial de su carrera profesional, ante el campeón WBC del peso wélter, Ryan Garcia. El escenario es de película. El proceso para llegar ahí, un tormento.

“Ha sido extremadamente difícil”, admite Benn. No habla de los rivales, ni de la presión. Habla de la báscula. De volver a 10st 7lb, 67 kilos, una frontera que no cruzaba desde hace más de cuatro años. “Siento que me han arrastrado a los pozos del infierno, he peleado con Satanás y Dios me ha devuelto a la vida”. No es una figura retórica más: es la radiografía de un corte de peso brutal.

La última vez que dio el límite del wélter fue en abril de 2022, cuando detuvo a Chris van Heerden en dos asaltos. Desde entonces, su cuerpo se acostumbró a otra realidad. Subió a 11st 6lb, 73 kilos, para dos peleas millonarias ante Chris Eubank Jr el año pasado. Primero llegó la primera derrota de su carrera en abril de 2025; siete meses después, la revancha a los puntos. Más grande, más fuerte, más cómodo lejos del sufrimiento de la báscula.

Ahora, todo lo contrario. Las imágenes de esta semana en redes sociales han encendido las alarmas. Un Benn afilado, rostro hundido, músculos secos. Antiguos campeones y viejos rivales han levantado la ceja. Carl Froch, siempre directo, y Chris Algieri, que lo conoce desde el otro lado del ring, han cuestionado si este descenso tan agresivo puede dejarle vacío cuando suene la campana.

La preocupación tiene lógica si se mira el estilo de cada uno. Benn es un peleador de presión, de ir al frente, de morder desde el primer minuto. Su boxeo se alimenta de piernas fuertes, de resistencia, de ritmo. Enfrente, el estadounidense Ryan Garcia, 28 años, manos velocísimas y un gancho de izquierda en contragolpe que ya ha hecho naufragar a más de uno. Llegar sin gasolina a ese tipo de duelo es jugar con fuego.

Benn, sin embargo, no compra el discurso del desgaste. “Estoy sano”, insiste. Su plan es claro: sufrir hasta la báscula del viernes, rehidratarse a lo grande y subir al ring cerca de los 12st 7lb, unos 80 kilos. Es decir, dos piedras por encima del límite del wélter. Una transformación exprés en apenas unas horas, tan habitual en el boxeo de élite como polémica.

No se queja. No se permite hacerlo. “No voy a quejarme cuando me pagan una fortuna por encabezar una velada en Las Vegas por un título mundial. Sé a lo que me apunté”. Lo dice con la naturalidad de quien entiende el negocio y, al mismo tiempo, con la frialdad de quien ya ha decidido que este sacrificio será puntual.

Porque incluso si cumple su sueño y se proclama campeón del mundo, Benn no piensa aferrarse al cinturón del wélter. Su idea es radical: ganarlo y dejarlo vacante “de inmediato”. Volver a un peso más acorde con su físico, ya sea el medio o incluso el supermedio. “Me encantan los desafíos y de eso va la vida, de lo contrario es aburrida”, explica. Este corte de peso, más que un nuevo punto de partida en la categoría, suena a misión única.

Lo llamativo es que, pese a todo el sufrimiento interno, Benn no se ha mostrado hundido por la ocasión. Al contrario. En el Meta Apex de UFC, donde atendió a la prensa británica desplazada a la ciudad, apareció relajado, de buen humor, con tiempo para todos. A su lado, una figura que pesa tanto como cualquier cinturón: Nigel Benn.

El padre, leyenda del boxeo británico y excampeón mundial en dos divisiones, había insinuado que daría un paso atrás en la carrera de su hijo. Esta semana ha hecho justo lo contrario. Presente, visible, acompañando cada movimiento. Su sola presencia añade una capa emocional a un combate que ya venía cargado de narrativa familiar.

Al que Benn todavía no ha visto de cerca es a su rival. El martes estaba previsto un cara a cara en el Mandalay Bay. Ryan Garcia nunca apareció. El equipo de Benn fue avisado de antemano: el campeón no acudiría. El británico, aun así, se presentó. Y, ante la ausencia del estadounidense, se cuadró en broma frente a su padre, de 62 años, para las cámaras.

Entre risas, dejó un mensaje con filo. Definió a Garcia como un “tipo raro” y aseguró que su ausencia “no le hace ningún favor” al campeón. Falta de disciplina, falta de profesionalidad, según su lectura. “No me preocupa, he lidiado con cosas peores. Se presente o no, no me cambia nada”, remató. Y lanzó un recordatorio de por qué están todos en Las Vegas: “Por muy duro que sea el corte de peso o cualquier otra cosa, le debemos al público dar a los aficionados lo que quieren”.

El sábado, cuando Benn cruce las cuerdas, sabrá si el viaje a los “pozos del infierno” mereció la pena. Habrá un cinturón mundial en juego, un apellido pesado en la primera fila y un cuerpo que ha sido exprimido hasta el límite. La pregunta es sencilla y brutal: ¿le alcanzará el alma para sostener lo que le ha quitado la báscula?