logo

Cesc Fàbregas, Entrenador del Año: Como en el Calcio

En una noche pensada para los gigantes del fútbol italiano, el protagonista fue el técnico de un club que todavía se define a sí mismo como “una pequeña realidad”. Cesc Fàbregas, entrenador de Como, fue elegido Entrenador del Año en la Gran Gala del Calcio, un reconocimiento que certifica su irrupción fulgurante entre los técnicos más prometedores de Europa.

El premio tuvo un peso simbólico añadido: se lo entregó en mano el seleccionador de Italia, Roberto Mancini, sobre el escenario. Un relevo generacional casi teatral. El viejo maestro del banquillo pasando el testigo, al menos por una noche, al recién llegado que se ha ganado el respeto de todo el país.

Mientras Inter se llevaba el galardón a Club del Año y Federico Dimarco era distinguido como Jugador del Año, el foco se detuvo en el español de 37 años. Un excentrocampista de Arsenal y Chelsea que, lejos de vivir de su pasado, ha decidido construir un presente diferente, desde la pizarra.

Un proyecto joven que rompe el molde

Fàbregas no escondió el orgullo por lo logrado con un grupo en plena formación. Lo resumió con una frase sencilla, pero cargada de mensaje: hicieron historia con “chicos muy jóvenes”. No habló de milagros ni de casualidades. Habló de energía, de atrevimiento técnico, de una apuesta clara por un fútbol proactivo.

Su Como no se repliega, no se protege por complejo. Ataca. Propone. Se expone. Esa valentía le ha valido elogios generalizados en Italia y ha colocado a su entrenador en el radar como uno de los estrategas jóvenes más interesantes del continente.

Fàbregas subrayó que el crecimiento del equipo se sostiene en una idea: avanzar sin perder la calma. El éxito temprano suele deformar proyectos. Él insiste en lo contrario. Ir “poco a poco”, asumir que la presión sube “cada año” y convertirla en combustible, no en lastre.

La presión como placer

Sus palabras retratan bien el momento que vive Como. Un club modesto, con un técnico de nombre grande y una expectativa que ya no es la de simplemente sobrevivir. “Somos Como, una pequeña realidad, vamos despacio”, recordó el entrenador, casi como si quisiera frenar la euforia externa.

No se queja de la exigencia. La abraza. Dice que la presión es “un placer” y que el grupo la asume “con naturalidad”. Ahí está una de las claves de este proyecto: la ambición sin estridencias, la voluntad de crecer sin saltarse etapas.

El trofeo, reconoció, le “agrada” y lo vive como “un honor” estar en una gala reservada históricamente a los grandes colosos del calcio. Pero cada vez que mira hacia el escenario, vuelve a mirar enseguida hacia el vestuario. El mensaje es recurrente: el foco está en el desarrollo sostenible del club, en construir algo que resista el paso del tiempo.

Del brillo de la gala al barro de la Serie A

Con el premio ya en sus manos, Fàbregas cambia de escenario. Del traje de gala al chándal. De los focos de un teatro a la crudeza de los próximos partidos de Serie A. El reconocimiento individual no modifica el plan: seguir puliendo un equipo joven, afianzar una identidad ofensiva y competir sin complejos contra estructuras mucho más poderosas.

El español sabe que lo difícil empieza ahora. El fútbol italiano ya lo ha señalado como entrenador del año. Falta comprobar hasta dónde puede llevar a ese “pequeño” Como que, paso a paso, se ha colado en la conversación grande del calcio.