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El duro castigo a Smit por dopaje: cuatro años de suspensión

La carrera de Smit ha quedado en suspenso. El organismo de integridad deportiva le ha impuesto una sanción de cuatro años por violaciones a las normas antidopaje, tras concluir que el jugador poseyó y planeó usar un esteroide anabolizante prohibido.

No se trata de un simple aviso. Es una expulsión prolongada del deporte competitivo hasta el 26 de mayo de 2030, con efecto retroactivo al 26 de mayo de 2026, fecha en la que fue suspendido de manera provisional. Para un deportista joven, es casi una vida entera lejos del alto nivel.

Un pedido desde la adolescencia que lo condena en la élite

En el centro del caso aparece Dianabol, un potente esteroide anabolizante. Smit reconoció haberlo pedido a China en 2022, cuando todavía estaba en el colegio. Según su versión, buscaba ganar volumen en el gimnasio y no mejorar su rendimiento en el cricket.

El paquete, sin embargo, no apareció hasta mucho después. Fue interceptado el 31 de diciembre de 2025, tras una larga demora y, según el propio jugador, “sin previo aviso”. Para entonces, Smit ya era un deportista sujeto a las normas antidopaje.

Ahí se abre la grieta clave del caso. El jugador sostuvo que, debido al retraso, ya no deseaba la sustancia cuando finalmente llegó. Afirmó que no canceló el pedido, pero que el tiempo transcurrido había cambiado sus intenciones.

El tribunal no compró ese argumento.

Bitcoin, falta de pruebas y una versión que no convenció

La Sport Integrity Commission pidió a Smit que respaldara su relato. Le solicitó mensajes con el proveedor, comprobantes de transacciones, cualquier rastro documental que demostrara cómo y cuándo se había realizado el pedido.

Smit aseguró no tener nada. Dijo haber pagado el paquete con bitcoin y afirmó que ya no tenía acceso a la cuenta utilizada para la operación. Sin chats, sin recibos, sin extractos. Solo su palabra.

La comisión, que ya había concedido varias prórrogas para que presentara su defensa, dejó constancia de que el jugador ni siquiera llegó a registrar formalmente un escrito de descargo. Esa ausencia pesó tanto como la falta de documentos.

El tribunal deportivo fue tajante: consideró que la compra de 2025 constituía un nuevo pedido, no una simple entrega retrasada de 2022. Esa interpretación es determinante. Si se trataba de una nueva orden, Smit estaba ya plenamente sometido al código antidopaje en el momento de la adquisición.

Con esa premisa, el resto encajó con facilidad. El panel se declaró “satisfecho” de que Smit poseyó el esteroide y planeaba utilizarlo. Ambas infracciones quedaron establecidas.

Un aviso severo a toda una generación

El caso no solo golpea a un jugador. Lanza un mensaje al vestuario, al gimnasio, a las redes sociales donde se ofrecen atajos físicos envueltos en promesas de músculo rápido.

La directora ejecutiva de Sport Integrity Commission Te Kahu Raunui, Rebecca Rolls, subrayó la dimensión del problema. Recordó que las normas antidopaje “se aplican a los deportistas de todos los niveles” y que no se limitan a las estrellas consagradas.

Su advertencia fue directa: comprar sustancias prohibidas por internet puede parecer algo de bajo riesgo, casi anónimo. La realidad, remarcó, es otra. Las consecuencias pueden ser “profundamente dañinas”, no solo para la salud y el bienestar del deportista, sino también para sus relaciones personales y su futuro en el deporte que ama.

Smit es ahora el rostro de ese aviso. Un talento apartado cuatro años del juego por un paquete que cruzó fronteras, por un pago en criptomonedas que nadie puede rastrear y por una defensa que nunca llegó a tomar forma.

La pregunta, para él y para tantos jóvenes que miran al espejo del gimnasio antes que al reglamento, es sencilla y brutal: ¿cuántas carreras más están dispuestas a arriesgarse por un atajo comprado en línea?