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Caroline Dubois defiende sus títulos y enciende rivalidad con Alycia Baumgardner

Caroline Dubois no arriesgó el trono, pero dejó claro que manda. Defendió con autoridad sus cinturones WBC y WBO del peso ligero ante una valiente pero limitada Amelia Moore en el BP Pulse Arena de Birmingham, y siguió alimentando el fuego de una futura guerra con Alycia Baumgardner.

No hubo suspense en las cartulinas: decisión unánime, 99-90, 99-90 y 98-91. La británica hizo exactamente lo que se esperaba de ella. Control, mando, castigo constante. Le faltó únicamente el broche del nocaut.

Una campeona que impone respeto

Dubois entró como amplia favorita y nunca dio sensación de estar en peligro. Se adueñó del centro del ring desde el inicio, manejó los tiempos y utilizó su físico y pegada para ir desarmando a Moore, más con presencia que con velocidad, más con autoridad que con brillo explosivo.

El momento más contundente llegó en el quinto asalto. Un zurdazo seco, rotundo, mandó a Moore a la lona. Parecía el principio del final. Pero la estadounidense se levantó de inmediato, con orgullo, y a partir de ahí sobrevivió más por coraje que por recursos.

Desde ese punto, la pelea se convirtió en un ejercicio de dominio. Dubois la fue moviendo por el cuadrilátero a su antojo, como una gata que juega con el ratón, sin dejar que el combate se ensuciara ni que el ritmo se le escapara de las manos. No aceleró en exceso; dejó que los asaltos cayeran uno tras otro, rumbo a un desenlace largo y casi inevitable.

La diferencia de experiencia se notó en cada intercambio. Dubois ha recorrido 70 asaltos más como profesional que Moore, y esa escuela se vio en la manera en que neutralizó cualquier atisbo de peligro, pese a ser cuatro pulgadas más baja. Se agachó, entró y salió, y no concedió ventanas claras a su rival.

Moore resiste, pero no alcanza

Para Amelia Moore, apenas en su quinta pelea profesional, la noche fue una mezcla de examen y bautismo de fuego. Dos veces campeona nacional en Estados Unidos como amateur, llegó con credenciales respetables y un carácter indiscutible. Ganas, corazón, determinación. Le faltó, sin embargo, la calidad necesaria para inquietar a una campeona del nivel de Dubois.

Aguantó el castigo, se levantó de la caída y se negó a descomponerse. Pero nunca encontró la fórmula para cambiar el guion. La pelea, desde el primer asalto, tuvo una sola dueña.

Choque verbal con Baumgardner: la verdadera chispa de la noche

El combate terminó en las tarjetas, pero el verdadero fuego se encendió después. Alycia Baumgardner, campeona unificada del superpluma, estaba a pie de ring en lo que ella misma definió como una “misión de ojeo”. Y no se quedó callada.

Acusó a Dubois de “tensarse” y de verse “cansada”. La respuesta de la británica fue inmediata, sin filtro, acorde con la nueva versión de sí misma que ha abrazado bajo la batuta de MVP: más descarada, más ruidosa, más segura. En un intercambio cargado de exabruptos, señaló a Baumgardner por irrumpir en “mi división” y remató: “soy la mejor aquí”.

No es una rivalidad improvisada. Llevan un año lanzándose dardos a distancia, y en Birmingham volvieron a cruzar miradas y palabras, cada una con su propia rueda de prensa para promocionar sus próximos compromisos. El ambiente ya está construido; solo falta la fecha.

El plan es claro: si Baumgardner, de 32 años, da el salto al ligero y derrota a la campeona IBF Elif Nur Turhan el 8 de noviembre en Texas, el camino quedará despejado para que ambas encabecen otra gran velada de boxeo femenino bajo el sello de MVP en 2027.

Dubois cambia de rumbo… sin soltar los cinturones

Mientras tanto, Dubois también mueve fichas fuera del ring. Tomó una decisión que sorprendió al mundo del boxeo británico: dejó a Shane McGuigan en Londres, el entrenador que la condujo a sus dos títulos mundiales en el ligero. Ha cruzado el Atlántico para instalarse en Los Ángeles y trabajar con el reputado técnico estadounidense Manny Robles, buscando ese punto extra que la convierta no solo en campeona, sino en figura dominante.

El récord acompaña su ambición: 15 peleas profesionales, invicta, con 14 victorias en total. El siguiente paso, si todo encaja, tiene nombre y apellido: Alycia Baumgardner.

Terri Harper, renacer en amarillo

La noche en Birmingham dejó también otra historia poderosa. Terri Harper, derrotada a los puntos por Dubois en abril y golpeada emocionalmente desde su caída ante Sandy Ryan en 2024, inició su reconstrucción con una actuación contundente frente a Miranda Reyes.

Subió al peso wélter sabiendo que no tenía margen de error si quería seguir siendo considerada una boxeadora de primer nivel. Entró al ring con guantes amarillos brillantes y esa energía se trasladó de inmediato a su boxeo.

En el primer asalto se adueñó del centro del ring y castigó con decisión al cuerpo de Reyes. En el segundo, pisó el acelerador. Dos caídas en rápida sucesión, primero tras una ráfaga al cuerpo y después con un gancho de izquierda corto, preciso, que terminó de quebrar la resistencia de la púgil de Houston.

El árbitro detuvo la contienda a los 47 segundos del segundo asalto, mientras la esquina de Harper, también vestida de amarillo, celebraba un triunfo que se sintió como una liberación. Séptimo nocaut de su carrera, dentro de un registro de 17 victorias en 22 combates. Un recordatorio, a tiempo, de lo que todavía tiene dentro.

“Una de las mejores actuaciones de mi carrera, estoy muy contenta con esto. No os vais a librar de mí tan fácilmente”, dijo después, ya más serena, pero con la mirada de quien se sabe de vuelta. “Es demasiado pronto para decir adiós. Aún tengo mucho que dar”.

Dubois consolida su reinado, Harper reabre su camino y Baumgardner observa, toma notas y espera su turno. La pregunta ya no es si se verán las caras en el ring. La cuestión es cuándo y en qué punto de sus carreras explotará, por fin, esa rivalidad que el boxeo femenino lleva un año deseando ver.