Carlos Alcaraz avanza en el US Open tras barrer a Wu Yibing
Carlos Alcaraz ya no parece un jugador que vuelve de lesión. Parece un campeón que llega para quedarse. En apenas dos horas y 20 minutos, el español barrió a Wu Yibing con un contundente 6-3, 6-4, 6-1 y se metió en octavos del US Open con la sensación de que cada partido le afina un poco más el colmillo.
Hace solo unos días, su debut en Flushing Meadows era su primer partido individual en 139 días, desde aquella lesión de muñeca en abril que frenó su temporada. Hoy, el relato es otro: el número dos del cuadro ya se mueve, pega y manda como si nunca se hubiera ido.
De la duda física a la autoridad en pista
Su estreno fue correcto, solvente, sin sobresaltos. En segunda ronda, ante Jaime Faria, tocó remar desde un set abajo y ajustar el pulso competitivo. Ante Wu, directamente impuso jerarquía.
El primer set marcó el tono. Alcaraz tomó la iniciativa desde el resto, se adueñó del fondo de pista y castigó cada bola corta del chino. El 6-3 inicial no solo fue un resultado; fue una declaración: el campeón defensor está de vuelta y no viene a rodarse, viene a competir por el título.
En el segundo parcial, Wu intentó estirarse, cambiar alturas, buscar líneas. Aguantó más, pero nunca dio la sensación de poder voltear el guion. Cuando el español apretó al resto, el 6-4 cayó casi por inercia. El tercero fue un monólogo: 6-1, con Alcaraz soltando el brazo, variando alturas y ángulos, y un rival ya desbordado por ritmo y confianza.
Al terminar, el propio Alcaraz admitió que su cuerpo le está respondiendo por encima de lo esperado. Se siente fuerte, se recupera bien y, sobre todo, ha “atrapado el ritmo de la competición”. Se le nota: cada vez que entra en pista, su tenis gana una marcha más.
Un cuadro que se abre… y una vieja víctima en el horizonte
El siguiente obstáculo tiene nombre y ranking: Tommy Paul, cabeza de serie número 20. El estadounidense juega en casa, conoce la pista y no rehúye los intercambios largos. Pero hay un dato que pesa: Alcaraz le ha ganado las seis veces que se han cruzado.
Ese historial no garantiza nada en un Grand Slam, pero sí dibuja un patrón. El español sabe cómo hacerle daño, cómo incomodarle, cómo acelerar cuando el partido se enreda. Y llega con la confianza de quien ve cómo el torneo se va despejando por arriba.
La ausencia por lesión de Jannik Sinner ha dejado a Alexander Zverev como referencia del cuadro masculino por el lado contrario. El alemán, campeón de Roland Garros y finalista en Wimbledon, encabeza la parte alta, mientras Alcaraz manda en la baja como segundo cabeza de serie. Solo podrían verse en la final. Para el espectáculo, sería un cierre de altura.
Pero el camino de Zverev está siendo una travesía nocturna: dos partidos, dos maratones a cinco sets, y salidas de pista a las dos de la madrugada. Mucho desgaste, demasiadas horas de vuelo en una primera semana que suele pasar factura en la segunda.
Gigantes caídos y una autopista tentadora
El torneo ha volado por los aires en cuestión de días. Novak Djokovic cayó a las primeras de cambio ante Mariano Navone, un golpe sísmico para el cuadro. Felix Auger-Aliassime, tercer cabeza de serie, se despidió en segunda ronda frente a Karen Khachanov.
Con ese derrumbe de favoritos, el horizonte de Alcaraz parece, sobre el papel, menos amenazante. Antes de semifinales, el único top-10 al que podría enfrentarse es Ben Shelton, octavo cabeza de serie y uno de los grandes ídolos locales. El público empuja al estadounidense, pero el historial es claro: tres partidos entre ambos, tres victorias del español.
En unas hipotéticas semifinales asoma Daniil Medvedev, séptimo cabeza de serie. El cara a cara también sonríe al murciano: 6-3 a su favor. El ruso, eso sí, ya sabe lo que es tumbarle este año: lo hizo en Indian Wells en marzo, recordatorio de que, cuando encuentra el día, puede congelar el ritmo de cualquiera con su tenis plano y su lectura táctica.
Por el otro lado del cuadro, Zverev podría cruzarse antes de la final con Taylor Fritz, respaldado por la grada, o con Flavio Cobolli, finalista en Roland Garros y una de las irrupciones del año. El alemán tendrá que sobrevivir a ese laberinto si quiere llegar al domingo decisivo.
Un campeón que ya juega como campeón
Alcaraz insiste en que solo piensa en “mejorar cada partido”. Su tenis dice algo más: está ya a la altura de los candidatos, no de los aspirantes. Se mueve con soltura, domina los tiempos, recupera bien y encadena victorias sin que la muñeca sea tema de conversación.
La defensa del título en Nueva York no será un paseo. El cuadro todavía esconde trampas, noches largas y rivales con ganas de destronar al campeón. Pero, a estas alturas, con el torneo ya convulso y varios gigantes fuera de combate, la pregunta es inevitable:
¿Quién va a ser capaz de frenar a un Carlos Alcaraz que, partido a partido, vuelve a parecerse al jugador que ya sabe cómo se levanta un trofeo en Flushing Meadows?






