Brighton & Hove Albion: La evolución de Hürzeler y su impacto en la Premier League
En marzo, en pleno viento cortante de la costa sur, Fabian Hürzeler salió de la sala de prensa con una frase que se quedó flotando sobre la Premier League: “Hoy solo hubo un equipo que intentó jugar al fútbol”. Venía de perder 1-0 ante Arsenal. Había dominado casi todo. Había disparado más, combinado mejor, mandado en el juego. Y, sin embargo, un destello de Bukayo Saka y un error de Bart Verbruggen bastaron para inclinar el marcador.
Aquella noche, el joven técnico de Brighton & Hove Albion no se mordió la lengua. No solo analizó el partido. Señaló, casi a contracorriente, la manera en la que Mikel Arteta entiende el juego con una plantilla de lujo. Y dejó una pregunta incómoda en el aire: ¿es suficiente ganar, aunque el espectáculo se quede por el camino?
“Yo nunca seré un entrenador que intente ganar así. Si ellos salen campeones, nadie preguntará cómo lo hicieron. Se nota que hacen todo para ganar”, lanzó el alemán, antes de mirar a la sala y rematar: “Si preguntara aquí: ‘¿De verdad disfrutasteis de ese partido?’, quizá uno levantaría la mano porque es un gran aficionado de Arsenal. Pero el resto, seguro que no”.
Medio año después, en el Falmer Stadium, la respuesta llegó desde el césped. Y fue demoledora.
De la teoría a la exhibición
Cuando Brighton apostó por Hürzeler en el verano de 2024, lo hizo a largo plazo. Cinco años de contrato para un técnico de 33 años, sin red y con una idea de juego que exigía tiempo, riesgo y paciencia. El inicio fue duro: la defensa hacía agua, los rivales técnicamente superiores castigaban cada pérdida y las goleadas en contra se repetían con demasiada frecuencia.
Pero la idea no se tocó. Se ajustó. Se equilibró. Y el equipo empezó a entender hasta el último detalle de un plan que vive del vértigo, la coordinación y la confianza ciega en el compañero.
El resultado más visible de esa evolución llegó, precisamente, contra el rival que había encendido la mecha meses atrás. Brighton arrolló 3-0 a un Arsenal que llegaba invicto y líder, y lo hizo con una lección táctica que dejó a los de Arteta sin aire, sin tiempo y sin respuestas.
Desde el primer minuto, los Seagulls empujaron a los londinenses hacia su propia área con una presión feroz. La línea ofensiva se plantó casi sobre el área de David Raya, cerró líneas de pase simples, rodeó al poseedor con superioridad numérica y forzó una y otra vez el recurso desesperado del balón largo. Cada envío frontal caía en un embudo perfectamente diseñado.
En el primer cuarto de hora, Raya erró tres de sus siete pases. No porque se olvidara de jugar, sino porque Brighton le obligó a elegir siempre la opción menos cómoda: un pase forzado a Jurrien Timber o Riccardo Calafiori, ambos encimados, o un balón dividido hacia la zona del círculo central. Ahí le esperaban los hombres de Hürzeler.
El dato lo resume todo: nueve recuperaciones en el último tercio del campo, la cifra más alta que ha concedido Arsenal a un rival desde aquel Liverpool de diciembre de 2023. En el global de la temporada, Brighton suma ya 35 recuperaciones altas en la Premier League, ocho más que Everton, segundo en ese registro. No es un accidente. Es un sistema.
“¿Puedes confiar en el de al lado?”
Hürzeler, esta vez, no necesitó atacar a nadie en rueda de prensa. Se limitó a subrayar la ejecución casi perfecta de su equipo.
“Lo decisivo fue que cada jugador, cuando iba a un duelo, sentía que tenía a un compañero detrás”, explicó el técnico, orgulloso del funcionamiento coral. “Si uno era superado, el siguiente estaba ahí. La cuestión es: ¿puedes confiar en el de al lado en el campo? ¿Confías en él? ¿Todos saben su rol a balón parado? ¿Estás siempre alerta, en cada situación y en cada momento del partido?”.
Las respuestas, ante Arsenal, fueron todas afirmativas. El marcador también. Con el 3-0, Brighton se colocó con el mejor ataque de la liga: 16 goles en cinco jornadas. Solo el Manchester City de la 2022/23 había arrancado más fuerte en la historia de la Premier, con 19 tantos en ese tramo inicial.
El giro no se limita al frente ofensivo. En ocho partidos oficiales, Brighton ya ha dejado la portería a cero cinco veces. La temporada pasada necesitó el doble de encuentros para alcanzar esa cifra. Hürzeler lo resumió sin adornos: “Lo más importante es no encajar goles atrás”.
Arteta lo vio desde el otro lado de la trinchera. “Desde el primer saque de banda” —admitió— percibió la agresividad de la presión de Brighton. “Los errores técnicos en nuestra propia mitad; no respetamos ninguno de los principios de juego que debes seguir para salir de esos emparejamientos hombre a hombre. Estuvimos defendiendo constantemente”.
Un equipo hecho a medida
Todo este salto competitivo no se entiende sin la mano del mercado. Hürzeler ha ido moldeando la plantilla pieza a pieza hasta ensamblar un grupo que encaja a la perfección en su libreto.
Chema Andres, fichado de VfB Stuttgart poco antes del cierre de mercado, es el ejemplo más claro. Casi dos metros de altura, fuerte en el choque, rápido en la corrección. Un perfil diseñado para ganar los balones largos que se ven forzados por la presión alta y, al mismo tiempo, para ofrecer cobertura cuando la trampa no se cierra a tiempo.
A su lado, Luka Vuskovic, llegado en verano desde Tottenham Hotspur por 55 millones de euros, se ha asentado a una velocidad inusual. En pocas semanas, el ex del Hamburgo se ha convertido en titular indiscutible, una pieza central en la estructura defensiva y en la salida de balón.
Y luego está Pascal Groß.
El ex internacional alemán, que en invierno pasado vio cómo su protagonismo se diluía en Borussia Dortmund, encontró en la costa sur algo parecido a una segunda vida. A sus 35 años, se ha convertido en el epicentro de este Brighton y, contra todo pronóstico, lidera la tabla de goleadores de la Premier tras cinco jornadas: tres goles y cuatro asistencias, por delante de figuras como Erling Haaland o Florian Wirtz.
Ante Arsenal, volvió a aparecer en los momentos clave. Abrió el marcador en el 3-0, en el minuto 31, y asistió a Chema en el 57 para cerrar la noche.
“Me siento muy bien, muy cómodo. Es una buena mezcla de forma física, experiencia y el trabajo con Fabian Hürzeler, un entrenador que me utiliza de una manera que potencia mis virtudes”, explicó Groß en una entrevista con la revista alemana kicker. El mediocampista lo ve claro: el equipo está ejecutando el plan de su técnico casi a la perfección. “Debemos a nuestra presión y a las recuperaciones altas algunos de los goles. En general, creamos muchas ocasiones”.
La clave está en la libertad que ahora tiene en el último tercio. Groß se mueve con licencia para llegar, combinar y aparecer donde más duele. Hürzeler lo definió con una imagen sencilla: “Es como un buen vino. Cuanto más viejo, mejor”. Y fue más allá: el alemán hace “cosas que no se pueden medir cuando está en el campo, pero que vemos cada día en el entrenamiento. Tiene la capacidad de crear cohesión social entre todos nuestros jugadores. Tenemos muchas nacionalidades diferentes, y él entiende todas esas dinámicas”.
No solo dirige el juego. Ordena el vestuario.
Arteta se rinde a la evidencia
Con Brighton lanzado y ya tercero en la clasificación tras su tercera victoria, Hürzeler no necesitó levantar la voz. El partido habló por él. Arsenal cayó justo en la trampa que el alemán había preparado. No encontró soluciones a 90 minutos de presión asfixiante y duelos constantes.
Quien tuvo que dar la cara esta vez fue Arteta. Y lo hizo con un tono muy distinto al de marzo, cuando respondió a las críticas de Hürzeler con ironía y cierto desdén.
“El pasado está ahí, ya pasó. Tengo un enorme respeto por Fabian y por lo que ha conseguido. Lo que está haciendo Brighton como club bajo su mando es sencillamente notable”, reconoció el técnico español, cerrando de facto la “polémica” entre ambos.
Las palabras suenan a reconciliación. El juego, a aviso. Brighton ya no es solo ese equipo valiente que “intenta jugar al fútbol”. Es un rival que domina, que ahoga, que marca y que defiende. Un proyecto joven con un entrenador de 33 años que no se conforma con tener razón en la rueda de prensa.
La próxima vez que se hable de candidatos en la Premier, la pregunta no será si el fútbol de Hürzeler gusta más que el de otros. Será otra mucho más incómoda para el resto: ¿hasta dónde puede llegar este Brighton si sigue jugando así?






