Ben Shelton alcanza su primera final de Grand Slam en el US Open
Ben Shelton no solo ha ganado un partido de tenis. Ha dado un paso de adulto. En el escenario más ruidoso del circuito, frente a un amigo al que llama “hermano mayor” y con estrellas por todas partes en la grada, el estadounidense de 23 años firmó su billete a su primera final de Grand Slam en el US Open 2026. Lo hizo con una victoria madura, contundente y emocional: 4-6, 6-3, 6-3, 7-5 ante Frances Tiafoe.
De promesa eléctrica a finalista
Hace un año, Shelton se quedó en semifinales en Nueva York. Esta vez fue un escalón más alto. Y él mismo tiene claro por qué.
“Creo que he crecido. Soy más maduro, más concentrado. Sé cuál es mi objetivo, sé cuál es mi trabajo aquí, y estoy comprometido al 100 por ciento con esos objetivos”, explicó tras el triunfo.
Su tenis siempre fue explosivo. Lo que ha cambiado es la cabeza. La capacidad de sostener un plan durante más de tres horas en un estadio que distrae a cualquiera, incluso a los que parecen inmunes a la presión.
“No es fácil jugar aquí en Arthur Ashe. Estás delante de todos tus atletas favoritos y estrellas de cine. Mantener la cabeza baja y concentrarte durante más de tres horas no es una tarea fácil. Sigo mirando a la pantalla y pienso: ‘Oh, vaya, Jalen Brunson está aquí’”, admitió, entre sonrisas, el zurdo de servicio demoledor.
Un inicio de golpe y respuesta
El partido no empezó de cara para Shelton. Tiafoe, más suelto en los intercambios iniciales, se llevó el primer set por 6-4 y marcó territorio con su variedad habitual. Desde el fondo, el favorito del público durante tantos años en Nueva York parecía tener el control del ritmo.
Shelton, sin embargo, no se descompuso. Ajustó, apretó con el revés, encontró mejores ángulos con el servicio y empezó a castigar el segundo saque de Tiafoe. El cambio de guion se vio claro en el segundo parcial.
Primero recuperó un 0-2 en contra Tiafoe, que llegó a igualar 3-3 y a inclinar la balanza de nuevo a su favor. El veterano del duelo parecía haber encontrado la ola buena: encadenó juegos, aprovechó errores de Shelton y se adueñó del impulso del partido.
Pero la reacción de Shelton fue de jugador hecho. Rompió de nuevo, aprovechando un error de derecha de Tiafoe, y se colocó 5-4 arriba. Sirviendo para el set, voló hasta el 40-0. Tiafoe arañó un punto, pero terminó entregando el parcial con otra derecha desviada. 6-3 y el duelo, empatado. El joven había devuelto el golpe.
El tercer set, punto de inflexión
A partir de ahí, el encuentro cambió de dueño. Shelton olió la sangre en el tercer set. Apretó la devolución, subió un punto la agresividad y se fue a por el servicio de Tiafoe.
Llegó el juego clave: Tiafoe nunca se encontró cómodo, encadenó dos errores de revés y se vio 0-40. Shelton, con un revés ganador brillante, se fabricó tres bolas de break y remató el asalto con otro revés cruzado imparable. El quiebre cayó del lado del zurdo, que ya mandaba 3-2 y, sobre todo, mandaba en el marcador y en la sensación de control.
El dominio se tradujo en el servicio. Shelton encadenó un juego en blanco, con dos aces enormes, sin dar opción alguna. Tiafoe, descolocado, cometió un error más de derecha. El 5-3 llegó sin que Shelton cediera un solo punto en ese turno de saque. El tercer set, 6-3, ya estaba en su bolsillo y el partido se inclinaba de forma clara.
El cuarto set y una despedida entre hermanos
Quedaba rematar. Y ahí apareció la nueva versión de Shelton: menos impulsiva, más paciente. Tiafoe, orgulloso, se agarró al partido y forzó intercambios largos, intentando estirar la noche en Arthur Ashe. Pero el margen de error se había reducido.
En el tramo final del cuarto set, la tensión se palpaba. Shelton sostuvo su servicio en los momentos calientes y esperó su oportunidad. Cuando el desenlace se acercaba, la presión pesó más en el lado de Tiafoe. El partido se cerró de la forma más cruel para un competidor: con una doble falta.
Shelton no celebró a lo loco. No inmediatamente. Cruzó la red casi al instante para abrazar a Tiafoe en un gesto largo, sincero. Hubo sonrisas, lengua fuera, palabras al oído. Era una victoria enorme, pero también un momento compartido.
“Primero, sobre Foe: es como un hermano mayor para mí, siendo honesto. Cada vez que podemos tomar esta pista juntos, Arthur Ashe, y jugar el uno contra el otro es súper especial”, había dicho Shelton. Y se notó en ese abrazo.
Lo que significaba este partido para ambos quedó claro en sus palabras: “Este es el lugar en el que queremos estar al final de este torneo. Es el torneo favorito de los dos en el mundo, la pista favorita en el mundo. Y poder encender esto delante de ustedes es la mejor sensación que existe”.
Lágrimas contenidas, familia en la grada
Cuando por fin se giró hacia su box, la celebración fue, al principio, casi tímida. Un gesto con el puño, una mirada hacia arriba. Después, al llegar a su equipo, el muro se rompió.
Shelton se lanzó a abrazar a su padre y al resto de su grupo de trabajo en un abrazo enorme, apretado, de esos que resumen años de viajes, derrotas y madrugadas en pistas vacías. En la grada, su novia Trinity Rodman sonreía de oreja a oreja mientras el nuevo finalista del US Open trataba de asimilar lo que acababa de conseguir.
Con su triunfo, el torneo asegura algo que en Estados Unidos se venía esperando desde hace tiempo: habrá un estadounidense en la final masculina del US Open. Y no uno cualquiera. Uno que habla ya como un veterano, pero que juega con la frescura de quien aún está descubriendo hasta dónde puede llegar.
La pregunta, ahora, no es si Ben Shelton está preparado para una final de Grand Slam. La verdadera incógnita es hasta qué punto va a cambiar el mapa del tenis estadounidense si también se atreve a ganarla.






