El Barça gana 2-4 y recibe un aviso de su entrenador
El Barcelona se marchó del Estadio Ciudad de Valencia con los tres puntos… y con un serio tirón de orejas de su propio entrenador. El marcador habla de un 2-4 sólido. El partido contó otra historia.
Durante una hora, el líder pareció jugar a placer. A los cinco minutos, el adolescente Xavi Espart firmó su primer gol con el primer equipo, un derechazo que abrió la noche como un trueno. El chaval apareció donde aparecen los que tienen instinto: en el corazón del área, atacando el espacio, definiendo sin temblar.
El golpe dejó aturdido a Levante y el Barça olió sangre. Raphinha, muy fino entre líneas, armó una jugada de tiralíneas por la derecha y sirvió el 0-2 en bandeja. Lamine Yamal, que ya se mueve por el área como un veterano, solo tuvo que empujar desde muy cerca. Minutos jugados, dominio total, dos goles de ventaja. El guion perfecto.
Yamal, protagonista absoluto
La sensación de superioridad se acentuó nada más arrancar la segunda parte. Penalti para el Barça, balón para Lamine Yamal. El joven extremo no dudó. Ejecutó con frialdad, firmó su doblete y colocó el 0-3 que parecía cerrar la noche antes de tiempo.
Con tres tantos de renta, el partido se inclinó hacia la gestión, no hacia el vértigo. Ahí se vio el cambio de ritmo. El Barça bajó una marcha. Demasiado. La circulación perdió colmillo, las ayudas llegaron tarde, la presión se deshilachó. El marcador seguía cómodo, la sensación ya no tanto.
El error que encendió a Levante
El encuentro parecía dormido hasta que un fallo encendió la mecha. Xavi Espart, impecable hasta entonces, cometió un error en la salida de balón que Levante no perdonó. Ivan Romero cazó el regalo a poco más de diez minutos del final y devolvió a los locales al partido.
El 1-3 levantó al estadio. El Barça, en cambio, se encogió unos metros. La seguridad del primer tramo se convirtió en dudas, en pases horizontales, en miradas hacia el banquillo. Hansi Flick ya preparaba cambios. Uno de ellos, como él mismo admitió después, llegó tarde.
El castigo no se hizo esperar. En el minuto 88, Roger Brugue apareció para poner el 2-3 y encender definitivamente la grada. De la exhibición a la angustia en cuestión de minutos. El líder, acorralado, obligado a defenderse muy cerca de su área ante un rival que ya jugaba con la inercia y el empuje de la desesperación.
Adeyemi apaga el incendio
Cuando el partido ardía y el Ciudad de Valencia rugía en busca del empate, surgió la figura de Karim Adeyemi. El alemán, que había entrado desde el banquillo, se inventó una acción individual de puro talento y determinación.
Recibió, encaró, dejó atrás a tres defensores y definió con la calma de quien ha jugado cien noches como esta. Golazo. 2-4 en el descuento y el suspiro colectivo de un equipo que había complicado un encuentro que tenía encarrilado desde el minuto cinco.
Para Adeyemi, el tanto supone su tercer gol desde su llegada procedente de Borussia Dortmund este verano. Impacto inmediato, minutos de calidad y una sensación clara: cada vez que entra, pasa algo. Su irrupción ya provoca comparaciones inevitables dentro de la propia plantilla.
Flick aprieta pese a la racha
Hansi Flick no se dejó engañar por el resultado. Su discurso tras el encuentro fue tan claro como duro con la relajación de los suyos.
“Fue nuestro mejor inicio, pero en la segunda parte sufrimos un poco. Tenemos que estar más tranquilos con 3-0”, admitió.
El técnico alemán insistió en que sobrevivir a este tipo de partidos debe servir para crecer, pero no dejó pasar la oportunidad de señalar lo que no le gustó: “Tenemos situaciones que debemos hacer mejor. Se lo diremos al equipo y seguiremos hacia el próximo partido”.
También asumió sin rodeos su parte de culpa en el primer gol de Levante. Explicó que retrasó un cambio que ya estaba preparado, y en ese intervalo llegó el tanto de Ivan Romero. “El primer gol fue culpa mía”, reconoció. Una autocrítica poco habitual en los banquillos de élite, pero que encaja con su mensaje: nadie está por encima del nivel de exigencia, ni siquiera el entrenador.
En el análisis general, Flick recordó que la racha de victorias no se explica por una supuesta facilidad del calendario: “Parece que los partidos han sido fáciles, pero no es que hayan sido fáciles, es que hemos jugado bien”. Un matiz que revela su obsesión por el rendimiento, no solo por los marcadores.
Anthony Gordon, bajo la lupa pero con respaldo
Mientras Adeyemi suma goles y elogios, la mirada se posa inevitablemente sobre Anthony Gordon. El inglés, otro de los grandes fichajes ofensivos del verano, sigue sin estrenarse como goleador con la camiseta del Barça.
La comparación es tentadora, pero Flick se encargó de desactivarla. Subrayó que, aunque Gordon aún no ha marcado, su aportación va más allá del área: control de balón, pausa, capacidad para mantener la posesión y dar aire al equipo en campo rival. “Estoy contento, valoro lo que nos da”, insistió el técnico.
El mensaje es claro: el gol llegará, y cuando llegue, debería desbloquear a un futbolista que ya suma en otros registros. Hasta entonces, respaldo público y confianza interna.
El Barça se marchó de Valencia con tres puntos, cuatro goles y una advertencia muy seria de su entrenador. La calidad le alcanza hoy para salir vivo incluso cuando se complica la vida. La pregunta es cuánto tiempo podrá permitirse esos bajones de intensidad cuando lleguen los partidos que deciden títulos.






