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Aston Villa se reencuentra con su mejor versión en Europa

Aston Villa llegó a Brujas con una losa incómoda sobre la espalda: tres partidos de Premier sin marcar, un solo disparo a puerta y demasiadas preguntas para tan pronto en la temporada. Salió del Jan Breydel Stadium con un 3-2 vibrante, un ataque desatado y, sobre todo, una idea clara de cómo quiere golpear en la Champions League.

No fue un triunfo cualquiera. Fue una noche en la que el equipo de Unai Emery se reencontró con su mejor versión: agresivo, vertical, letal al contragolpe.

McGinn abre la puerta

El partido arrancó con un ritmo alto, casi sin presentación. Club Brugge se plantó con valentía, quiso mandar con balón y abrir el campo. Eso, frente a este Villa, tiene un precio.

Al minuto 11, Pau Torres rompió líneas con una conducción poderosa desde atrás, vio el hueco y lo atacó. La pelota acabó en los pies de John McGinn, que no dudó. Control mínimo, golpeo de primeras, interior del pie y el balón besando el rincón inferior izquierdo. Un gesto de futbolista maduro, de capitán que sabe que el equipo necesita algo más que un gol: necesita calma.

Ese tanto no solo inauguró la cuenta del Villa en la temporada. Cambió la energía. El equipo se soltó.

Club Brugge, lejos de encogerse, respondió. Su propuesta ofensiva mantuvo el duelo abierto, casi salvaje por momentos. Y el premio llegó.

Intercambio de golpes en un primer tiempo eléctrico

Al 19, Hugo Vetlesen apareció para imitar la frialdad de McGinn. Recibió, ajustó el cuerpo y cruzó raso al palo contrario. Otro disparo al fondo de la red, otra definición limpia. 1-1 y el estadio encendido.

Pero el Villa, esta vez, no se desmoronó. No hubo dudas ni miradas al césped. Hubo reacción inmediata.

Tres minutos después, al 22, Joao Gomes robó, condujo y desordenó a la zaga local. Su jugada por banda terminó en el lugar perfecto para un segundo rematador. Emiliano Buendia, atento, llegó desde atrás para empujar casi sobre la línea. Gol sencillo en la ejecución, enorme en significado. El 2-1 devolvía la iniciativa a los de Emery y confirmaba que el ataque, por fin, había despertado.

Desde ahí hasta el descanso, Aston Villa olió sangre. Solo en la primera parte, 14 intentos a puerta. Cada pérdida de Brugge era una invitación a correr. Cada transición, un problema para la defensa belga.

El tercer golpe llegó justo antes del descanso y llevó el sello de un fichaje que necesitaba este momento.

Pau Torres, otra vez, lanzó largo. Nicolas Jackson atacó el espacio como más le gusta: al límite del fuera de juego, espalda de los centrales, carrera limpia hacia el área. Llegó antes que Yann Sommer, ganó el duelo y definió a puerta vacía. Primer gol con la camiseta del Villa para el delantero, fichaje récord por 65 millones de libras, y un 3-1 que hacía justicia al vendaval ofensivo inglés.

El sufrimiento tras el descanso

La segunda parte cambió de tono. No de intensidad, pero sí de guion. Con el marcador en contra, Club Brugge se volcó. El partido se jugó más cerca del área de Villa, y la zaga inglesa tuvo que demostrar algo más que talento con balón: carácter.

El punto de inflexión llegó pasada la hora de juego. Centro, disputa en el área y mano de Aaron Wan-Bissaka. El árbitro, tras revisar en el monitor a pie de campo, señaló penalti. Nicolo Tresoldi no perdonó desde los once metros al 61. 3-2 y media hora por delante en un estadio que olía a remontada.

El empuje local se multiplicó. Emery reaccionó con tres cambios antes de defender un córner. La decisión no evitó el susto: en el 69, un cabezazo de Tresoldi fue desviado por el portero Suzuki contra el poste. El sonido del balón golpeando la madera fue casi un aviso: el partido no estaba cerrado.

Villa, que había sido un vendaval al contragolpe en el primer tiempo, se vio obligado a resistir. Bloque bajo, líneas juntas, piernas pesadas. Pero no renunció a matar el encuentro cuando tuvo ocasión.

Al 82, Bogarde estuvo a punto de firmar la sentencia. Su disparo superó al portero, pero un defensor apareció sobre la línea para mantener vivo a Brugge. Otro recordatorio de que, pese a la brillantez ofensiva, este equipo todavía debe aprender a cerrar partidos con más frialdad.

El plan Emery: poco balón, muchos golpes

Los números del partido explican bien el nuevo rostro del Aston Villa europeo. Solo un 35% de posesión, pero 21 disparos totales, nueve de ellos a puerta. No se trata de controlar, sino de castigar.

La idea es clara: defender con orden, robar y salir como una flecha. Nicolas Jackson atacando los espacios, Buendia aportando pausa y último pase, McGinn protegiendo el balón y lanzando transiciones, y George Hemmings desbordando por la otra banda. Un frente de ataque construido para correr, no para dormir el juego.

En Brujas, ese plan funcionó. El rival dejó metros a la espalda y Villa los devoró. La cuestión ahora es si Emery se atreverá a trasladar este libreto a la Premier League, donde no todos los equipos conceden tanto campo y tantas facilidades.

Lo que sí parece indiscutible es que el técnico ha encontrado una base competitiva: un equipo capaz de sufrir sin descomponerse, de responder al golpe con otro golpe, de hacer daño con muy poco balón.

Un paso adelante que sabe a punto de partida

Emery lo definió como “otro paso adelante” y no es una frase vacía. Tras los tropiezos iniciales en liga, la victoria en Brujas se siente como algo más que tres puntos en la fase de grupos de la Champions League. Es un mensaje interno.

Los veteranos asumieron su responsabilidad, los nuevos respondieron en un escenario exigente y el equipo mostró algo que se había echado de menos en las primeras jornadas: resiliencia. Cuando Brugge apretó, cuando el estadio rugió, cuando el 3-1 se convirtió en 3-2 y el partido se volvió una prueba de nervios, el Villa no se rompió.

McGinn lo resumió con la naturalidad de quien entiende el contexto: había que “mostrar una actuación con garra” en un campo duro, con clima adverso y un rival que “empujó y empujó”. Lo hicieron.

El Villa que no encontraba el gol en Inglaterra se desató en Bélgica. El equipo que dudaba de sí mismo descubrió que, con este plan de contragolpe feroz, puede competir de tú a tú en Europa.

La pregunta, ahora, no es si esta noche en Brujas fue un alivio. La verdadera cuestión es si dentro de unos meses miraremos este 3-2 como el partido que encendió, por fin, la temporada de Aston Villa.